- El catedrático de Historia Medieval y director general de la Fundación Cultural Herrera Oria inauguró el III ciclo Dies Academicus “Pensar la Universidad hoy” en la Universidad CEU Cardenal Herrera

Rafael Sánchez Saus abrió el ciclo Dies academicus: Pensar la Universidad hoy del curso 2025/26 con una disertación sobre el estilo y la misión de una universidad católica. Para el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz, la universidad católica, “se ofrece a la Iglesia como Instrumento de evangelización de los hombres y las culturas desde la verdad”.
El catedrático estableció un paralelismo entre lo que debe ser una universidad católica y la reflexión del cardenal Herrera Oria cuando afirmaba, pensando en El Debate, que un periódico católico ante todo debe ser un buen periódico. “Una universidad católica ante todo debe ser una universidad que con plena naturalidad incorpore las finalidades que tradicionalmente se consideran propias de toda la universidad”, explicó.
En este sentido, el que fuera rector de la Universidad CEU San Pablo aseguró que toda universidad debe articular su actividad a través de la docencia, investigación y transferencia de conocimiento. Sin embargo, en la transferencia a la sociedad se encuentra “la misión específica de la universidad católica”.
“Nuestras universidades deben actuar en conjunto con los agentes sociales desde un compromiso con las necesidades de su entorno”
De esta manera, según el catedrático, la universidad católica podrá trasladar sus principios doctrinarles, morales y culturales al resto de la Universidad: “Aquí la protección evangelizadora de la universidad católica encuentra su justificación académica, no solo pastoral o eclesial”.
El académico acudió al Magisterio de la Iglesia y recordó la intervención del Papa Francisco en un encuentro interuniversitario católico: “Debemos preguntarnos siempre: ¿para qué sirve nuestra ciencia? ¿Qué potencial transformador tiene el conocimiento que producimos? ¿A qué y a quién servimos? La neutralidad es una ilusión. Por ello, una universidad católica tiene que tomar decisiones, y estas deben ser un reflejo del Evangelio. Debe tomar una postura y demostrarlo con sus acciones de un modo trasparente, ‘mancharse las manos’ evangélicamente en la transformación del mundo y al servicio de la persona humana”.

Asimismo, recordó que el Papa León XIV en la XXVIII Asamblea General de la Federación Internacional de Universidades Católicas, celebrada el pasado 28 de julio, afirmó que las universidades católicas están llamadas a convertirse en “itinerarios de la mente hacia Dios”, porque, como comprendió Santo Tomás de Aquino, en «Cristo-Sabiduría está, al mismo tiempo, lo más propio de nuestra fe y lo más universal de la inteligencia humana», y por eso, la sabiduría así entendida, «es el lugar natural de encuentro y de diálogo con todas las culturas y todas las formas de pensamiento».
A renglón seguido, Sánchez Saus analizó la misión de las universidades católicas a partir los principios orientadores de las obras educativas de la ACdP, de 2007: “Las Obras Educativas de la ACdP se crean para formar cristianos con la máxima altura intelectual, e infundir en ellos una preocupación por la intervención en la vida pública”.
“Nuestras universidades mantienen el mismo tono que esa propuesta. Se ofrecen a la Iglesia como Instrumento de evangelización de los hombres y las culturas”
El catedrático se preguntó si era posible en estos tiempos que una comunidad académica, de una manera rigurosa y crítica y siendo ante todo una buena universidad, responda a una inspiración cristiana y pueda llevar esos principios a la realidad cotidiana y las actividades universitarias. A su juicio esta era la cuestión clave: “¿Queremos ser realmente universidades católicas? Si queremos, hay que vivir ese compromiso desde nuestros corazones con la ayuda de Dios”.
“El compromiso con la investigación y la excelencia en la docencia son irrenunciables como cualquier universidad prestigiosa. Pero ahí no se agota la propuesta católica, porque la finalidad no puede sustraerse de la voluntad de construir una comunidad académica unida en la común consagración a la verdad. En la caridad fundada en la verdad se generan, se sostienen y crecen los vínculos personales de magisterio entre maestros y discípulos, espacio natural de la inteligencia de los hombres y su libertad”, sentenció.
Ese compromiso para el catedrático debe abarcar “desde el contenido, la arquitectura, lo decorativo, a los planes de estudio; desde el cuidado de nuestros alumnos, a la preocupación de las familias que dependen de la universidad”. Y por encima de todo esto, enfatizó, “del cuidado de los profesores”.
“Hay que volcarse en los alumnos, sí, pero sin olvidar que somos una comunidad de profesores. Si se cuida el profesorado, por añadidura vendrá todo lo demás”
Por último, Sánchez Saus se refirió al deterioro que sufre el sentido comunitario de la Universidad española, entre otros males, en su opinión, por el individualismo y la burocracia. Por este motivo señaló que la reconstrucción de la comunidad universitaria “sobre sus bases primigenias cristianas puede ser la aportación de la universidad católica al conjunto del sistema universitario español”. “Los cristianos somos expertos en construcción de comunidades; la comunidad universitaria, aunque haya renunciado a sus raíces cristianas, solo puede asentarse a través de la afirmación de la libertad, justicia y dignidad del hombre desde los principios de la verdad”, concluyó.




