José Luis Gil Soto: “Merece la pena contar aquello que creo que va a desvelar al gran público cosas nuevas de un hecho”

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Informa: Sara Pastor / Imagen: Editorial ESPASA

El ingeniero y escritor José Luis Gil Soto vuelve a publicar una nueva novela histórica ‘Lágrimas de oro’ en la que se cuenta el descubrimiento y conquista del Imperio Inca a tres bandas, en un juego y equilibrio narrativo donde confluyen presente y pasado. Así, desde Sevilla a París pasando por Tahuantisuyo el lector descubrirá este episodio histórico de la mano de los hermanos Pizarro y Atahualpa.

Su novela ‘Lágrimas de oro’ es una historia que aúna ficción y realidad basada en gran parte en los hermanos Pizarro y su empresa por descubrir y conquistar el Perú. ¿Por qué está basada en este hecho histórico concreto?

Quería contar la historia de la conquista del Imperio Inca, ya que me parece que es uno de esos acontecimientos que cambiaron el mundo para siempre. Leyendo sobre el hecho me di cuenta de que, en realidad, conocemos la historia a trazos, pero no en detalle. El estudio y la investigación ha hecho que me haya llevado muchas sorpresas cuando he ahondado en algunos episodios del mismo.

¿Cuándo sabe que tiene ante sí una buena historia que contar?

Normalmente, hay que leer mucho para encontrar cosas que merezcan la pena contar. En mi caso, merece la pena contar aquello que creo que va a desvelar al gran público cosas nuevas de un hecho, porque al margen de los historiadores que se dedican a tratar ese período de la historia, en general existe bastante desinformación acerca de ciertos episodios y personajes de la propia historia. En mi caso, el asunto Pizarro-Atahualpa tiene bastante que contar y por eso lo he decidido abordar en esta nueva novela.

Efectivamente, la historia tiene como protagonistas a los hermanos Pizarro y también a los incas con personajes muy conocidos como el guerrero Atahualpa. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación de la novela y por qué escogió a estos personajes y no a otros?

Para contar la historia de la conquista del Imperio Inca tenía que pasar necesariamente por sus protagonistas, que son los hermanos Pizarro y los Incas donde los protagonistas son Atahualpa, Huáscar, Huayna Cápac, Quispe Sisa… Había una serie de personajes fundamentales que había que tratar y, lógicamente, para conocerlos tuve que leer las crónicas del siglo XVI, tanto las que fueron contadas por testigos del momento como algunas crónicas de otros que contaron los hechos de oídas, pero que aportaron datos relevantes sobre cómo se vivía en el Imperio Inca antes de los españoles. Esta información, para un novelista como yo, es fundamental para poder recrear cómo era un mundo antes de su cambio definitivo.

¿Ha resultado difícil caracterizar o revivir a cada uno de los personajes?

En las novelas históricas uno de los grandes riesgos que corre el escritor es no saber dibujar correctamente cómo eran las personas que protagonizaban el episodio en concreto. Aunque se lee mucho acerca de estos personajes, casi todo lo que está escrito se basa en lo que hicieron, pero no en cómo eran y, muchas veces, tienes que deducir cómo fueron, precisamente, en base a lo que hicieron. Salvo algunas descripciones, tanto físicas como psicológicas que hay en algunas de las crónicas, por lo general hay que ahondar mucho y pararse a pensar en su forma de actuar para así deducir qué tipo de personas eran.

“Si tuviera que decir qué personaje tiene algo de mí, diría que ninguno en concreto y todos a la vez”

Otro aspecto que enriquece la historia, y que no debe estar exento de dificultad, ha sido el uso del lenguaje acorde a la historia y personajes en función de la época que discurra cada capítulo. ¿Ha sido complicado articular registros tan diferentes?

Es complicado, pero imprescindible. Y depende de lo bien o lo mal que se haga, conllevará al éxito de la novela, entendiendo por éxito el hecho de ser capaz de trasladar al lector a una época y a un lugar que le resultará remoto. En este caso, tengo que llevar al lector a cinco siglos atrás donde los españoles, en ese momento, hablaban de una determinada manera y con una serie de expresiones, pero tampoco puedo escribir una novela en el castellano del siglo XVII porque no la leería nadie o casi nadie. Por otra parte, tengo que contar cómo se expresaban los incas, en función de los testimonios que tenemos, y el quechua primitivo que hablaban los incas también había que reflejarlo. Saltar de un capítulo a otro, hablar de una manera a otra, ha tenido su complejidad, pero era y es imprescindible.

En su novela, además, utiliza dos perspectivas para narrar la historia. Por una parte, el punto de vista de los españoles y, por otro, el de los incas, imaginamos que para aportar una visión completa de lo ocurrido.  

Quería contar la historia de una manera diferente. Primero, desde los dos puntos de vista que había, español e inca, que son distintos, porque hacerlo desde uno solo sería dejar inacabada la historia. Y, segundo, porque creo que el ejercicio que intento hacer que es el de empatizar con los personajes y ponerme en su piel me lleva a ponerme en ambas perspectivas. Por un lado, me tengo que poner en la piel de los españoles para intentar saber cuales eran sus patrones de comportamiento y cómo vivieron aquel encuentro con una cultura tan diferente como la del imperio inca. Pero también, por otro lado, me lleva a ponerme en la piel de los incas para saber cómo sintieron con la llegada de los españoles, qué supuso para ellos y cómo actuaron teniendo en cuenta los casos en los que hubo rechazo y en los que hubo afecto. 

Otra particularidad de su novela es que usted divide los personajes en cuatro secciones: Francisco Pizarro y sus hermanos, españoles del siglo XVI, el Imperio Inca y los personajes en la actualidad. A pesar de las diferencias de culturas y épocas, ¿se pueden ver similitudes entre los personajes?

Creo que se pueden ver similitudes en los españoles del siglo XVI y los de ahora, por ejemplo. Es cierto que la sociedad en la que vivimos ahora no tiene prácticamente nada que ver con la sociedad de ese siglo. La tradición cultural, el idioma, la forma de comportamiento, siempre prevalece en todo aquello y somos lo que fuimos en buena parte. Quizás lo que más llame la atención sea las grandes similitudes que existen entre los españoles del siglo XVI y los incas de la misma época, antes de que estos conocieran a los primeros. Se puede resumir en que el imperio inca se forjó a sangre y fuego. Ellos sometieron a aquellos pueblos que tenían cercanos, por las buenas o las malas, e hicieron que todos ellos rindieran vasallaje a su emperador, el gran inca, y, poco a poco, generación tras generación, fueron ampliando sus fronteras a fuerza de someter a los pueblos que había a su alrededor gracias a la guerra, que es lo que se estaba haciendo en Europa y en el imperio español.

La narración de la historia transcurre, en sus tres hilos argumentales, en Panamá (1524), en el Imperio Inca Tahuantisuyo (1524) y en Sevilla (2019). ¿Por qué escoge estos tres escenarios?

El hecho de escoger Tahuantisuyo es porque, en realidad, es el imperio. Lo llamaban así porque eran las cuatro regiones del sol. La denominación de imperio no la conocían, ya que el imperio inca fue llamado así por los europeos. La conquista del Perú no es el Perú país como lo conocemos ahora. Lógicamente es un escenario imprescindible porque ahí es donde se desarrolló la explotación efímera de los Pizarro después de la conquista y consolidación de aquella zona como parte del imperio español. Y la elección de Sevilla, Extremadura y París es por varias razones: una es porque evidentemente los Pizarro procedían de Extremadura; y elegir Sevilla y París es porque son dos de las ciudades más bonitas de Europa y que más me gustan, por eso he optado por ellas para empezar la novela y terminarla.

“En las novelas históricas uno de los grandes riesgos que corre el escritor es no saber dibujar correctamente cómo eran las personas que protagonizaban el episodio en concreto”

¿Le ha resultado enriquecedor narrar la historia de ese modo?

Sí. Yo creo que el resultado está muy conseguido. Estoy muy satisfecho de cómo se ha ido alternando los escenarios, los capítulos y cómo se van cambiando, de una manera bastante fluida, con los cambios en la manera expresarse del siglo XVI al modo en como lo hacemos en nuestros días o bien con los dos modos de expresar dentro del siglo XVI con las diferencias entre los españoles y los incas.

Sobre las biografías de los hermanos Pizarro hay datos que parece que son contradictorios. Este hecho, ¿le ha obligado a tener que echar mano del ingenio y de la ficción para darle verosimilitud a todo lo narrado?

Para escribir con solvencia una novela que no solo pretende entretener sino difundir episodios históricos y hacerlos llegar a un gran público hay que trabajarse mucho los documentos y las fuentes y contrastar esas versiones contradictorias para llegar a la versión más creíble. He tenido que emplear mucho trabajo.

¿Hay algo de usted en algún personaje?

Uno escribe según es y según ha vivido o cómo ha leído. Creo que la trayectoria vital de cada uno se refleja en lo que hacemos, y si tuviera que decir qué personaje tiene algo de mí, diría que ninguno en concreto y todos a la vez. Probablemente, en el momento de reconstruir cómo era cada uno de ellos o sus diálogos, uno acaba por reflejar lo que, según cree, sucedió, y en ese creer suele estar muy influido por la subjetividad y por cómo es uno mismo.

El collar de Pizarro es un personaje más de la historia que tiene, por sí mismo, mucha historia. ¿Por qué un collar? ¿Tiene algún significado más allá de lo que explica en la novela?

Esta es una historia a caballo entre la novela histórica y el thriller contemporáneo porque quería hacer una novela mucho más abierta a un gran público en la que se contase un episodio que no fuera una novela histórica pura. De esta manera, mezclé las dos historias: la conquista de América de hace cinco siglos y la actual. Para eso necesitaba un hilo conductor que es el collar, el cual desaparece en 2019 de una iglesia de un pueblecito español. La operación internacional que abre la Guardia Civil para recuperarlo me da pie para contar la historia de ese collar de hace cinco siglos y acaba siendo un protagonista más de la novela que es, además, el eje central por el cual gira la historia.

¿Tendremos una segunda parte de ‘Lágrimas de Oro’?

No lo descarto, puesto que la historia es lineal y hay episodios que suceden a este que he contado que terminaría, aproximadamente, con la muerte de Atahualpa, pero, sin embargo, la conquista del Perú es mucho más larga.