Una entrevista de Alejandra Carrillo / Imágenes: Zhanzhi Chen
El escritor madrileño Roberto Santiago es una de las figuras más reconocidas de la literatura juvenil española. Autor de la exitosa saga Los Futbolísimos y de obras como La Vela Negra, ha cultivado también una sólida trayectoria como dramaturgo, guionista y director. Su narrativa combina el ritmo del cine con la sensibilidad del teatro, logrando conectar con lectores de todas las edades. En su nueva novela, El círculo, publicada por Planeta, Santiago se adentra en un terreno más oscuro y profundamente humano: el bullying. Una historia dirigida al público juvenil, pero que interpela por igual a adultos y adolescentes, explorando el miedo, la culpa y la valentía frente a la violencia escolar.
¿Cómo nació la idea de escribir El círculo?
Todo empezó hace unos tres años y medio. Mi editora, Anna Casals, me animó a volver a escribir para los lectores jóvenes, y pensé en tratar el tema del acoso escolar. En cuanto empecé a reflexionar sobre ello, se me removió algo muy profundo. Recordé un episodio real que viví cuando tenía trece años: no fui víctima, pero sí testigo de un caso terrible. Vi cómo a un compañero le hacían la vida imposible hasta el punto de colgarlo por la ventana. Esa sensación de miedo, de parálisis, fue la semilla del libro. A partir de ahí supe que quería contar una historia desde la perspectiva del testigo, no de la víctima ni del agresor. Todos hemos estado alguna vez en ese lugar de silencio, observando una injusticia sin saber cómo reaccionar.
Su novela combina un tono juvenil con una temática muy dura. ¿Cómo encontró el equilibrio?
No fue una decisión previa, sino algo que ocurrió de manera natural. Yo encuentro el estilo de cada novela mientras la escribo. En este caso, El círculo me pedía un lenguaje directo, frases cortas, mucha imagen. Quería que los lectores jóvenes se adentraran con facilidad, pero también que los adultos pudieran conectar.
Su experiencia como dramaturgo y guionista, ¿influyó en ese estilo tan visual?
Sí, muchísimo. He escrito muchos guiones de cine, televisión y obras de teatro, y todo eso se nota. Mi objetivo fue eliminar cualquier artificio: fuera frases subordinadas, fuera adjetivos innecesarios. Llegar a algo más sencillo es lo más difícil. La aparente simplicidad del texto ha sido, paradójicamente, el mayor reto.

En el libro habla de tres grupos: quienes hacen bullying, quienes lo aplauden y quienes lo observan. ¿Qué quería mostrar con esa división?
A priori parece que hay tres grupos muy definidos, pero conforme avanza la historia las fronteras se diluyen. Los personajes se mezclan, cambian, se contradicen. Me interesa esa zona gris donde nadie es completamente bueno o malo. Por ejemplo, Alma, la chica de la que se enamora Víctor, parece fuerte y valiente, pero también ha sido víctima. Y Minuesa, que al principio parece el malo, también tiene su fragilidad y su miseria. Eso me parece fascinante: mostrar que incluso los agresores tienen heridas. No se trata de justificarlos, sino de entender de dónde viene su comportamiento.
¿Le resultó difícil documentarse para escribir sobre el acoso escolar?
Fue un proceso muy duro. Hablé con asociaciones, con víctimas, con familias y con la Policía Nacional, que me facilitó informes de casos reales. Escuchar esas historias fue devastador. Hubo días en los que pensé que no podría seguir escribiendo. Aunque El círculo es una obra de ficción, está basada en testimonios reales. Cambié nombres y lugares, pero las emociones y las situaciones nacen de experiencias que me contaron directamente.
¿Cree que quienes sufren acoso encontrarán consuelo o esperanza en su novela?
Eso era fundamental para mí. No podía cerrar el libro dejando solo oscuridad. Alguien que esté sufriendo bullying tiene que sentir que hay salida. Por eso El círculo termina con luz, con la idea de que hablar es el primer paso para romper el miedo. Hay esperanza, y pasa por compartir lo que nos ocurre.

¿Y los lectores adultos? ¿Qué pueden encontrar en El círculo?
Creo que mucho. Este libro también puede hacer reflexionar a padres, profesores y familias. Muchos adultos no saben realmente lo que pasa en los institutos. Me gustaría que El círculo se leyera en familia, que generara conversación, que ayudara a entender mejor a los adolescentes. De hecho, ya se está leyendo en algunas aulas, y eso me emociona. Ojalá sirva para abrir debates y romper silencios.
Después de tantos proyectos, ¿se planteas continuar la historia de El círculo?
De momento no. La historia termina donde tenía que terminar. Pero nunca digo nunca. Ahora mismo estoy trabajando en otros proyectos, aunque sí me gustaría que El círculo siguiera teniendo recorrido, quizá en otro formato. Los derechos audiovisuales ya han sido comprados y existe la posibilidad de que se convierta en una serie. Me haría mucha ilusión, porque significaría más visibilidad para el tema del acoso escolar.
Su libro lanza muchas preguntas sobre el miedo, la culpa y la responsabilidad. ¿Cuál cree que es su mensaje principal?
No me interesa dar respuestas, sino provocar preguntas. Creo que un buen libro debe hacer que el lector se interrogue, que mire dentro de sí mismo. En El círculo no hay moralejas, hay reflexiones. Si después de leerlo alguien se atreve a hablar, a intervenir o simplemente a mirar de otra forma el sufrimiento ajeno, entonces el libro ya habrá cumplido su función. Con El círculo, Roberto Santiago firma una novela que trasciende el ámbito juvenil para convertirse en una llamada a la empatía y al valor de mirar de frente el silencio. Una historia que, lejos de moralizar, invita a comprender y a tender la mano, recordándonos que siempre hay una salida posible.





