Del cielo al infierno: el cambio del Levante UD que ha culminado con su descenso

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Un análisis de Inés F. Miró / Imágenes: Levante UD

Entre decisiones financieras, pérdida de talento y un proyecto desmantelado, el club granota ha certificado su descenso a segunda división por primera vez en su historia tras haber sido uno de los equipos más influyentes del fútbol español

De rozar el cielo jugando en la máxima competición europea y ser uno de los clubes más influyentes del fútbol español, a certificar, a falta de tres jornadas para el final de la Liga F, su descenso a Primera Federación por primera vez en su historia. El cambio en el Levante UD en estos últimos tres años es absoluto y el final, aunque esperado por cómo estaba la situación (son colistas con tan solo 8 puntos de 81 posibles), deja una herida abierta. Primero fue Villarreal, el año pasado el València CF y, como si fuera necesario seguir la tendencia, ahora llega el turno del club blauragrana. Las lágrimas en la cara de las jugadoras son el reflejo de haberlo dado todo y, a pesar de ello, no haber conseguido el objetivo, y la situación deja una pregunta: ¿qué ha ocurrido o dejado de ocurrir para que esta sentencia fuera inevitable?

Desde su fundación en 1998 tras absorber al club San Vicente Valencia (creado en 1993), el Levante fue mucho más que un equipo competitivo para el fútbol femenino. De hecho, fue el primer equipo español en jugar la competición europea. Es sinónimo de historia, de creer y lo era de confiar en un proyecto, y así lo demuestra su palmarés: cuatro títulos de Liga (1996/97, 2000/01, 2001/02, 2007/08), seis Copas de la Reina (2000-2007) y dos Supercopas de España (1997/98, 2000/01).

Sin embargo, ahora, cuando el fútbol femenino está en su mejor momento y cada vez se apuesta más (muestra de ello que la Quiniela contará con cuatro partidos de la Liga F de forma permanente), aquel equipo adelantado a su tiempo, el que irrumpió cuando muchos aún no entendían que las mujeres podían jugar al fútbol, dice adiós a la máxima competición. Pero el declive de la sección no responde a un único error, sino a un cómputo de renuncias: recortes, salidas traumáticas, ventas sin reinversión y una política institucional que ya no parece dispuesta a sostener un proyecto que fue mucho más que un equipo de fútbol.

El inicio del declive

El punto de partida del declive es, paradójicamente, uno de los momentos más brillantes del Levante UD a nivel deportivo. Entre 2019 y 2021, el equipo firmó tres terceros puestos consecutivos en la Liga F y volvió a jugar la fase previa de la UEFA Women’s Champions League más de una década después de la mano de Maria Pry. Aquel éxito tenía nombres propios, entre ellos el de Esther González que cerró la temporada con 29 goles y el reconocimiento de ser la segunda máxima artillera de la competición. Pero el triunfo escondía un problema: la incapacidad para retener talento. La marcha de la entrenadora y la de jugadoras importantes como Claudia Zornoza, Estefania Banini, Rocío Gálvez y la propia Esther González, fue la primera grieta visible de un proyecto que no podía blindar a sus mejores futbolistas.

La temporada 2021/2022, en la que el club quedó sexto en la clasificación, lo confirmó, y el verano posterior llegó el segundo terremoto con un éxodo masivo de hasta doce futbolistas, entre ellas internacionales como Eva Navarro y Fiamma Benítez o Sandie Toletti y Aldana Cometti, que abandonaron la entidad tras finalizar contrato sin dejar retorno económico.

Reducción del presupuesto de la sección

A pesar de la sangría, las granota firmaron un nuevo tercer puesto en la 2022/2023 y volvió a clasificarse para la Champions, pero no se reforzó el proyecto. En diciembre de 2023, el consejero delegado del club, José Danvila, anunció una reducción “imperativa” del presupuesto del femenino para contribuir al saneamiento global de la deuda -superior a 100 millones de euros- y al objetivo de ascender al equipo masculino que era “la prioridad”. “El femenino vamos a sostenerlo en la medida que podamos y con la estructura que podamos”, afirmó Danvila.

Las reacciones al anuncio no tardaron en llegar. La más destacada fue la del entrenador por aquellos momentos, José Luis Sánchez Vera: “Pues hasta aquí hemos llegado…”. También se pronunció Maitane López, ex jugadora granota: “No puedo creer que vayan a recortar en la sección que te ha dado, desde siempre, prestigio y buena imagen”.

Falta de inversión

El golpe definitivo llegó en enero de 2024 cuando en plena ventana de invierno la delantera colombiana Mayra Ramírez fue traspasada al Chelsea por 450.000 euros fijos 50.000 euros de variables, lo que se convirtió en el traspaso más caro del fútbol femenino. El club celebró la operación, pero no hubo reinversión. La plantilla se quedó sin su referencia ofensiva y sin sustituta.

La marcha de Mayra fue el aviso y el verano de 2024 se convirtió en la ruptura definitiva. El equipo perdió, un año más, a sus figuras más determinantes: Alba Redondo y María Méndez, ambas con destino al Real Madrid. También Silvia Lloris, Antonia Silva, Andonova y Paraluta, y la Liga F, cada vez más profesionalizada, no perdona esas grietas. El proyecto dejó de aspirar a competir por Europa y pasó a gestionar una emergencia. Con todo esto, solo había un resultado posible, por mucho que duela y suponga una herida enorme en el fútbol femenino español.

La caída del Levante UD no es fruto del azar, sino una suma de errores y decisiones que no se podía solucionar solo con el rendimiento deportivo de las jugadoras en el campo. El año que viene el club blaugrana jugará en Primera División e inicia una nueva etapa, y se debería hacer balance y autocrítica si el objetivo es devolver al equipo a la máxima categoría.