Una investigación del CEU Elche examina cómo los tratamientos inmunosupresores en pacientes con COVID-19 pueden aumentar el riesgo de bacteriemia en unidades de cuidados intensivos

Comprender cómo prevenir las infecciones en pacientes críticos es una prioridad constante para los equipos sanitarios. En este contexto, una investigación desarrollada por el Grupo de Investigación en Farmacia y Nutrición Clínica del CEU UCH en Elche —en colaboración con el Hospital General Universitario Doctor Balmis de Alicante— ha ofrecido nuevas evidencias sobre los factores que aumentan el riesgo de bacteriemia asociada a catéter venoso central (BACVC), una de las infecciones nosocomiales más frecuentes en las unidades de cuidados intensivos.
El estudio ha sido publicado recientemente en la revista científica Enfermería Intensiva y se basa en el análisis de 466 pacientes adultos ingresados en la UCI con catéteres venosos centrales durante todo el año 2022. Entre sus principales hallazgos, el equipo ha detectado que dos variables elevan de forma significativa la probabilidad de que los pacientes desarrollen esta infección: el uso de fármacos inmunosupresores y el número total de catéteres insertados.
Uso de inmunosupresores: factor clave en pacientes COVID-19
Una de las conclusiones más destacadas del trabajo es la asociación directa entre determinados tratamientos inmunosupresores —como la dexametasona y la prednisona— y el aumento del riesgo de bacteriemia. Esta relación cobra especial relevancia en el contexto de la pandemia, ya que este tipo de fármacos ha sido empleado habitualmente en pacientes diagnosticados con COVID-19.
Aunque el estudio no encontró una relación significativa entre el diagnóstico de SARS-CoV-2 y la infección por catéter, sí identifica un patrón preocupante: el riesgo se incrementa cuando estos pacientes reciben inmunosupresores. Este hallazgo apunta a la necesidad de revisar los protocolos clínicos y evaluar con mayor precisión el equilibrio entre beneficio terapéutico y posibles complicaciones infecciosas.
El análisis estadístico llevado a cabo por el equipo investigador también señala que el número de catéteres venosos centrales insertados a un mismo paciente es otro de los factores que aumenta significativamente la posibilidad de infección. En este sentido, el trabajo refuerza la importancia de valorar la necesidad de cada nueva inserción y de apostar, siempre que sea posible, por dispositivos menos invasivos como los catéteres centrales de inserción periférica (PICC), que se han mostrado más seguros en términos de prevención de BACVC.
Investigación aplicada a la mejora de protocolos clínicos
El estudio se enmarca en una línea de investigación orientada a mejorar la seguridad del paciente en entornos de alta complejidad clínica. Las investigadoras responsables —Esther Mancheño-Maciá, Beatriz Muñoz-Sánchez, Inés González-Sánchez, Vanesa Escudero-Ortiz y Marina Leal-Clavel— forman parte del Grupo de Investigación en Farmacia y Nutrición Clínica del CEU UCH, con sede en el Campus de Elche. Inés González-Sánchez, además, compagina su labor investigadora con la práctica clínica en el Hospital Doctor Balmis, donde se ha realizado la recogida de datos.
Entre las implicaciones prácticas del trabajo, las autoras subrayan que los resultados pueden utilizarse para ajustar y actualizar los protocolos preventivos en UCI, particularmente en pacientes que requieren tratamientos inmunosupresores. También refuerzan el valor de programas como «Bacteriemia Zero», cuya aplicación continuada en 2022 ha contribuido a mantener tasas de infección relativamente controladas, pero que deben seguir adaptándose a nuevas evidencias.




