Más de cien estudiantes de Magisterio llevaron actividades de aprendizaje activo a Infantil y Primaria en el CEIP La Asunción



El CEIP La Asunción de Elche vivió una jornada poco habitual. Desde primera hora de la mañana, todas las aulas del centro —desde Infantil de tres años hasta sexto de Primaria— recibieron la visita de más de cien estudiantes del Grado de Educación de la Universidad CEU Cardenal Herrera, acompañados por sus profesores Manuel Tirado Zafra-Polo y Brígida Pérez Pareja. Durante cinco horas, los niños participaron en talleres prácticos sobre higiene, salud, alimentación y habilidades cognitivas, diseñados y guiados por el futuro profesorado.
La experiencia, desarrollada en horario lectivo, transformó el colegio en un laboratorio de aprendizaje activo. “Nuestros estudiantes llenaron absolutamente todas las aulas, desde Infantil hasta sexto, con actividades adaptadas a cada etapa”, explica el profesor Manuel Tirado, responsable del área de Infantil. “Los más pequeños trabajaron la salud, la higiene o la alimentación saludable con dinámicas que les resultaron cercanas y divertidas”.
Los universitarios llegaron cargados de materiales, juegos y propuestas. Entre las actividades desarrolladas en Infantil hubo talleres sobre cómo lavarse las manos de manera correcta, clasificación de alimentos, construcción de platos nutritivos, rutinas diarias de higiene y lavado dental en profundidad. Para los niños, todo era juego. Para los futuros maestros, era práctica docente real: planificación, comunicación, gestión del grupo, adaptación a contextos y toma de decisiones.
En Primaria, la profesora Brígida Pérez coordinó una batería de actividades centradas en las funciones ejecutivas, competencias que influyen en el aprendizaje de manera decisiva: atención, percepción, planificación, flexibilidad cognitiva, inhibición, expresión lingüística, razonamiento lógico-matemático y desarrollo psicomotor. “Son funciones estrechamente ligadas a dificultades como la dislexia, la discalculia o la disgrafía”, señala Pérez, “y trabajarlas desde edades tempranas es fundamental para prevenir dificultades”.
Cuatro espacios en cada aula para aprender en movimiento
Una de las particularidades de la jornada fue su diseño organizativo. Cada aula se dividió en cuatro espacios de trabajo, con una rotación continua de grupos pequeños de cinco o seis niños. De este modo, cada estudiante universitario podía atender de manera individualizada a quien tenía delante. La actividad se convirtió así en un ejercicio real de acompañamiento pedagógico.
“El sistema de postas rotatorias garantizó la atención individualizada”, explican los coordinadores. “Para nosotros era fundamental que los niños no solo participaran, sino que recibieran ayuda, acompañamiento y escucha”.
Las escenas se repitieron en todas las aulas. Estudiantes de Educación arrodillados a la altura de los niños, explicando con gestos cómo enjabonarse las manos; mostrando cepillos de dientes gigantes; guiando juegos de percepción visual; construyendo secuencias lógicas con cartulinas de colores; contando historias para trabajar la expresividad lingüística; animando a correr, saltar o moverse para reforzar la psicomotricidad. La mañana pasó rápida. El aprendizaje, sin embargo, fue quedándose.
Profesión, vocación y realidad escolar
Para los niños, el día fue una sorpresa: “Estaban felices porque habían venido de fuera desde la Universidad a jugar con ellos mientras aprendían”, relatan los docentes. Para los universitarios, fue algo más profundo. Una constatación: la vocación empieza a hacerse real cuando se entra en el aula. “Nuestros estudiantes desprendían luz”, resume Tirado. “Las actividades les permitían comprobar que aquello que habíamos trabajado en la universidad tenía un sentido práctico, que llegaba a los niños y que se podía adaptar a la realidad del aula”.
Uno de los aprendizajes más valiosos fue, precisamente, esa adaptación. Lo que estaba planificado en papel tuvo que reconfigurarse en pocos minutos cuando aparecieron imprevistos, cuando la atención del grupo bajaba o cuando surgían oportunidades inesperadas. “La realidad obligaba a modificar y ajustar lo previsto”, indica Pérez. “Eso es escuela en estado puro, y para ellos fue una lección acelerada”.
Los profesores responsables pudieron observar de cerca el desempeño del alumnado universitario: iniciativa, creatividad, liderazgo, empatía, trabajo en equipo, capacidad de reacción. “Comprobamos que lo impartido en clase tuvo un impacto real”, afirma Tirado. “Nuestros estudiantes supieron transmitirlo con profesionalidad y cercanía. Eso es formar docentes”.
Un aprendizaje mutuo para toda la comunidad educativa
La valoración general de la jornada fue unánime, tanto en el colegio como en la universidad. El equipo docente del centro manifestó su satisfacción con la calidad y la actitud del alumnado visitante. Desde el CEIP La Asunción lo expresaron con claridad:
“Fue una actividad genial que aportó mucho al centro y, en especial, a nuestro alumnado. Tenéis las puertas abiertas de nuestro cole para lo que necesitéis”.
Para el CEU UCH, la experiencia consolidó un modelo de formación basado en la práctica, la colaboración y la inserción en contextos reales. La universidad subrayó su agradecimiento “por todas las facilidades, apoyo y acompañamiento” ofrecidos desde la dirección del centro educativo.
La jornada, destacan los profesores, “ha enriquecido a todos los miembros de la comunidad educativa”. Los niños disfrutaron mientras aprendían. Los docentes del colegio recibieron talleres útiles y bien preparados. Y los estudiantes universitarios descubrieron la profesión desde dentro, con todo lo que implica: planificación, incertidumbre, mirada atenta, escucha, responsabilidad, alegría.




