Mariana Enriquez: “Para mí, el terror tiene que ver con lo político y lo social”

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Informa: Laura Fargueta / Imágenes: Llibreria Ramón Llull

Cuando Mariana Enriquez entró en el claustro de La Nau, los asistentes contenían la respiración en un silencio reverencial, incluso se llegó a escuchar algún que otro grito proferido por sus fans más acérrimos como si la recién llegada fuera una estrella del pop en lugar de una mujer dedicada a las letras. Luciendo un vestido de leopardo y su reconocible pintalabios rojo, tomó asiento en el escenario.

La periodista y escritora argentina, también conocida por el apelativo de la “reina del terror”, visitó Valencia el pasado martes en un acto organizado en conjunto por la Universitat de València y la librería Ramón Llull. No quedaba una silla libre para recibir a la que es ya uno de los nombres más sonados de la literatura hispanoamericana contemporánea, gracias a títulos como Nuestra parte de noche (Premio Herralde de Novela, 2019), Las cosas que perdimos en el fuego (2016) o Los peligros de fumar en la cama (2009).

En esta ocasión, el motivo de su viaje a España es la reedición de su segunda novela a cargo de la editorial Anagrama, Cómo desaparecer completamente (2004), cuyo título hace referencia a la canción homónima del grupo británico Radiohead. Se trata de una novela corta que sigue el formato de una crónica en la que se narran las vicisitudes de Matías Kovac, “un joven abúlico y marginado que necesita salir de sí mismo”, según reza la sinopsis ofrecida por la editorial.

Al inicio del coloquio, Mariana explicó que este relato se enmarca dentro del realismo sucio y que funciona como una suerte de antesala de ese terror en el que se adentraría en obras posteriores. Era muy joven cuando debutó con Bajar es lo peor (1995), concebida entre los 17 y los 22 años, que dos décadas después se convertiría en una novela de culto. Pese a su éxito, tardaría otros diez años en publicar el libro que ahora se reedita, que —según dijo— le resulta más interesante que su primera novela. “No tienes mucho que contar a los veinte, más allá de aportar la frescura y la rebeldía de la juventud”, afirmó.

“Cuando escribí Cómo desaparecer completamente”, explicó, “sentía la necesidad de hablar de la realidad de lo que ocurría en aquel momento en mi vida y en mi país”. La novela transcurre durante los años de la crisis que vivió Argentina en 2001, tras la legislatura de Carlos Menem. “Para mí representaba un momento oscuro de mi vida”, contó, y añadió que durante esos años se vio obligada a trabajar en múltiples oficios y que cobraba en bonos de deuda. La historia se ambienta en el Conurbano Bonaerense, lugar en el que se concentran las mayores desigualdades sociales del país. En palabras de la autora, la catástrofe, el vértigo, la ansiedad y el desgaste se vierten sobre la novela. Matías Kovac se encuentra abandonado por todos y no encuentra solidaridad en ningún espacio: las instituciones —la familia, la religión— son las primeras en abandonarle.

Es habitual en el estilo de Enriquez que, a pesar de la sordidez de la atmósfera que envuelve a los personajes, se vislumbren ciertos momentos en un tono próximo al humor. “En general, el terror se encuentra muy cerca de la comedia, porque ésta tiene que ver con lo que no se puede decir y toca lugares dolorosos: al igual que el terror, alivia. La única manera de procesar la catástrofe es a través del humor, la supervivencia tiene que ver con el humor”, opinó. “Después de todo”, prosiguió, “la comedia de lo grotesco se relaciona con la acumulación barroca de situaciones desgraciadas”.

El terror siempre lidia con la realidad, ese es uno de los pilares fundamentales de la obra de Enriquez. Por ejemplo, para Mary Shelley, Frankenstein representa algo muy contemporáneo a ella: las posibilidades de la ciencia sobre los cuerpos, el futuro de la medicina, el miedo a que ese progreso “se convierta en una especie de jugar a Dios que se nos vaya completamente de las manos”, continuó. “Quizás lo que un escritor de terror contemporáneo tenga que hacer —o al menos, es lo que yo busco en mi camino— sea reflejar los traumas contemporáneos de su sociedad. Para mí, el terror tiene que ver con lo político y lo social”.

Nuestra parte de noche, su novela más reconocida, se ambienta en los años de la dictadura militar argentina y los inicios del nuevo período democrático. En una de sus escenas más recordadas, unos personajes observan la agonía de la niña Omaira Sánchez en televisión, el caso real de la pequeña que, tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985, quedó tres días atrapada entre los restos de su casa hasta que finalmente falleció. Todo el proceso fue televisado.

“Parte de la vida en sociedad consiste en que no nos pueden mover emocionalmente todas las desgracias que pasan. Muchas veces, esa es una compasión narcisista. Uno no debe paralizarse ante estas imágenes”, opinó Enriquez, y añadió: “No tiene sentido eliminar tu cuenta de Spotify porque pone dinero en el negocio armamentístico israelí cuando incluso nuestro teléfono se hace con coltán de las minas del Congo. Lo que quiero decir con esto es que debemos empezar a procesar seriamente que toda nuestra vida cotidiana está cimentada sobre el sufrimiento de otros y que tenemos que tratar de convivir con eso sin rasgarnos las vestiduras; de lo contrario, entraríamos en una especie de ola narcisista donde estaríamos todo el tiempo lamentándonos con inmensa hipocresía de las cosas”, concluyó.