Enrique Lluch: “Vivir descentrados nos haría más felices y construiría una sociedad mejor”

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Informa: Alejandra Carrillo / Imágenes: Zhanzhi Chen

Doctor en Ciencias Económicas, profesor en la Universidad CEU Cardenal Herrera y director de la Cátedra Caixa Popular de Cooperativismo y Economía Social, Enrique Lluch combina en su trayectoria la economía, la teología y el humanismo. Con esa mirada multidisciplinar ha publicado Enmimismados: Manual para descentrarse, un ensayo en el que analiza cómo nuestra sociedad ha convertido el “yo, mí, me, conmigo” en un mantra colectivo y propone un camino alternativo hacia el bien común. Conversamos con él sobre las claves de esta obra.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre el “enmimismamiento”?

La chispa nace de observar a mi alrededor. Veía a personas, no solo jóvenes, sino también de mi edad, muy centradas en sí mismas. A eso se sumó el contacto con discursos de coaches o gurús que insisten en mensajes como “mírate a ti mismo”, “cúidate”, “triunfa”, “consigue lo que quieras”. Poco a poco entendí que detrás de esta autorreferencia hay una auténtica industria que nos empuja a vivir volcados en el yo, y eso no solo nos hace menos felices, sino que erosiona la construcción del bien común.

¿Estamos entonces más enmimismados que nunca?

La autorreferencia ha existido siempre, pero hoy tiene un prestigio ético inédito. Se nos transmite la idea de que ser autorreferente es lo correcto, lo moderno, lo deseable. Quien no lo es, parece un ingenuo. Ese reconocimiento social es lo más preocupante, porque nos convence de que no hay otra manera de vivir.

¿Quiere decir que no hay nada positivo en pensar en uno mismo?

Cuidarse no es malo, como tampoco lo es comer o dormir. El problema aparece cuando el cuidado de uno mismo se convierte en el único horizonte. Yo hablo en el libro de los “diez mantras del enmimismamiento”, frases que suenan razonables, pero que, llevadas al extremo, nos aíslan. Lo saludable es el equilibrio: cuidarnos, cuidar a los demás y dejarnos cuidar en distintos momentos de la vida.

Usted liga esta autorreferencia también a la economía. ¿Cómo se refleja ahí?

Vivimos atrapados en lo que llamo la paradoja del economicismo. Se nos dice que debemos tener cada vez más para estar bien, pero al mismo tiempo nunca es suficiente. Eso genera frustración. Para mí, el sentido de la economía no está en acumular riqueza, sino en que el trabajo tenga sentido porque sirve a los demás. Solo así podemos considerarnos realmente ricos.

El libro también conecta con la fe y los valores cristianos. ¿Qué papel juegan en su propuesta?

El cristianismo, bien entendido, nos invita a vivir descentrados: el centro de la vida no soy yo, son los demás. El amor al prójimo es la forma de concretar el amor a Dios. Eso nos ayuda a salir de nosotros mismos. Dicho esto, en el libro planteo también una mirada laica, humanista, porque creo que cualquiera puede llegar a la conclusión de que necesitamos salir del yo y abrirnos a los demás.

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de escribir esta obra?

El ensayo exige tener muy claro lo que quieres transmitir. Yo ya había trabajado estas ideas en conferencias, clases y conversaciones, así que el desafío fue ordenarlas de manera didáctica para que cualquier persona pudiera entenderlas. No me interesa escribir solo para especialistas. Aspiro a ofrecer un lenguaje accesible, profundo pero comprensible para todos.

Si la sociedad aplicara estas ideas, ¿qué cambiaría?

Seríamos más felices, porque desaparecería mucha de la insatisfacción vital que hoy padecemos. Mejorarían las relaciones personales y familiares, habría menos polarización política e identitaria y se construiría más comunidad. En definitiva, una sociedad descentrada sería una sociedad más plena y más justa.

Finalmente, es obvio que dentro de este tema hay muchas vertientes y mucho de que hablar, ¿se ve escribiendo más sobre este tema en el futuro?

Ahora voy a escribir un tratado sobre lo suficiente, normalmente tengo pensados los siguientes: el siguiente y dos más. No sé que haré, pero por ahora no.