Monseñor Argüello, en el Congreso CEU-CEFAS: «No debemos caer en la fácil tentación de adecuarse a los demás»

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Información e imágenes: Lucía Valderrama

La conferencia de clausura del III Congreso CEU-CEFAS en la UCH, celebrado bajo el título “(Des)arraigo”, ha sido protagonizada por Monseñor Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid. Su conferencia estaba titulada: “Culto, cultivo, cultura: órdenes (y desórdenes) de la ciudad”, en la que ha expuesto las razones por las que el ser humano es en sí un ser cultural y ritual.

Monseñor Argüello entiende que la antropología, «es hoy el centro de la cuestión social, aunque también lo es Dios: la secularización ha terminado”. A partir de esa afirmación inicial, ha explicado que la cultura y la naturaleza son inseparables porque, de hecho, “nuestra propia concepción es un acto cultural y natural: el abrazo de los esposos” que crea una nueva institución -la familia- que dura para siempre. Por eso, frente al desarraigo, ha explicado, hay que hacer un elogio de la alianza: “no debemos caer en la fácil tentación de adecuarse a los demás”, refiriéndose al contexto actual.

Durante la exposición, ha realizado un recorrido por los diferentes concilios de la Iglesia hasta llegar al último, el Concilio Vaticano II celebrado en 1965, cuando se institucionaliza el catecumenado y diferentes formas de vida laicas. La razón es no caer en el fundamentalismo de la fe, sino que debemos entender que es Dios el que ha realizado una alianza con nosotros para compartir la misma vida e integrarlo en nuestra cotidianeidad para, a su vez, integrarlo e inaugurar nuevas relaciones, participando de la gracia de Jesucristo.

Ante el problema de la secularización, monseñor Argüello ha explicado que es posible la convivencia: “el drama de los nuevos cultos es el elogio del individuo y su autosuficiencia e independencia”. Por eso, ha afirmado que el hombre es un ser cultural y ritual, porque el culto -incluso el secular- ofrece un tipo de relaciones nuevas que tienen la capacidad de generar un ambiente distinto. Hoy ese ambiente es el Estado pero, sin embargo, no nos lleva a la plenitud, porque “no es de este mundo, sino que lo llevamos como anhelo en el corazón”.

Para concluir, ha afirmado que la forma de construir la ciudad es una forma siempre en esperanza: en gérmenes y diseños de una economía, una forma política y expresiones culturales nuevas, pero siempre en la fragilidad, “porque la plenitud pide acoger a todos los hombres de todos los tiempos”. Y ha cerrado con su lema: “ven luz de los corazones para que esos corazones respondan al desafío del tiempo”.