- 15 personas de la Universidad CEU Cardenal Herrera, entre ellas estudiantes, PAS y PDI, atienden a más de 600 niños en el voluntariado realizado en Santa Clotilde (Perú)

¿Qué significa realmente el voluntariado y qué impacto tiene? ¿Merece la pena el viaje y la ayuda que se presta en el sitio de destino? Son muchas las preguntas que, como estas, pueden venirnos a la cabeza antes de emprender un viaje de voluntariado. Sin embargo, el grupo liderado por el Capellán Mayor de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Domingo Pacheco, las profesoras de Odontología Ana Leyda, Pilar Torres, Alba Jover y Arianna Pometti, 8 estudiantes de este mismo Grado, junto con Sonia Cervera y Victoria Malea, integrantes del área de Comunicación Corporativa, lo tuvieron claro: sí, si se trata de ayudar siempre merece la pena.
El pasado mes de julio, un grupo de 15 personas de la CEU UCH realizó un voluntariado de 18 días en Santa Clotilde, Perú, enmarcado dentro del Proyecto Ágape. El objetivo del viaje era promover el cuidado de la salud bucodental desde dos áreas: concienciación de la importancia del cuidado bucodental y revisión y tratamiento de los niños que asisten al colegio Lugape ubicado en esta misma población. Sin embargo, esta experiencia va mucho más allá del trabajo odontológico que se realizó, que sin duda fue efectivo para los más de 600 niños a los que se les revisó y se les realizaron tratamientos como extracciones, curación de caries… Para los futuros odontólogos fue trabajar fuera de las aulas, con los medios disponibles, de la mano de los trabajadores locales y poniendo todo su cariño en los niños que estaban atendiendo. Y, todo esto, mientras apoyábamos la tarea pastoral que se desarrolla en esta misión inserta en la cuenca del río Napo.
Esta iniciativa, que forma parte de las actividades organizadas por el Proyecto Ágape, está realizada en coordinación con el Servicio de Pastoral y Voluntariado de la CEU UCH y la Facultad de Ciencias de la Salud, en concreto con los profesores y estudiantes del Grado en Odontología.



Un día en Santa Clotilde
¿Cómo era el día a día en Santa Clotilde? Debido al clima y a la humedad de la zona la jornada laboral empezaba muy pronto. A las 5 de la mañana sonaba el himno de Perú y empezaba el programa de radio informativo de la actualidad de la zona que se reproducía a través de los altavoces ubicados por toda la comunidad. A las 6 se celebraba la misa diaria y a las 7:00 el “Buenos días”, la reunión organizada en el patio del Hospital para informar de todo lo planificado en el día a todos los trabajadores.
El primer día, los voluntarios habilitaron un gimnasio con varias camillas para poder pasar revisiones a los jóvenes de educación primaria del colegio y a todos los estudiantes del internado perteneciente al mismo centro. Una vez hecho esto, empezaron a trabajar. Cada mañana, mientras unos estudiantes de Odontología (que se iban turnando) iban clase a clase dando las charlas de prevención en salud bucodental, el resto empezaba a trabajar en la zona habilitada con camillas. Los niños acudían con su clase para las revisiones y, mientras unos estaban atendidos, el resto de niños jugaba con las personas del equipo que no estaban atendiendo. Sobre las 13:30 empezaba la hora de la comida hasta las 16:00, momento de atender en la clínica a todos los niños que habían sido citados porque en las revisiones se les había detectado alguna necesidad. Sobre las 19:30 terminaba la jornada, tiempo libre y a las 20:30 hora de cenar, comentar cómo había ido la jornada y a descansar y reponer fuerzas para el día siguiente.
El viaje por el Napo
El viaje es una experiencia que merece la pena, aunque llegar puede considerarse toda una odisea. El 7 de julio salieron los voluntarios de Valencia a Madrid y la madrugada del 8 cogieron un avión rumbo a Iquitos con escala en Lima. Al llegar a Iquitos, pasaron la tarde y durmieron en el Vicariato para el día 9 por la mañana coger el barco, con transbordo incluido, que después de 7 horas les llevaría a Santa Clotilde, una comunidad ubicada al noroeste del departamento de Loreto, en Perú.
Santa Clotilde, capital del distrito de Napo, tiene una población de aproximadamente 2.700 habitantes según datos de la ciudad misma, la cual se distribuye en 10 barrios. No obstante, hay que tener en cuenta también las comunidades aledañas del distrito de Napo, ya que son muchas las personas que viven en pequeñas zonas rurales que se han ido construyendo a lo largo del río.
Durante las casi tres semanas de viaje, estudiantes y profesoras pudieron revisar el estado de la salud bucodental de más de 600 niños, a muchos de ellos se les empezó a tratar y, a los que no, se les crearon las historias clínicas para que los odontólogos locales continúen con la labor en los próximos meses.


¿Cómo fue la experiencia en palabras de los voluntarios?
Marta, alumna de 5 de Odontología, y única estudiante que repetía por segundo año consecutivo la experiencia, cuenta que ha sido increíble. “Allí conocimos gente maravillosa como los médicos del hospital o los maestros de la escuela que trabajaban por el bienestar de los niños. El trabajo que hacen estas personas es realmente increíble, ya que cuando empezamos nuestro primer día colaborando con ellos nos dimos cuenta del esfuerzo tan grande que hacían, pues terminábamos todos los días agotadas pero muy felices. También pudimos conocer a los chicos jóvenes de la parroquia con los que fuimos a visitar y cantar a las personas que estaban ingresadas, siendo uno de los actos que más me marcó.”






Por su parte, Alba Jover, vicedecana del Grado en Odontología de la CEU UCH, explica que se trata de una experiencia única: “Este mes de julio hemos vivido una experiencia inolvidable en Santa Clotilde, en la selva peruana, donde tuve la suerte de acompañar a un grupo de estudiantes del Grado en Odontología en un proyecto de voluntariado internacional. No solo llevamos salud bucodental a comunidades con recursos limitados, sino que también compartimos momentos únicos que nos unieron aún más como equipo. Me siento profundamente orgullosa de ver la calidad humana, la entrega y la sensibilidad de nuestros alumnos de Odontología. Volvemos con el corazón lleno y la certeza de que esta profesión tiene un enorme poder transformador a muchos niveles.” Alba es la segunda vez que volvía a Santa Clotilde aunque, sin duda, cuenta que cada experiencia ha sido diferente.
Entre los estudiantes que participaron había dos estudiantes francesas que, pese a las limitaciones del idioma, se sumaron a esta aventura. Una de ellas, Jeanne, explica que esta experiencia ha sido muy enriquecedora tanto a nivel personal como de aprendizaje en el área de la Odontología. “Nuestro grupo de voluntarios ha sido genial, hemos tenido la suerte de ser allí como una familia. Lo que más me impresionó fue la gente local que conocimos en Santa Clotilde, su amabilidad, su voluntad de aprender sobre su salud bucal”.





Además, Lucía, otra de las alumnas, cuenta que le impactó profundamente la cultura, la felicidad que transmite su gente: “Desde el punto de vista profesional, fue impactante ver la falta de medios y el escaso hábito de cuidado de la salud bucodental. El aprendizaje que me llevó es para toda la vida.”
La profesora Pilar Torres explica que este viaje le ha permitido “descubrir la devoción que procesan los peruanos en relación a la religión, no importaba cuál era, era parte central en sus vidas, su motor, y el no uso de móviles por parte de niños y adolescentes, pues me llevó a mi pasado al ver la madurez y la inocencia repartida como en generaciones anteriores y tan distinta a la que se observa en nuestros hijos y alumnos”. “Esperanza, gratitud, amor…he recuperado la fe en las futuras generaciones al conocer y convivir con unos estudiantes que han dado lo mejor de sí, y no porque se hayan esforzado unos días, sino porque esa actitud les nace del interior”, concluye.
Finalmente, el capellán Domingo Pacheco explica que “el Proyecto Ágape, en su avance, es un regalo que nos permite ver frutos tanto aquí, en la Universidad, como en el Vicariato San José del Amazonas. Desde que nació, hace ahora tres años, nuestro objetivo siempre ha sido ayudar en aquello que necesitan, y así lo intentamos, tanto en nuestras acciones como en las aportaciones económicas con las que colaboramos. En esta ocasión, ha sido un regalo acompañar a los alumnos, profesoras y personal que han participado, encontrándonos allí en Perú con quienes ya son rostros conocidos. Este viaje ha sido, una vez más, la evidencia de que es dando como se recibe”.







