Información de Marc Ferriz
En Paiporta, el patinaje se detuvo durante meses. No fue por una pausa planificada, sino por la fuerza de la naturaleza. La DANA que golpeó la Comunidad Valenciana causó graves daños en las instalaciones del Club de Patinaje de Velocidad: la valla interior quedó destruida, parte del suelo de la pista fue levantado, y la actividad quedó completamente paralizada. El club quedó devastado, cubierto de barro y rodeado de incertidumbre.
Pero no se quedaron quietos. Desde el primer día, manos voluntarias comenzaron a trabajar en la sombra para recuperar lo perdido. “Ha sido muy duro, muchos fines de semana de trabajo con ayuda de otros clubs de Barcelona, Pamplona, Castellón, Madrid… Y con el esfuerzo de todos los padres, madres y familiares del club se ha podido lograr”, explica Carlos Tomás, presidente de la entidad.
No fue una recuperación inmediata. Tuvieron que pasar varios meses de limpieza, reparación y espera. No fue hasta enero cuando el club logró reparar la valla interior y rehacer la parte del suelo que la DANA había levantado. Solo entonces regresaron los entrenamientos, las escuelas, la rutina de siempre, pero con algo distinto en el ambiente: una mezcla de orgullo y cicatriz.
Apoyos desde toda España
Hubo un momento, sin embargo, en el que el club empezó a notar que no estaban solos. Fue una sensación difícil de describir, pero evidente. “Sentimos que volvíamos a latir cuando empezamos a recibir apoyo, tanto a nivel económico como mano de obra desde muchos puntos de España, con ventas de lotería, carreras benéficas, aportaciones anónimas…”, recuerda Carlos.
Pero no todo se puede arreglar con herramientas y dinero. “La ilusión de los niños y niñas del club” fue, en palabras del presidente, lo más difícil de recuperar. Y añade: “No solo habían perdido el lugar donde entrenaban, sino que en muchos casos en su familia habían tenido pérdidas como el coche, la vivienda o el negocio de sus padres. Esto ha supuesto bajas en el club”.
Paiporta vuelve al mapa nacional
Pese a todo, el club ha resistido. Y esa resistencia ha tenido recompensa. Hoy la pista vuelve a estar viva. Las escuelas siguen su curso, los entrenamientos se celebran con normalidad y el futuro ya no es un terreno pantanoso. Aunque aún no ha habido grandes innovaciones respecto a la etapa previa a la DANA, Carlos Tomás no lo duda: “Hemos intentado lograr tenerlo como antes de la DANA. A partir de ahora esperemos que empecemos con las mejoras”.
Y ese futuro ha empezado con el Campeonato Nacional de Pista Infantil-Juvenil y la Copa de España de categoría Alevín. Un evento de máxima importancia que vuelve a colocar al club en el mapa nacional. Más de medio año después del desastre, la pista donde solo había lodo ha sido escenario de talento, competición y esperanza. El patinaje vuelve a rodar. Y esta vez, con más fuerza que nunca.



