Enviado especial en Madrid: Borja Gregori / Imágenes: EFE-J.J.Guillen
Quien diga que la Iglesia está muerta, miente. Alrededor de 1.200.000 personas, según la organización, han desbordado las calles de Madrid para la Eucaristía y la procesión del Corpus Christi, presididas por León XIV. De hecho, la Policía tuvo que cerrar los accesos al paseo de la Castellana por el este y el oeste tras alcanzarse el aforo previsto.
La procesión del Corpus Christi, en la que estaban presentes varios agentes de la Guardia Suiza del Vaticano, ha recorrido la calle de Alcalá hasta la iglesia de San José para regresar posteriormente hacia Cibeles junto al Papa. Durante la homilía, León XIV ha recordado que Cristo, que pasa por las calles en la custodia, es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y los desamparados.

Durante el trayecto, niños y jóvenes han lanzado flores al paso de la procesión, reafirmando con sus gestos que, en efecto, Jesucristo ha resucitado. Las calles, abarrotadas desde primera hora de la mañana, han acompañado el recorrido entre cantos, aplausos y momentos de silencio.
No obstante, si por algo se caracteriza la procesión del Corpus Christi es por la presencia de los niños que han tomado la Primera Comunión. Encabezando el acto, una decena de niños y niñas vestidos de comunión han recorrido parte del trayecto junto al Papa. También han procesionado diáconos, laicos, cardenales, arzobispos y obispos. De hecho, el Papa, tras impartir la bendición y durante el último cántico, ha demostrado que él también es humano y se ha emocionado con los diferentes cantos y aplausos de los fieles.

Por su parte, los voluntarios más cercanos al recorrido tampoco han querido perderse el acto y se han arrodillado al paso del Cuerpo de Cristo. La imagen, repetida en distintos puntos del recorrido, ha dejado una de las escenas más emotivas de la jornada: jóvenes que, después de horas de trabajo y organización, se detenían unos segundos para vivir el momento en silencio, tal y como pidió el Papa durante la Vigilia de ayer.
En ese sentido, dos jóvenes voluntarias, María Margot y Lucía, han comentado que, al ver al Papa y el paso del Corpus Christi, han sentido paz. “Hemos tenido la suerte de estar en primera fila durante la procesión y hemos sentido tranquilidad. Es una sensación muy rara”, explicaban ambas. También, han destacado que es muy gratificante ver a tantos jóvenes que han sentido la llamada para ayudar como voluntarios, demostrando que, efectivamente, la Iglesia no está muerta.



