Con el apoyo de los campos de Albal y Pinedo y Valencia C.F.

Información de Juan Rubio
El agua lo arrasó todo. La tormenta, el barro, el miedo. Durante semanas, el Atlético Sedaví, un club de fútbol humilde y familiar, luchó contra la devastación provocada por la DANA que afectó a numerosos municipios valencianos y que estuvo a punto de borrar de un plumazo años de trabajo, ilusión y comunidad.
Varios meses después, su presidente, Fernando García, puede respirar un poco más tranquilo. “Me bloqueé, no veía salida. Me vi cerrando el club y acabando con la historia del Atlético Sedaví”, confiesa aún con la emoción a flor de piel. Pero no lo hizo. Y si no lo hizo fue gracias a las personas que lo rodean, los entrenadores, y todo el personal del club. Porque el Sedaví, más que un club, es una familia. Una que no dejó que se hundiera.
El golpe más duro
La DANA llegó sin compasión. El campo del club, el polideportivo de Sedaví, quedó completamente arrasado. Las oficinas, los vestuarios, el material… todo bajo el agua y el barro. “Ha sido la peor época de mi vida”, admite Fernando. En 2016 formó el club con la idea de dar a niños oportunidades. Sin buscar resultados, simplemente formarlos y que puedan conseguir sus sueños: “Al principio éramos 3 personas y un querubín, y poco a poco fuimos creciendo con los mismo valores”.
Precisamente a inicios de temporada firmaron un convenio con el Valencia CF. El club crecía, y de repente, de la noche a la mañana, todo por lo que habían soñado se lo llevó el agua. Fueron momentos duros para Fernando, que se sentía como alguien a quien le habían arrebatado una parte de sí mismo: “Me tenía que esconder en casa para no llorar delante de mis hijas”.

De pensar en cerrar a reconstruir desde cero
Las primeras 72 horas fueron un caos. “No confiaba en que fuéramos a salir adelante”, reconoce. Mientras él dudaba, los entrenadores y el personal del club dieron un paso adelante. José, el director deportivo, fue el primero en moverse. Empezaron a buscar campos y a organizar horarios.
“No confiaba en que fuéramos a salir adelante”
Ese fue el inicio de una reconstrucción muy complicada. Al no poder utilizar su campo habitual, tuvo que dispersarse por distintos puntos: Castellar, Pinedo, Albal y la ciudad deportiva del Valencia C.F. “Teníamos que ajustar horarios en función de la edad, del desplazamiento… No puedes poner a niños de cuatro años a entrenar a las ocho de la tarde en Albal. Y todo eso intentando no gastar más de lo necesario”, relata.
Un club familiar
La parte más emocionante de toda esta historia está en las personas. “Ahí te das cuenta de que cuando decimos que somos un club familiar es totalmente verdad. No ha habido ni una sola persona que no me haya echado una mano de forma genuina”, asegura Fernando, con la voz quebrada por la emoción.
Fernando es farmacéutico de profesión, conocido y querido por sus vecinos. Durante los peores días, incluso cuando iba a trabajar, sentía el respaldo de la gente: “Me paraban solo para darme ánimos y me decían ‘Presi, gracias por lo que estás haciendo’”.
El club no se quedó solo. Lo primero fue acudir a la Federación Valenciana para solicitar ayuda. Se les concedió una aportación económica, igual que al resto de clubes damnificados, aunque el dinero se debía gestionar por cuenta propia. “Al principio fue ensayo y error. Tuvimos que alquilar autobuses para mover a los equipos de un campo a otro. Poco a poco fuimos viendo en qué valía la pena gastar y en qué no”, explica.
Los campos de Albal y Pinedo se pusieron a su disposición en horarios libres, sin coste. El Valencia C.F., con quien habían firmado un convenio meses antes, se volcó con el club. Les permitió entrenar en su ciudad deportiva y asumió buena parte de los gastos derivados del desastre.
“El único campo por el que pagamos es el de Castellar, y no es un reproche. Entiendo que tengan que hacer negocio, nosotros necesitamos el espacio”, cuenta. Como con el dinero de la federación no les llegaba para cubrir todos los gastos, los entrenadores tuvieron la iniciativa de rebajarse el sueldo para ayudar a pagarlo: “Sin ellos esto no sería posible”.

Frente a todo ese apoyo, hubo una gran ausencia. “Del Ayuntamiento de Sedaví no hemos recibido la ayuda que esperábamos. Han puesto muchas trabas con la reconstrucción del campo. Para ellos, simplemente no era prioritario”, lamenta Fernando.
La vuelta a casa
Después de meses de esfuerzo, el regreso al campo ya tiene fecha próxima. “Ya han terminado de colocar el césped. Solo faltan los últimos detalles. En dos semanas volvemos a casa”, dice con una sonrisa que mezcla alivio, orgullo y muchas cicatrices.
La emoción es imposible de ocultar: “Cuando me preguntan por ese momento, solo puedo llorar. Hace seis meses pensé que todo estaba terminado. Y ahora vamos a volver. Será un día muy bonito para todos”.
Un futuro todavía incierto
El Atlético Sedaví ha sobrevivido, pero la recuperación no ha terminado. Las pérdidas económicas siguen siendo importantes, y aunque el campus de verano puede suponer un pequeño alivio, no hay certezas sobre lo que ocurrirá en septiembre.
Aun así, hay algo que ha cambiado, ya no se habla desde la desesperanza. El Fernando García de hoy no es el hombre abatido de hace unos meses, sino el presidente de un club que ha demostrado que, con alma, compromiso y comunidad, también se puede salir adelante incluso cuando todo está perdido.



