Informa Gonzalo Escrig
Las calles de Sagunto se han vuelto a llenar de banderolas moradas para celebrar la Semana Santa Saguntina. Tras dos duros años de pandemia, los tambores y cornetas han vuelto a sonar por la ciudad para celebrar la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
Desde finales del siglo XV hasta nuestros días, la Cofradía de la Purísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo ha conmemorado la pasión y muerte de Jesucristo a través de procesiones, representaciones teatrales y numerosos actos como la subida al calvario que han conseguido convertir esta tradición en Fiesta de Interés Turístico Nacional.
La Pasión, en vivo
Desde su estreno en 2004, más de ciento treinta actores no profesionales, técnicos de sonido e iluminación y músicos han colaborado para realizar la producción y representación de la Pasión de Cristo. Una representación que comienza en la Plaza Mayor de Sagunto, donde se recuerdan las escenas de la entrada de las Palmas, el mercado, el precio de un esclavo, la última cena, la Oración del Huerto, el Sanedrín y el Juicio de Pilatos tras la cual, los espectadores pueden acompañar a Jesús en su recorrido con la cruz hasta el calvario de Sagunto donde tendrá lugar la crucifixión y muerte, así como el descendimiento y la resurrección. Actos en los que el pueblo de Sagunto ha sido testigo de una puesta en escena que, gracias al castillo romano y el duro esfuerzo de sus ciudadanos, consigue trasladar a los espectadores al mismo Jerusalén en un evento cultural y religioso que ha conseguido, a lo largo de los últimos 20 años, maravillar a los miles de visitantes que recibe.

Junto a la representación de la Pasión del Señor a lo largo de la Semana Santa son también varias las procesiones que se celebran por las calles de la ciudad como es la procesión del encuentro, celebrada el Lunes Santo, en la que se conmemora el encuentro entre Jesús, representado por el paso de El Nazareno, y la Virgen María, representada por el paso de Nuestra Señora de la Soledad. Una procesión que comienza con la salida de El Nazareno desde la Ermita de la Sangre al caer la noche y que procesiona por la parte este de la ciudad hasta llegar a la plaza Mayor, mientras la Soledad sale de la Ermita ligeramente más tarde y se dirige hacia el oeste hasta llegar a la Iglesia de Santa María, punto en el que ambos se encuentran bajo un silencio respetado por todos los asistentes, acompañado por la oscuridad de la noche y la tenue luz de las hachas de cera.
A la procesión del encuentro se le suma la del silencio celebrada el Miércoles Santo en la que la Cofradía acompaña al Cristo de la Buena Paz y al Ecce Homo por la ciudad de Sagunto al son de los tambores que acompañan a los cofrades en una procesión presidida por un riguroso y absoluto silencio. Una procesión donde participa como invitada la Hermandad del Santísimo Ecce Homo del Cabañal y que este año tuvo que verse cancelada por el mal tiempo como consecuencia de la persistente lluvia sufrida en todo el litoral Mediterráneo.
Vía crucis y santo entierro
La mañana del Viernes Santo, justo al romper el alba, la plaza de la Ermita de la Sangrese llenade fieles para ver salir al Nazareno, llevado a hombros por los cofrades. Una imagen que procesiona por la antigua Judería y cuyo recorrido concluye en la puerta del Calvario donde recorre las catorce estaciones del viacrucis, dando paso a un día de recogimiento y luto por la muerte del Señor el cual es procesionado en santo entierro con la participación de los cofrades que lo acompañan mientras se puede contemplar las imágenes que representan los diversos momentos por los que pasó Jesús en su vida en la tierra. Cofrades vestidos con la tradicional “vesta” negra y la cara completamente tapada por el puntiagudo “capirote” en señal de luto y en sentido recogimiento.

La entrada de Jesús el Domingo de Ramos, la Santa Cena de Jesús, la Oración del huerto, el Beso de Judas, la Flagelación del Señor, Ecce Homo, Jesús el Nazareno, la Verónica, el Cristo de la Buena Paz, el Descendimiento del Señor, la Dolorosa, María Santísima de la Soledad, el Santo Sepulcro, y la Santísima Vera cruz son portados por los cofrades mientras los niños y niñas que observan la procesión piden a los cofrades el tradicional “caramelet” para guardar en sus bolsas como un tesoro preciado. Procesión de larga duración que concluye en la Ermita de la Sangre donde los cofrades esperan la entrada de la “Vera Creu” para arrodillarse ante ella en señal de respeto y duelo por la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.





