Un reportaje de Aitana Domenech / Imágenes: LOS40 – SER Comunicación
La joven locutora mallorquina Aitana Jerez no llegó a la radio por contactos ni por recomendación, llegó por intuición. Mientras estudiaba gestión hotelera entendió que su sitio no estaba ahí, sino delante de un micrófono. Sin familia ni amigos en el sector, empezó desde cero: un curso online, un micrófono y muchas horas de práctica. Hoy, esa apuesta la ha llevado a convertirse en una de las voces de LOS40 Urban.
Su historia tiene algo de salto al vacío y mucho de determinación. Ese fue uno de los ejes de su intervención en ‘Punto y Comunica’ —el congreso para estudiantes de comunicación— donde participó en una mesa redonda centrada en el futuro del periodismo. Allí dejó una idea clara: entrar en medios no responde a una sola fórmula: “es un mix de todo, pero si lo pongo en un ranking del uno al tres: primero, la actitud; segundo, la suerte, y tercero, el talento”.
No es una frase lanzada al aire. Jerez sabe bien de lo que habla. Su oportunidad llegó al presentarse a un concurso de LOS40 donde destacó entre más de 300 aspirantes, muchos con trayectorias consolidadas. ¿La diferencia? “La personalidad, el carisma, ser abierta”, explicó al público. Y también algo menos controlable: “estar en el momento exacto”, apostilló. Actitud y suerte empujando en la misma dirección.
Esa irrupción temprana le ha permitido detectar una carencia estructural en la radio: la falta de relevo generacional. Jerez es la locutora más joven de la cadena en un ecosistema donde la distancia de edad entre profesionales es notable. “El siguiente más joven es Karin Herrero, con 32 años, y después hay una diferencia de unos diez años más”, señaló. Más que una anécdota lo apuntó como un síntoma: una brecha que obligará a abrir la puerta a nuevas voces.
Mientras tanto, ella ya está dentro. Y los números, de momento, acompañan. “Desde que he llegado la audiencia ha crecido y cada EGM va a más”, aseguró. Aunque marca distancia con esa presión constante: prefiere no trabajar pendiente de las cifras. Una forma de proteger el criterio propio en un entorno donde todo se mide.
El equilibrio entre presente y futuro también atraviesa su visión del oficio. En un momento en el que los creadores de contenido ocupan cada vez más espacio, Jerez lo tiene claro: “El periodista del futuro será más narrador”. A su juicio, no será más técnico, ni más personaje, sino alguien capaz de contar mejor y aportar algo distinto.
Instalada en Madrid donde continúa con sus estudios, también es consciente de la realidad del sector. Los sueldos, reconoce, hacen difícil sostenerse en una ciudad como Madrid. “Son pocos los que cobran bien, pero los que lo hacen, cobran muy bien”. Una desigualdad que no disimula, pero que tampoco frena su ambición. Porque si algo atraviesa todo su discurso es una idea clara: “Hay que apuntar alto”. No es una consigna vacía, sino una condición necesaria, según Jerez, para entrar, quedarse y, sobre todo, abrir camino a los que vienen detrás.





