Elegancia, volumen y fantasía: así cerró la segunda jornada de la Semana de la Costura

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Una crónica e imágenes de Karen Daunis

La segunda jornada de la IX Semana de la Costura de Valencia organizada por el Gremio de Sastres y Modistas de la Comunidad Valenciana comenzó con Sara Omatos, que abrió su desfile con Die With a Smile de Bruno Mars, creando una atmósfera romántica desde el primer segundo. La diseñadora presentó su colección Latido, que mostró ese toque elegante y sofisticado que la caracteriza, con destellos sutiles y mantas bordadas realmente espectaculares. Los trajes de novia destacaron por el cuidado de los bordados y por esos velos trabajados de diferentes maneras, cada uno aportando un gesto distinto. La música, siempre en sintonía, continuó con versiones femeninas de clásicos como Fly Me to the Moon, que encajaba a la perfección con la estética del desfile.

Entre los diseños que más llamaron la atención estuvo un vestido de encaje con un velo recogido en forma de moño que caía hasta el suelo, colocado sobre una pamela que hacía que la imagen fuera todavía más impactante. También sorprendió una pieza que parecía hecha de cristal por cómo reflejaba la luz, así como el toque delicado de las joyas finas que acompañaban cada look sin restarle protagonismo a la confección. Se apreciaba un cuidado especial en las espaldas y en el trabajo del tul. El final del desfile fue especialmente emotivo, cuando a la diseñadora le entregaron dos ramos, un detalle que hizo aún más especial el cierre del desfile.

Seguimos con la propuesta de Dolores Costura, una casa valenciana de alta costura fundada en 1984 y actualmente dirigida por sus hijas, Natalia y Beatriz. En esta ocasión, la firma sorprendió exponiendo ni más ni menos que 52 vestidos, lo que permitió ver a muchas más modelos que en los desfiles anteriores. La colección destacó por el cuidado de los bordados, el puntillismo y el trabajo de la seda con doble forrado. Los diseños combinaban volantes, plumas y pamelas, creando siluetas que recordaban tanto a la gracia de una sevillana como a la delicadeza de los cuentos clásicos, mientras que la paleta cromática iba desde tonos suaves como rosa y turquesa hasta colores intensos como granate, fucsia y azul eléctrico.

Entre las piezas más llamativas se encontraron los vestidos voluminosos granates, con faldas tipo cancan y detalles de flores bordadas, y diseños que evocaban la ligereza del Lago de los Cisnes. Los accesorios eran delicados, destacando los pendientes finos que completaban cada look sin restarle protagonismo a la pieza. La música potente y animada acompañaba cada salida, reforzando la fuerza y sofisticación de la colección. El cierre del desfile fue emotivo: se entregaron tres ramos, uno a cada una, un gesto que hizo todavía más especial el final de esta propuesta.

La última parte de la jornada comenzó con la intervención de Fran Tochena, presidente del gremio, quien abrió la jornada explicando que se estaba esperando a la concejala de Turismo, cuyo retraso por el tráfico no permitió su llegada a tiempo. Durante su presentación, Fran repasó la historia del gremio y sus raíces, resaltando toda la esencia valenciana que lo caracteriza. Recordó que la edición del año pasado se canceló debido a la Dana, y subrayó con entusiasmo: “hemos vuelto con más ganas e ilusión si cabe”.

Tras sus palabras, se apagaron las luces y una voz femenina introdujo la colección de Miguel de Cruces, “Sous Chapiteau” (Bajo la carpa), inspirada en el circo y en su infancia, cuando corría a ver los espectáculos. El diseñador transforma esa memoria en piezas llenas de magia, luces doradas y sedas que parecen bailar con el movimiento de los acróbatas.

La colección se caracteriza por su fantasía y teatralidad, creando una experiencia casi inmersiva para el espectador. Los vestidos destacaban por sus hombreras prominentes, haciendo un guiño a los uniformes de circo, además de piezas rígidas, guantes y detalles de confeti, flores de tela y lentejuelas, con colores chillones como rojo, amarillo y celeste combinados con tonos neutros. La melodía de Can Can de Tchaikovsky complementaba a la perfección la puesta en escena, reforzando la sensación de estar dentro de un auténtico espectáculo. El cierre de la colección sorprendió con una transición hacia los vestidos de novia blancos, dejando que la última modelo desfilara bajo un foco mientras las luces se apagaban, y la canción final ofrecía un desenlace mágico e inesperado al desfile. Y así, un año más, la Semana de la Costura cerró sin decepcionar, cumpliendo con las expectativas y deslumbrando al público.