Una entrevista de Lucía Valderrama / Imágenes: Archivo
Domingo Pacheco ingresó en el seminario con 21 años. Siempre ha estado muy vinculado al Movimiento Diocesano de los Juniors. Desde el año 2020 es capellán en la Universidad CEU Cardenal Herrera, y desde que terminó el curso 2024/2025 es el Capellán Mayor y Coordinador de Pastoral y Voluntariado, además, es el Director de la Cátedra de Teología “Joseph Ratzinger” de la universidad. Cercano, afable, siempre activo, su misión es acompañar a los alumnos en su etapa universitaria, así como a todo el equipo humano que conforma la comunidad universitaria de la CEU UCH y ayudarles en el acompañamiento a descubrir la respuesta que tiene Dios para ellos.
Para que la gente le pueda conocer mejor, Domingo, ¿cómo fue tu primer contacto con la comunidad universitaria del CEU?
Mi inicio universitario fue complejo porque llegué en septiembre del año 2020, es decir, con el COVID. Yo no retenía las caras, todo eran mascarillas y había mucha gente que no la reconocía hasta el año siguiente. Entonces, por una parte me vino bien como una incorporación progresiva, por otra parte, es verdad que me costó más poder conocer a la gente y poder entrar en la vida de la universidad.
¿Y cómo ha sido tu trayectoria pastoral desde entonces?
Podríamos decir, en resumen, que desde que llegué a la universidad siempre he intentado estar a lo que hacía falta. Creo que hasta hoy he estado a eso. Lo que pasa es que lo que hace falta es muy relativo porque es verdad que lo que depende de un capellán es la fe, es el Evangelio, pero eso luego se concreta de muchas maneras. Durante estos años han sido muchos proyectos, muchas inquietudes que hemos ido poniendo en marcha.
Entre esos proyectos, el año pasado se unió Pastoral y la Cátedra de Solidaridad. A partir de ahí los alumnos hemos visto cómo se han organizado más actividades en las que nos podemos involucrar más. ¿Cómo ha sido esa unión?
Si bien es verdad que se ha unido oficialmente en este final del pasado curso, realmente siempre se ha querido trabajar de la mano entre ambos, Pastoral y Voluntariado. Sabéis que aquí en voluntariado se concentra todo en la Cátedra de Solidaridad, pero vimos que sería bueno asumir la estructura de que Pastoral y Voluntariado funcionara desde un mismo ámbito. Siempre las realidades que se ofrecen desde el voluntariado, además de las colaboraciones con asociaciones afines a nosotros, se busca que sean relacionadas con alguna tarea de apostolado o de caridad dentro de la vida de la Iglesia, como es con la Fundación Maides o como hacemos con el Cotolengo. Pero luego también tenemos otro tipo de voluntariado que es más de ámbito internacional, por ejemplo la Peregrinación a Lourdes, en julio, que la hacemos acompañando a los enfermos de la Peregrinación Diocesana A Lourdes, un poco en una tarea de asistencia. Luego el Proyecto Ágape de Perú u otros proyectos internacionales como “Vets for África” y “CEU Senegal” que lo que buscan es que haya una unión entre lo que es la realidad pastoral. Obviamente, desde la opción libre de cada uno, y la tarea de acción sociocaritativa o de voluntariado que se hace.

¿Crees que el acompañamiento espiritual es importante en la formación de estudiantes universitarios?
No es que creo que sea importante, es que creo que es fundamental. Sobre todo para aquellos que quieren vivir su fe y la quieren vivir de una manera adulta, dejando su fe en el lugar que les corresponde en sus vidas. Al final, la vida de fe se puede comparar a muchos otros ámbitos de nuestra vida y es algo que si no se cuida va perdiendo fuerza. Luego Dios nos puede sorprender como Él quiera, pero es verdad que nuestra tarea es cuidarla. En un entorno como la universidad donde muchas veces los alumnos tienen que salir de su casa, de su zona de confort, de lo que están acostumbrados y quieren vivir su fe, pienso que el acompañamiento espiritual es fundamental para que puedan seguir viviéndola, porque es lo que permite tener un lugar y realidad estable.
Se dice mucho que la espiritualidad entre los jóvenes está un poco perdida, ¿cree que es así? ¿Qué desafíos percibe entre los jóvenes en su vida espiritual?
Yo creo que el desafío para los que empiezan la universidad y para todos, en general, es descubrir que la mejor respuesta a esas inquietudes más de ámbito espiritual, es precisamente Dios y Dios en Cristo. Creo que el desafío es ese, porque yo creo que tanto en los jóvenes como en los menos jóvenes siempre se percibe un anhelo de espiritualidad, de desarrollar esa intimidad profunda de cada persona que le permite sentirse en paz y sentirse bien consigo mismo. Por la experiencia de fe y por lo que veo a mi alrededor, sé que la mejor respuesta a esas preguntas pasa por Dios, pero muchas veces ayudar a que el otro pueda descubrir esto es complicado porque, al final, cada uno tiene su imagen y su prejuicio, al mismo tiempo de lo que es la fe cristiana, y cada uno tiene su experiencia. Poder decirle: “mira es que esta respuesta no es en general, es para ti”, ahí es donde está el desafío y creo que eso es algo totalmente personalizable. Cada uno puede descubrir de una manera o a través de una respuesta cómo Dios está queriendo acercarse a él y no hay dos respuestas iguales porque no hay dos personas iguales.
¿Qué le dirías a alguien que acaba de descubrir la fe o que tiene inquietud sobre ella y se está planteando ir a hablar contigo o ir a las actividades de Pastoral pero no se anima?
Yo les diría que creo que de todo lo que hacemos en Pastoral, en el fondo, es algo que es para todos los públicos. Es decir, si vienes a una actividad de pastoral y no tienes fe, hace mucho tiempo que no piensas en ello, o que no la vives, que no vas a misa, etc., no es un impedimento para participar ni de las actividades de pastoral ni de nada que ofrece la universidad. Las actividades de Pastoral no piden el carné de bautizado, cada uno puede asistir por el motivo que quiera sabiendo lo que se va a encontrar. A partir de ahí nosotros desde Pastoral, yo como capellán mayor, el resto de capellanes y la gente que forma parte del equipo no vamos a condicionar la acogida a ninguna circunstancia. Quien se quiera acercar tiene la puerta abierta y tiene también la mano tendida para lo que necesite.

La verdad es que por mi despacho ha pasado mucha gente por muchos motivos, la gente que se acerca no siempre viene a preguntar por algo relacionado con la vida de fe. Ahora últimamente desde que tengo a Freud en custodia, nuestro perro universitario, pasa muchísima gente por este despacho. Creo que todo eso ayuda a que se rompa un prejuicio, de que este despacho o servicio no es para ellos. Si se rompe eso, cuando lo necesiten, acudirán, y si a lo largo de sus años de universidad no lo han necesitado, bendito sea Dios. Si Dios quiere y te tienes que encontrar con Él, ya llegará el momento.
Como dices, por el despacho pasa gente con casos y realidades muy diferentes, y vosotros, los capellanes, cuidáis de ellos en la medida en que podéis y les acompañáis. Pero inevitablemente podéis terminar “llevándoos” esos problemas a casa. ¿Quiénes cuidan de vosotros?
Normalmente es difícil no hacer los problemas propios, sobre todo porque ser sacerdote no es un oficio, nosotros esto lo llevamos con nuestra propia vida. Es difícil no asumir parte de la carga del otro, aunque intentes no hacerlo. Lo cierto es que nosotros también tenemos acompañamiento espiritual, amigos, sacerdotes también, con los que puedo compartir ciertas cargas que ellos entienden. A mí hay algo que me ayuda mucho y es saber que muchas veces, aunque no siempre, cuando la gente se acerca a mí por el hecho de ser capellán en el fondo a quien están buscando es a Dios. Y a veces nosotros intentamos asumir cargas que solamente el corazón de Dios puede admitir.
Nuestro corazón es demasiado pequeño, demasiado débil, y a veces lo sobrecargamos demasiado. Recordar esto me ayuda a, sobre todo, no creer que la solución a los problemas o las cargas de la gente está en mi mano. Me ayuda a recordar que yo soy un instrumento para que el que sí que puede ayudar y el que sí que puede hacer la carga más ligera esté presente en la situación que está viviendo una persona que sufre, o también una persona en una situación de gozo. Gracias a Dios, a mí vienen muchas veces personas con situaciones complicadas, pero muchas veces también vienen a hacerme partícipe de proyectos o de ideas que a mí me ilusionan y que en el fondo me hacen ver que tenemos gente muy buena dentro de la universidad, entre alumnos, personal de administración y servicios, personal docente… Ese es mi día a día.
¿Hay alguna experiencia o enseñanza que haya marcado tu paso por la universidad estos años?
La verdad es que podría hacer una lista. Algunas son más de dominio público y otras son más ministeriales, más personales. De las que puedo contar, por ejemplo, cuando estalló la guerra de Ucrania y fuimos allí a llevar la ayuda que habíamos recogido, a mí personalmente me marcó mucho, no sólo por el viaje, sino también por el equipo de personas que fuimos con una gran voluntad de ayudar, que éramos un grupo muy random, como también por lo que supuso y cómo la universidad y el colegio se involucraron.

Otra de las experiencias que me ha marcado mucho fue la Dana que tuvimos hace ahora un año, por lo mismo. Las cosas que te llaman a salir de ti mismo y a darte todo lo que puedes y casi más de lo que puedes, en el fondo son las que más impactan. No siempre el balance es satisfactorio en ese sentido, normalmente en esas cosas siempre es más lo que te queda por hacer que lo que haces, pero la realidad es que lo que más me ha calado a mí es eso.
Otra de las cosas que más me ha marcado ha sido el proyecto Ágape, poder ir a Perú por primera vez, a la selva, vivir la misión. Vamos, eso son cosas que gracias a que estoy aquí, en la UCH CEU, las he podido desarrollar por la institución y por las personas que la forman. Podría hablar de muchísimas personas, de muchos momentos que me ayudan a pensar a lo grande, a soñar, que quizás de otra manera lo vería más complicado. Si se hallan en el camino, es porque es de Dios.
En una frase, ¿qué les dirías a los alumnos?
Acompañar es caminar al lado. Y caminar al lado significa que tanto un servidor, como el resto de capellanes, siempre estamos dispuestos a acompañar en un tramo del camino de la vida a aquél que lo necesite. Si lo que esperan es que tomemos decisiones por ellos, que emitamos un juicio sobre sus vidas o que les digamos cómo tienen que ir, lo siento, pero no es lo que van a encontrar. Si lo que esperan es simplemente alguien que camina a su lado, estamos para eso.





