Una crónica e imágenes de Karen Daunis
La segunda jornada de la Mediterránea Fashion Week de Valencia acogió una afluencia de espectadores coincidiendo su celebración en sábado y fin de semana.
Inauguró la mañana la firma Ramelle, fundada en 2014 por Ramona Mihaela. Su historia nace de una pasión por el arte con prendas pintadas a mano por su creadora. Con el tiempo, la marca ha evolucionado, pero ha mantenido ese espíritu artístico.
El desfile fue pura elegancia. Piezas atemporales, femeninas y llenas de piedras preciosas que brillaban a cada paso. Los diseños, en negro, blanco y rojo, transmitían fuerza y empoderamiento y cada look parecía pensado para que la mujer se sintiera protagonista. El cierre fue impactante: un vestido negro de gran volumen que recordaba a un cisne, potente y delicado a la vez. En una palabra, un desfile pleno de autenticidad.



Tras Ramelle fue el momento de admirar uno de los desfiles más esperados del día: Maison Mesa. La firma, que ya había impactado en ediciones anteriores, volvió a demostrar que su nivel de confección está a la altura de la alta costura. Cada prenda mostraba un acabado impecable, con costuras cuidadas hasta el último detalle.
El desfile empezó con trajes de colores uniformes, pero poco a poco se fue llenando de esos colores explosivos tan suyos. Uno de los momentos más llamativos fue un vestido satinado tricolor, que parecía moverse solo bajo la luz. Los recogidos de las modelos, adornados con palillos chinos, fueron un detalle que no pasó desapercibido. Un guiño sutil a la estética oriental que encajaba perfectamente con la temática de esta edición. Mesa cerró su desfile con una explosión de color y energía que encajaba a la perfección con la atmósfera de la sala.
La sesión vespertina tuvo como nota exótica de la jornada la muestra presentada en Valencia por Leticia Valera. Su propuesta no es solo moda, supone un viaje para el espectador. Ella misma cuenta que su conexión con África fue lo que la llevó a crear esta marca, donde cada prenda es un homenaje a la tradición y a los estampados africanos reflejando la cultura de esos lugares.

El desfile fue una experiencia donde la sensación de libertad presidió todo el desfile con modelos descalzas y una sensación de libertad en la que la escenografía con movimientos relajados y música africana de fondo teletransportaron a los asistentes a los confines del continente africano.
Lo más emotivo llegó al final cuando la diseñadora salió con dos de sus modelos y se acercó a Sergio Puig, director de la MFW, para abrazarlo. Con los ojos llorosos fue un momento -tan cercano- que impactó con emoción a todos los presentes. Un cierre precioso que nos dejó con ganas de más.
Duly Romero, sin duda fue la propuesta más espectacular del día tal y como corroboró la ovación final de todos los asistentes en pie. La diseñadora hondureña regresó con su costura artesanal creando cada prenda con tiempo y dedicación. Su objetivo es que cada diseño cuente historias y emociones a través de los colores y las texturas.



Lo que más destacó fueron los volúmenes, inspirados en hojas y formas florales, que daban movimiento a cada prenda. La colorimetría iba desde blancos, beiges y marrones, con una única pieza amarilla que aportaba un contraste especial. Cada vestido parecía una fantasía, y la música, con toques de piano, hacía que las piezas transmitieran esa sensación de delicadeza única. La pasarela fue un auténtico viaje poético.
El encargado de cerrar la jornada fue Miguel Llopis, diseñador valenciano conocido por su habilidad para transformar el patronaje en alta costura contemporánea. Sus diseños fueron potentes presididos por rojos, blancos y negros que transmitían fuerza y empoderamiento femenino. La música mantuvo al público en tensión, en alerta constante, acompañando cada paso de las modelos.
El momento más impactante llegó con un vestido blanco que, a primera vista recordaba a lo clásico y nupcial, pero que se transformaba gracias a los accesorios. El collar de coral aportaba contraste, y las largas hebras que caían de los aros sobre la cabeza daban un gesto casi ritual. Finalmente, todas las modelos se colocaron junto a Llopis en las puertas de la pasarela, creando una armonía perfecta y cerrando de manera memorable la segunda jornada de la cuarta edición de la Mediterránea Fashion Week.





