Marta García Aller (periodista y escritora): “Pensar que las máquinas nos van a superar es una cuestión que está muy lejos de la realidad”

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Marta García Aller

Redacción ROTATIVO / Imágenes: Editorial Planeta / Onda Cero

La historia del último libro de la periodista Marta García Aller, ‘Lo imprevisible’, la recordará su autora siempre. Como un guiño del destino y una premonición, a las puertas de su puesta de largo en el mundo editorial, sobrevino la pandemia por la COVID-19 y no pudo ser. España quedó encerrada en sus casas durante tres meses y Aller hizo lo propio y aprovechó lo imprevisible de la situación para reflexionar sobre ella e incorporar un nuevo capítulo al libro que tuvo que concluir por dos veces. Ahora ‘Lo imprevisible’ ya está en las librerías, con notable éxito de ventas y total aceptación por un público fiel a esta joven periodista y escritora. Hablamos con ella sobre este título premonitorio, sobre la tecnología y la relación de ésta con los humanos y también sobre la actualidad reciente por la que todos hemos pasado.

Marta, el libro iba presentarse en febrero-marzo, pero llegó la pandemia y lo paralizó todo. Parece que era una premonición. La naturaleza nos dio una lección y freno en seco la vorágine en la que vivíamos. ¿Qué conclusiones sacas tú de todo esto?

Después de muchos meses trabajando en él, quien me iba a decir a mí que iba a terminar de escribirlo en un periodo de confinamiento como consecuencia de una pandemia global que al menos ninguno de nosotros lo habíamos vivido y ni siquiera nos lo podíamos imaginar. El capítulo de la pandemia lo introdujimos en el último momento cuando todo estalló. Me encerré en casa, como todos, y decidí escribir este nuevo capítulo porque claro, estábamos ante lo más imprevisible que estaba viviendo toda la humanidad, con lo que no se podía quedar fuera de un libro que -precisamente- habla de esto, de lo imprevisible de la propia vida. Este capítulo me hizo reflexionar sobre hasta qué punto la pandemia era imprevisible, cuando había ya expertos que venían avisando de la peligrosidad de la misma, de lo que estaba ocurriendo y de lo que podía venir. Al final sucedió por no hacerles caso, a tiempo, a aquellos que estuvieron advirtiéndolo con tiempo para poder reaccionar.

No es la pandemia objeto de esta entrevista, Marta, pero al hilo de lo que comentas, de los avisos que meses antes ya estaban enviando las autoridades sanitarias y los especialistas, finalmente nos encontramos con ella y la sufrimos con confinamiento y con muchas muertes en España, en la Unión Europea, en Latinoamérica, Estados Unidos. ¿Hemos sido unos inconscientes? ¿Nos hemos creído mejores que la propia naturaleza? ¿Han fallado las medidas preventivas, incluso los algoritmos?

Cuando una amenaza es tan poco conocida, y en Occidente no habíamos vista una cosa así, yo creo que cuesta prepararse para una cosa de estas características. Cuesta prepararnos y cuesta convencernos de hacer algunos sacrificios si no conocemos realmente cual es la amenaza. Lo podemos ver, muy claro, con el ejemplo del cambio climático. Llevamos años escuchando el peligro que supone para la humanidad el cambio climático y la degradación del planeta y aún no nos concienciamos de que es preciso cuidar el planeta por el bien de todos. Si no somos capaces de entender bien la amenaza es muy difícil que nos preparemos para prevenirla.

Cuando se conoce el título de tu nueva obra ‘Lo imprevisible’ una de las primeras que ideas que acude a la mente es que parece que el libro reivindica lo bueno que tiene la vida de imprevisible frente a tanta tecnología. Además, incluso lo ocurrido te ha dado la razón porque cuando parecía que estaba más seguro y controlado, viene una pandemia y lo pone todo patas arriba.

La idea central es que hay muchas cosas que la tecnología quiere controlar y no puede. Nosotros les damos a los algoritmos una importancia y una relevancia todopoderosa que no tienen porque los propios algoritmos son programados por las personas. Debemos tener claro que, al final, somos los humanos quienes los programamos. La inteligencia artificial es una tecnología fascinante y gracias al big data podemos controlar muchas cosas que antes no éramos capaces de hacerlo, pero eso no quiere decir que podamos controlarlo todo. La vida tiene muchas situaciones que son y seguirán siendo imprevisibles.

Tenemos que lograr las condiciones óptimas para un equilibrio y que esa robotización no desplace el empleo y al ser humano en funciones y responsabilidades que son inherentes al hombre

A lo largo de este libro se habla sobre los pilares fundamentales sobre los que se asienta la vida del ser humano: el amor, el sexo, las falsedades, lo imprevisible, la pandemia, la confianza, la seguridad. ¿Reivindicas el ser humano por encima de la propia tecnología? ¿Qué has querido poner de relevancia con este trabajo?

Debemos tener claro que robots y personas deben convivir porque ambos mundos están interconectados. Los robots están conviviendo con las personas y es en esta sociedad nuestra, dónde ellos tienen sentido por eso no se puede entender la última tecnología sino entendemos como funcionamos los humanos. Se ha intentado separar estos dos mundos, los robots y el de los humanos, como si fuesen dos ciencias independientes sin convergencia entre ellas, cuando no es así. En la vida real ambos mundos están conectados y eso es lo que trato de explicar en el libro, que ninguno de los dos mundos puede desarrollarse ni explicarse de forma independientes y por separado, pues los robots no se explican si no es a la luz de comprender a los seres humanos, su forma de pensar, de vivir, de entender la vida, de sentir, de comprender. No podemos hablar de la robotización como algo negativo porque sería un error pues cuanto más robotizada esta una sociedad más progresa económicamente. El problema reside en que tenemos que lograr las condiciones óptimas para un equilibrio y que esa robotización no desplace el empleo y al ser humano en funciones y responsabilidades que son inherentes al hombre. Por ejemplo, en la Educación nos debemos plantear en qué debemos formar a nuestros niños para que ellos puedan participar de esos nuevos trabajos que surgirán en el futuro próximo y que vendrá de la mano de una nueva tecnología. Y todo esto debemos planteárnoslo, debemos lograr aunar ambos mundos, por el bien de todos. Si hay algo que enseñar ahora es la adaptación al cambio… de eso va el libro. Hay que entender lo rápido que está cambiando el mundo. Da igual a lo que te dediques hoy porque tu profesión seguramente va a ser distinta de aquí diez o quince años o incluso antes dada la velocidad del cambio que se está produciendo. Van a existir nuevas profesiones que actualmente no existen, con lo que hay que tenerlo claro y hay que tener esa adaptabilidad al cambio. Hay que conocer esos cambios y esa tecnología que le va a dar forma. En ese sentido creo que hay que descubrir qué cosas son capaces de hacer esos robots, y comprender que pueden ser positivas para nuestra vida y para el desarrollo de nuestra sociedad.

Cuando se habla de tecnología hay quienes la miran con horror y otros con pasión porque es un futuro. Intuyo que tu propuesta es un llegar a un entendimiento entre los dos mundos.

Creo que el debate entre los apocalípticos, los tecnóbofos y los que gustan de la tecnología hay que superarlo. Es verdad que ese debate está pasando con la inteligencia artificial, pero es porque al desconocer algo es cuando todos le tenemos miedo… por eso hay que conocerlo y conocer sus potencialidades. A la inteligencia artificial se le tiene miedo por cuestiones equivocadas pues las máquinas nunca van a dominar el mundo. Las máquinas no tienen ambición. La ambición es una cuestión humana y por tanto ellas no van a ambicionar dominar al hombre, dominar al mundo. Somos nosotros los que tendríamos que tener miedo de la estupidez o ambición humana pero no de las máquinas que, al fin y al cabo, obedecen los patrones para los que han sido diseñadas y programadas. Por otro lado, es verdad que hay que tener cuidado con las tecnologías que estamos desarrollando porque nunca tan pocas personas podían causar tanta devastación como ahora y eso son enormes los retos. Pero no nos podemos oponer al avance. Es como si en su momento, por desconocimiento, nos hubiésemos opuesto a la electricidad cuando después se ha visto que es buena y necesaria para la sociedad.

Para los sistemas que buscan parámetros objetivos es muy difícil entender porque en una situación idéntica observamos cómo hay personas que actúan de manera opuesta y esto es porque los humanos somos muy complejos

 ¿Sigue siendo el peor enemigo del hombre su propia estupidez?    

La estupidez humana es un campo de estudio fascinante a la que le dedico un capítulo entero en el libro y ¡creo que me he quedado corta! Nos habían enseñado la historia a partir de las grandes gestas, los grandes hitos, las grandes victoria y derrotas cuando la mayor parte de las grandes cosas a veces no sabemos por qué ocurren. Existe una historia de la estupidez que explica por qué a veces las cosas salieron como salieron. La estupidez humana es una cuestión que está en el ser humano y resulta interesante, por ejemplo, estudiar cómo las máquinas intentan reproducir la propia estupidez o nuestros sentimientos o nuestros modos de actuar o razonar o nuestras pulsiones y para ellas, para las máquinas resulta lo más complejo que intentan hacer y no lo logran, no logran reproducir esas pulsiones, esas acciones, esas reacciones, ¡es complejo hasta para ellas! Para los sistemas que buscan parámetros objetivos es muy difícil entender porque en una situación idéntica observamos cómo hay personas que actúan de manera opuesta y esto es porque los humanos somos muy complejos. Pensar que las máquinas nos van a superar es una cuestión que está muy lejos de la realidad teniendo en cuenta la complejidad de la mente humana.

Inteligencia Artificial

Escuchando la pasión con la que hablas sobre tecnología y sobre la relación del hombre con ella, ¿en qué punto te quedaste fascinada por esta relación, hasta el punto de adentrarte en su investigación y estudio?

A mí lo que me llevó a escribir sobre ello no es la parte puramente tecnológica, el descubrimiento o conocimiento mayor de la tecnología, sino que lo que me fascinó fue el hecho de que en tan poco tiempo nos haya cambiado tanto la vida. Que hayamos pasado de mandar cartas y poner sellos a hacer videollamadas en menos de una generación es un cambio que damos por hecho y normal pero no es así. La evolución tecnológica se ha acelerado a un ritmo muy rápido en los últimos veinte años y creo que este cambio nos está viniendo tan deprisa que no nos está dando tiempo a parar y pensar. Me di cuenta de todo esto cuando a la gente más joven les parece fascinante cómo vivíamos hace escasamente veinte años con teléfonos fijos, mandando cartas por correo, teniendo ordenadores enormes de sobremesa, y con un uso muy limitado o nulo de internet… Ellos no llegan a entender cómo pudimos vivir así y ahí es cuando me di cuenta del avance tecnológico vertiginoso que hemos vivido y estamos viviendo y que, por otro lado, nos está generando desconcierto y a veces enfado, por lo rápido que va todo. Actualmente gran parte de la incertidumbre que estamos viviendo no es consecuencia de la pandemia que hemos vivido, sino que ya estaba anteriormente esa incertidumbre, creando inquietud en todos nosotros. Por eso animo a que nos acerquemos a la tecnología de una manera más humanística para ponerla en contexto, entenderla. Debemos desterrar de nuestra mente esa mentalidad de que no queremos saber nada de la tecnología porque somos analógicos… La tecnología, te guste o no, ha llegado para quedarse y vamos a tener que vivir en un mundo donde la tecnología es importantísima para todo y para todos. Por eso hay que entenderla incluso para odiarla, pero siempre mejor entenderla y tener claro que la tecnología lo que va a ser siempre es una alidada para el progreso.

Nos pasan en nuestras vidas muchas cosas imprevisibles, pero en el fondo los humanos somos más previsibles de lo que nos imaginamos

¿Tú vivías mejor cuando era más analógica o estás ahora mucho mejor siendo más tecnológica?  

Este año habré vivido el mismo tiempo en el siglo XX que en el siglo XXI y si me dicen con qué siglo me quedo te puedo decir que, en mi experiencia, las personas que a menudo echan de menos el siglo XX lo que están echando de menos es su propia juventud, más que lo que allí había. Yo creo que estamos echando de menos esos veinte años menos pero no aquello que vivimos. Yo no renuncio a todo lo aprendido y vivido, pero, sin embargo, sí que creo que no debemos olvidar cómo vivíamos antes de internet para no caer ahora en una excesiva dependencia de la tecnología desde ese punto de vista. No podemos perder la perspectiva. Yo creo que si para algo ha servido este periodo de confinamiento ha sido para caer todos en la cuenta de lo que echamos de menos la presencia humana. Si nos damos cuenta y reparamos en ello, durante este periodo hemos utilizado la tecnología mucho más, y lo hemos hecho para lo más básico: intentar estar más cerca los unos de los otros porque echamos de menos la presencia física de a quienes queremos, de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros conocidos. Me quedo con esa enseñanza. Nos pasan en nuestras vidas muchas cosas imprevisibles, pero en el fondo los humanos somos más previsibles de lo que nos imaginamos.

Finalmente, ¿tú crees que la pandemia va a suponer una aceleración de la integración de la tecnología en nuestras vidas?

La pandemia no puede pasar a la historia como nada que no sea una tragedia. No debemos olvidarnos de ella y debemos aprender algo. Sí que es cierto que cambiará cosas, pero yo espero que cambie las prioridades de la sociedad y ponga en el centro de ella al ser humano, la salud, la educación y la ciencia. La ciencia necesita más inversión para podernos ayudar cuando más lo necesitamos y deben ser prioridades que, no cabe duda, reordenan los cambios históricos como el que estamos viviendo. Tampoco nos olvidemos que después de lo pasado va a llegar una crisis socioeconómica que va a poner más difícil el poner fondos en las cosas más deseables. Lo ideal sería que no perdamos de vista donde están las prioridades porque las prioridades las marcamos los humanos y eso no lo va a decidir un algoritmo porque las prioridades son conceptos humanos y, por tanto, somos nosotros los que debemos establecer esas nuevas prioridades.