Informa: Lucía Valderrama / Imágenes: Lucía Valderrama y CEU UCH
El aula magna del edificio Luis Campos Górriz ha acogido este martes la primera jornada del III Congreso CEU-CEFAS bajo el título “(Des)arraigo”. Una sesión en la que se exploraron cuáles son las raíces de nuestra sociedad: el amor, la familia, las artes, el cuidado… y qué ha ocurrido con ellas. “El congreso tiene como razón ir a las raíces de la humanidad que provocan el arraigo”, afirmó Higinio Marín.
Inaugurado por el rector de la universidad, Higinio Marín, y por el director de CEFAS, Elio Gallego, se recordaron los anteriores congresos celebrados también en la universidad: “Las fronteras del Bien Común” y “El retorno de lo sagrado”. El rector expuso las razones por las que es pertinente tratar la cuestión del desarraigo, “hoy, las sociedades contemporáneas han generado una ciudadanía abstracta sin antecedentes, sin genealogía, incluso sin edad. En sí, sin dependencia alguna que ha llevado a un predominio abusivo”. A ello, Elio Gallego ha añadido que el enraizamiento “es la mayor enfermedad de nuestro tiempo” y que va creciendo. Y citando a Rafael Gambra: “sólo dos cosas parecen faltar en el horizonte humano vital, y una de ellas es el arraigo del destino que cada uno de nosotros se juega”.

La primera ponencia la protagonizó el filósofo y escritor Fabrice Hadjadj, bajo el título “Una vuelta a la realidad: la vida comunitaria”. En ella, Hadjadj, con gran esfuerzo por hablar en español, ha expuesto las formas de arraigo y las formas de estar en el mundo, que en general se definen en el cuidado de la naturaleza y el cultivo como formas de conectar con la realidad. “Al recibir por bondad, sólo nos queda como respuesta el cuidado con bondad”, afirmó.
Mesa redonda: “Pasiones sin objeto. La soledad del hombre moderno”
La segunda ponencia se ha tratado de una mesa redonda en la que han participado Eduardo Ortiz Llueca, profesor de la Universidad Católica de Valencia, y Feliciana Merino, profesora de la UCH CEU en Elche. La mesa fue moderada por el profesor de DSI en la UCH Alfonso Martínez-Carbonell.
En ella se reflexionó sobre la importancia del amor, de cualquier tipo, al ser la primera experiencia y el telos (el fin) que esperamos. “El amor es luz, en absoluto es ciego, como muchas veces se ha afirmado”, afirmó Ortiz Llueca. Para vivir un correcto orden de amores, y poder encontrar nuestros arraigos, es necesario preguntarse cuál es nuestro primer amor, el que está en la cima de todos ellos (porque, han explicado, el amor es siempre jerárquico), el cual condiciona a todos los demás.

También abordaron la soledad: “no es una condición natural, sino la consecuencia amarga de una fractura que lleva a la sociedad a separarse de su telos”, ha afirmado Feliciana. La soledad es, en realidad, un orden impuesto, es un desgarro que ha fracturado el fundamento de la sociedad y que no permite encontrar la satisfacción perpetua. “Es un castigo”, ha sentenciado. Para resolver el tema del arraigo, es necesario, han concluido, volver a la raíz, como antes también había explicado Hadjadj: “la raíz es verdadero sentido al encuentro”. Y han concluido con palabras de esperanza: “ninguna soledad es definitiva si esperamos en el amor”.
Jorge Freire: “El extrañamiento como sistema”
Para terminar la primera mañana del congreso, ha participado en una conferencia Jorge Freire, filósofo y escritor, presentado por el profesor de la UCH Enrique Anrubia, y en la que ha hablado sobre qué significa ser un extrañado. Lo ha definido como “el que está fuera de lugar, sin limitarse a un contexto concreto sino como sentimiento universal”. El problema del desarraigo, ha expuesto, es el desencantamiento del mundo: “ha perdido el sentido, es necesario mantener el misterio”. Con ello, ha hecho un recorrido por el problema de la salud mental: “no es sólo una cuestión psicológica, porque puede ser un epifenómeno de la soledad no deseada provocada por el destejimiento de los lazos familiares por la negación de la dependencia”. Esto se debe a que el ser humano es un ser comunitario, y la soledad, en realidad, nunca es deseada, como ya se había explicado en la anterior mesa redonda.

Para entender la gravedad del desarraigo comunitario, y sobre todo el de la familia como principal, lo ha ejemplificado con las distopías. “En Un mundo feliz de Aldous Huxley, la palabra padre es una grosería porque en un poder dictatorial lo que se desea es que no haya intermediarios”. A raíz de esa afirmación ha comenzado con la explicación de que el Estado sólo engorda cuanto más se amplía la esfera del individuo: “a más derechos, más Estado necesario para garantizarlos”. También ha expuesto el problema de la soledad y su relación con las redes sociales: es paradójico porque, “aun estando en la era de la comunicación, cada vez estamos más cerrados y sentimos que nadie está dispuesto a escucharnos”.
Sin embargo, para terminar con su intervención, ha explicado que, en realidad, ser un extrañado no tiene por qué ser un problema, puede ser incluso una virtud. Y, citando al patrón del CEU, ha afirmado que “no ser actuales es la suerte de haber nacido en nuestro tiempo: no seas hijo de tu siglo”. Ha cerrado con un consejo a los múltiples estudiantes que se encontraban en la sala: “manteneos siempre inactuales y extrañados porque es donde se identifica la virtud”.





