Las 18 fisioterapeutas de la novena promoción comenzaron el curso en clínicas generalistas y lo han terminado trabajando en consultas y unidades especializadas, tras formarse con pacientes reales


Las dieciocho fisioterapeutas que el pasado sábado se graduaron en la novena promoción del Experto en Reeducación del Suelo Pélvico del CEU iniciaron el curso desde un punto profesional parecido: todas trabajaban en clínicas generalistas y buscaban ampliar su campo de intervención. Diez meses después, el recorrido había cambiado. El cien por cien desarrolla ya su actividad específicamente en suelo pélvico; algunas se han incorporado a unidades especializadas dentro de sus centros y otras han puesto en marcha consultas o proyectos propios. La graduación cerró, por tanto, una etapa formativa y confirmó un cambio de orientación profesional que se había producido antes incluso de terminar el programa.
“Todas las alumnas comenzaron trabajando en clínicas de fisioterapia más generalistas y el cien por cien ha terminado el Experto trabajando específicamente en esta área”, explica Cristina Salar, codirectora del título junto a Cristina Orts. Para ambas, este tránsito no depende únicamente de aprender técnicas nuevas, sino de adquirir criterio para valorar a cada paciente, relacionar síntomas y antecedentes y decidir qué intervención resulta adecuada. A medida que avanzó el curso, las participantes pudieron trasladar lo aprendido a sus centros de trabajo y asumir casos que al comienzo no abordaban de forma específica.
Pacientes reales antes de trabajar en solitario
La práctica clínica ha sido uno de los ejes de esta edición. Durante el curso, las alumnas han realizado valoraciones, exploraciones y propuestas de tratamiento con pacientes reales y bajo supervisión. Esto les ha permitido comprobar que una misma disfunción puede responder a causas distintas y que el tratamiento no se reduce a aplicar una técnica de forma aislada. Además, han tenido que explicar sus decisiones, revisar la evolución de los casos y modificar el planteamiento cuando la respuesta del paciente lo requería.
Salar resume esa transición desde el aprendizaje hacia la consulta: “Es un Experto muy práctico. Haber visto pacientes reales les da seguridad para trasladar después lo aprendido a la clínica y evita que se sientan solas cuando tienen que enfrentarse a un caso”. Esa experiencia previa no elimina la necesidad de continuar formándose, pero sí proporciona un primer marco de actuación. Antes de atender por su cuenta, las fisioterapeutas ya han pasado por la anamnesis, la exploración, el razonamiento clínico y la planificación terapéutica que después deberán aplicar en su actividad diaria.
Una especialidad que abarca más perfiles y problemas
El suelo pélvico se ha asociado durante años al embarazo, el parto, el posparto y la incontinencia urinaria femenina. “Sin embargo, la práctica clínica incluye hoy a pacientes de diferentes edades y contempla disfunciones urológicas, ginecológicas, coloproctológicas y sexuales, además del dolor pélvico crónico, las alteraciones masculinas o las necesidades derivadas de procesos neurológicos y oncológicos”, plantea Salar. Y es que para Cristina Orts “esta región muscular interviene en funciones esenciales del organismo y, pese a ello, ha recibido históricamente menos atención dentro de la medicina general”.
Por este motivo, el programa se revisa cada año para incorporar actualizaciones relacionadas con el complejo abdominopélvico. La formación incluye ecografía, neuromodulación percutánea, electroterapia, ejercicio terapéutico, control motor y terapia manual, pero el objetivo no es sumar procedimientos. Las codirectoras insisten en que “cada herramienta debe responder a una valoración previa y a la evidencia disponible. Así, las alumnas aprenden cuándo puede resultar indicada y cómo combinarla con otras intervenciones dentro de un plan adaptado a cada caso”.
Un claustro conectado con la práctica clínica
La actualización del programa se apoya también en un claustro que combina profesorado del CEU con especialistas externos. Entre ellos se encuentran Mikel Amostegui, en gestación, posparto y disfunciones coloproctológicas; Marta Torres, en fisiosexología; Joana Daponte y Luis Gadea, en disfunciones masculinas; María Torres Lacomba y Mónica de la Cueva, en paciente oncológico; o Sonia del Río y Yolanda Noguera, en técnicas invasivas, acupuntura y abordaje neurológico.
También participan Fran Ortega y Rita Paiva en ecografía y neuromodulación; Enrique y Sergio Montero en dolor pélvico crónico y terapia manual; y Laura Fluxá y el equipo de Crys Dyaz en actividad física terapéutica y control motor. “Hemos traído a profesores que son referentes internacionales en las diferentes áreas de conocimiento”, señala Salar. La intención, no obstante, apunta Orts, “es relacionar anatomía, valoración, tratamiento, ejercicio e investigación para que el alumnado pueda interpretar cada caso de manera conjunta”.
Nueve promociones y una nueva etapa profesional
La novena promoción concluye con dieciocho fisioterapeutas ya vinculadas profesionalmente al suelo pélvico, asegura Salar. “Y es que, algunas han ampliado la cartera de servicios de las clínicas en las que trabajaban; otras se han incorporado a consultas especializadas o han creado nuevas unidades. En todos los casos, el cambio se ha producido durante el propio curso y no como una expectativa posterior a la graduación”.
El acto celebrado el sábado puso fin a la etapa académica, pero para Salar y Orts “abre el siguiente paso: aplicar en la consulta lo aprendido ante pacientes con perfiles, síntomas y necesidades diferentes”. Para las dos directoras de este título, “la evolución del programa continuará en próximas ediciones conforme cambien la evidencia científica, las herramientas de valoración y las demandas asistenciales”.




