Enviado especial en Madrid: Borja Gregori / Imágenes: EFE-J.J.Guillen
El dicho español lo dice claro, tres jueves brillan más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Pues esta vez, no ha sido un jueves, sino el domingo. En el contexto de la celebridad de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, el Papa León XIV, ha presidido en la céntrica plaza de Cibeles la festividad en la que también han estado presentes los reyes de España.
De hecho, sus primeras palabras lo dejaron claro. “Con el corazón colmado de alegría, al inicio de este Viaje a España, presido esta Celebración en el día de la Solemnidad del Corpus Christi”, ha comentado el pontífice quien ha incidido ante la multitud congregada en torno a la diosa Cibeles que se han reunido en torno a la Eucaristía, “el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros”.

En ese mismo contexto, el pontífice ha señalado que el Señor presente en el pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. “Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”, comentó el santo padre.
También, ha querido destacar las procesiones que este domingo se multiplican en todo lo ancho y largo de la geografía española en torno al Corpus Christi y que han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español. “Aún hoy expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país, también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos”, ha afirmado León XIV.
Así mismo, el Santo Padre ha destacado que Jesús camina por las calles en esta fiesta universal, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. “El Cristo que pasa por las calles en custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad”, ha asegurado el Papa León, quien también ha pedido para que los presentes dejen de sacar el egoísmo, la indiferencia, y tener una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada.

Por otro lado, también ha encomendado a la España de hoy y de mañana: “Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”, ha exhortado un León XIV, que también ha recordado al místico san Juan de la Cruz con unos versos poéticos: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche»
Por último, ha pedido, “beber de nuevo de la fuente eucarística que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza”. “La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos. Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país”, ha concluido en su homilía.
Los fieles esperan al Papa, desde el amanecer, en plaza Cibeles
Domingo, cinco y cuarto de la mañana. Si a cualquier persona le preguntas qué hace a esa hora, existen tres grandes probabilidades: la gran mayoría dirá que está durmiendo; otros, que se marchan a trabajar; y otros tantos, que vuelven de fiesta. No obstante, este domingo ha sido especial: Madrid no ha dormido.
Desde primeras horas, cientos de miles de feligreses esperan al Santo Padre para su segundo acto multitudinario: la misa de Cibeles. Desde Sol, pasando por la plaza de Neptuno, hasta llegar al paseo de la Castellana y Recoletos, todos tenían a esas horas un mismo objetivo: acercarse lo máximo posible a Cibeles, donde a las 10 de la mañana se celebrará la eucaristía.

Con las primeras luces del día, el centro de Madrid comenzaba a llenarse de banderas, mochilas y cánticos. El silencio habitual de un domingo de madrugada fue sustituido por rezos, aplausos y conversaciones entre grupos llegados de distintos puntos de España. La espera, lejos de hacerse pesada, se vivía con ilusión y con la emoción propia de una jornada histórica.
Pese a ese objetivo, los miles de fieles han tenido que pasar varios controles de seguridad para evitar cualquier problema o imprevisto. Llegar era la meta, pero, ante la gran cantidad de personas congregadas, también se han dispuesto decenas de pantallas alrededor de las calles y plazas próximas a Cibeles para que nadie se quede sin seguir la celebración.
Mientras los asistentes trataban de encontrar el mejor sitio, voluntarios y cuerpos de seguridad organizaban los accesos, resolvían dudas y guiaban a los fieles hacia las zonas habilitadas. La coordinación era clave para que una concentración de tal magnitud avanzara sin incidentes y para que todos pudieran vivir la misa de la forma más cercana posible.

La emoción ya está a flor de piel. Alrededor de Cibeles se escuchaban los ya típicos gritos de “¡Viva el Papa!” o “León, amigo, España está contigo”. No obstante, no solo los feligreses esperan desde primera hora de la mañana. “Llevamos despiertos desde las cinco. Ayer nos acostamos muy tarde y hemos llegado sobre las seis de la mañana”, comentaba un grupo de jóvenes voluntarios.
Entre los asistentes se mezclaban familias enteras, jóvenes con camisetas identificativas y personas mayores que aguardaban apoyadas en las vallas. Muchos habían dormido pocas horas, pero coincidían en que el cansancio quedaba en un segundo plano ante la posibilidad de ver de cerca al Santo Padre y participar en una celebración que, para ellos, será difícil de olvidar. De hecho, uno de los ejemplos más virales han sido los voluntarios de la Asociación caritativas bocata que han ido recogiendo a personas sin hogar para ir a ver al Papa y darles de comer a todas las personas que se han encontrado rumbo a Cibeles. Madrid amaneció antes de tiempo. Y no lo hizo con prisas ni con sueño, sino alzando la mirada y con miles de voces esperando un mismo momento.



