Formado en la Escuela de Diseño del CEU en Valencia, ha co-fundado en México EWE Studio, donde desarrolla un concepto del diseño basado en el trabajo artesanal para crear piezas únicas, diseños con mucha personalidad, que se venden en galerías de arte y diseño en todo el mundo

Manu Bañó, formado en Diseño en el CEU de Valencia, es co-fundador de EWE Studio en México.
Manu Bañó, formado en Diseño en el CEU de Valencia, es co-fundador de EWE Studio en México.

Materia y proceso, artesanía y edición limitada, tradición y lujo. Estos son los conceptos que desde EWE Studio, en Ciudad de México, trabaja el diseñador Manuel Bañó Granell. Formado en la Escuela de Diseño del CEU, donde cursó la Ingeniería Técnica en Diseño Industrial y el Máster en Mobiliario e Iluminación, se instaló pronto en México para fundar, junto a Héctor Esrawe y Age Salajõe, un estudio dedicado a crear objetos artesanales de edición limitada, escultóricos y funcionales. Piezas únicas, para coleccionistas del diseño, inspiradas en la tradición artesanal mexicana, para trabajar materiales como el metal, la piedra, la madera y el vidrio.

¿Cómo definirías el concepto de diseño innovador que propones desde EWE Studio?

EWE surgió de la admiración por la tradición artesanal de México y las ganas de trabajar con técnicas prehispánicas y materiales nobles. Piezas únicas de producción lenta y detallada. La herencia artesanal de México es nuestra inspiración para forjar nuevas ideas con sustancia y significado. Junto con la destreza de cada artesano, colaboramos para transformar el vidrio, la madera, el metal, el barro, el textil y la piedra, entre otras materias primas, en piezas de edición limitada.

¿Y cómo surgió trabajar en México? ¿Qué te llevó a instalarte allí para desarrollar tu profesión?

Fue una mezcla inesperada de cosas. Conocí México por primera vez en 2009, cuando acompañé a mi padre a Guadalajara (Jalisco) porque lo invitaron a dar una conferencia en el DesignFest. Ahí conocí a Héctor Esrawe, que era parte de los conferenciantes, asistí a su conferencia y me sentí muy implicado con lo que hacía. Regresé a Valencia, terminé mis estudios en el CEU y emigré a Londres para empezar con mi vida laboral en lo que para mí era la capital del diseño en Europa. Tras un año, empecé a buscar otras opciones ya que la calidad de vida, los sueldos bajos y la saturación de diseñadores me abrumaron.

Alberto Martinez, de CuldeSac, que en esos momentos estaba realizando un proyecto en México, me puso en contacto con Esrawe. Desde el primer encuentro por Skype nos entendimos bien y dos semanas después ya estaba en México trabajando en su estudio. No me lo pensé, tenía ganas de cambio y hambre de nuevas experiencias.

Los comienzos son siempre duros y la distancia pesa, pero poco a poco me fui enamorando del país. Ya llevo casi 6 años aquí y planeo seguir unos cuantos más, es un país muy estimulante a nivel creativo, no me imagino lugar mejor para desarrollarme como diseñador.

¿Hay diferencias destacables en el diseño que se hace a uno y otro lado del Atlántico?

Muchas. Tantas que no sé por dónde empezar. México es un país en el que la artesanía sigue y seguirá viva durante mucho tiempo y el acceso a los artesanos productores es relativamente fácil. Solo en la Ciudad de México hay maestros artesanos de todas las disciplinas que puedes imaginar: vidrio, mármol, madera, fundición, corcho, tejido, cerámica, metales… Esto hace que la producción de objetos o mobiliario artesanal sea accesible y ágil. También hay infinidad de talleres y fábricas de pequeña, media y gran escala, y por lo general mi sensación es la misma que con los artesanos: hay una tendencia general a responder “sí” y están dispuestos a producir un proyecto de la escala que sea. No he tenido la misma experiencia con mi otro proyecto LaSelva Studio en España.

En México hay muy pocas “editoras de diseño” y marcas que colaboren con diseñadores para generar líneas de productos, producirlas y comercializarlas. No tengo muy claro por qué es, supongo que no ha sido siempre un país consumidor de diseño. Por lo que, a diferencia de Europa, los diseñadores no están acostumbrados a diseñar un producto para una marca de diseño. Los estudios de diseño están planteados de manera integral. Diseñan, producen y venden, generalmente sin intermediarios. Eso genera cambios de escala y de modelos de negocio.

¿Qué es lo que más te sorprendió al llegar a México y contactar con sus profesionales del diseño?

Cuando llegué a México y entré a trabajar en Esrawe Studio, me abrumó la cantidad de gente involucrada en un estudio de diseño industrial e interiorismo. Hoy en día Esrawe Studio se conforma de 60 personas entre arquitectos, interioristas, diseñadores industriales y expertos en diversas disciplinas. Tenemos un showroom propio y una planta de producción de mobiliario donde le damos vida a la mayoría de nuestros proyectos.

Otra sensación muy positiva que tengo a este lado del mundo es la buena relación entre la comunidad creativa. Hay una tendencia general a ayudarse mutuamente, creo que tiene que ver con la personalidad de los mexicanos. Todos colaboran entre ellos de manera muy horizontal, no prevalece el ego. Es difícil de explicar con palabras, pero, en resumen, si necesitas algo hay una gran comunidad de diseñadores, arquitectos o artistas en los que te puedes apoyar.

Durante tu época de estudiante ya destacaste en la Escuela del Diseño del CEU por tus éxitos en plataformas para jóvenes talentos como el Cevisama Lab, Nude, Palo Alto Market, Abierto Mexicano de Diseño en México, Designboom Mart en Suecia, Salone Satellite en Milán… ¿Cómo recuerdas aquella etapa?

Fue una etapa muy excitante y divertida, una mezcla de desconocimiento sobre el mundo del diseño y ganas de formar parte de él. Junto con David Galvañ y bajo nuestro proyecto LaSelva Studio, nos presentamos a todas las ferias de diseño que pudimos, empezando por varias en España, Italia, Suecia, México, incluso expusimos unas piezas en el Gumtree Flea Market de Singapur.

Todos los jóvenes diseñadores tienen que pasar por exponer sus productos al público. Esa es la primera vez que la gente te dice lo que piensa de tu trabajo cara a cara y es la primera oportunidad para negociar con marcas y conocer a diseñadores de todas partes del mundo que están en una situación similar a la tuya.

Ya desde tus inicios profesionales has recibido premios importantes, como el Industart Design Award, en Rusia; el K-DESIGN AWARD, de Corea; el IF Design Award en Packaging, en Alemania; hasta un BEST OF YEAR 2015, de la Interior Design Magazine de Nueva York… ¿Alguno es especial o fue clave en tu trayectoria?

La verdad, todos. Al final no se trata de qué concurso ganas o la importancia de este. Para mí se trata de producir piezas, de estar activo y actualizado, de generar portafolio, de enfrentarse a un briefing por primera vez.

A pesar de todo sí hubo algún premio que nos generó más movimiento que otros. La marca escandinava Bolia hace un concurso anual para seleccionar nuevos diseños para su colección. David Galvañ y yo nos presentamos en 2014 con la lámpara de mesa Faro. Fue curioso porque no ganamos el concurso, pero realmente pensábamos que la lámpara encajaba perfectamente en la colección de Bolia. Así que escribimos a la directora de producto de Bolia y le preguntamos que qué opinaba de ella. Para nuestra sorpresa, nos respondió de manera positiva y 6 meses después incluyeron Faro en su colección. Así que nunca se sabe, no se puede perder ninguna oportunidad.

Cuando trabajas en alguna de tus piezas, ¿qué lección aprendida en la Escuela de Diseño del CEU es la que más aplicas? ¿Qué valoras más de todo lo aprendido en tu etapa formativa?

De lo que más me acuerdo es del “boceta, boceta, boceta” que me decía mi padre, Manuel Bañó Hernández, cuando fue mi profesor de proyectos de diseño en el CEU. Y sus preguntas: «¿Has bocetado suficiente? Si no encuentras la solución es que no has bocetado suficiente…»

Es verdad que cuando algo te sale fácil, crees que tienes cierta ventaja y que no necesitas dedicarle tanto tiempo. Esto no es correcto, siempre hay que rechazar las primeras ideas, las primeras 5, las primeras 10, las primeras 50 y a partir de exigirte tanto, empezarás a generar ideas interesantes. Cuanto más trabajas, mejor te salen las cosas. No hay otra forma. Un diseño de dos días responde a una calidad de dos días, y uno de 6 meses a una calidad de 6 meses.

De mi madre, Marusela Granell, que también tuve la suerte de tenerla como profesora en el CEU, heredé el amor por el arte y el hacer las cosas desde la sensibilidad y no desde la funcionalidad pura y dura. Supongo que mi trabajo actualmente es la mezcla de lo que aprendí de mis padres y del resto de profesores de Diseño del CEU, condicionado por mis vivencias e inquietudes, que van cambiando a medida que crezco.

¿Qué consejo darías a los que ahora están en las mismas aulas del CEU en las que tú te formaste?

Les diría que prueben a trabajar en diferentes campos del diseño antes de decidir que algo les gusta o no. Todas las especialidades del diseño son interesantes y nunca sabes lo que te puede enamorar. Que trabajen mucho, estudien mucho y consuman mucha información, porque como diseñador eres lo que tienes en la cabeza: si tienes más, serás más. Que visiten muchas ferias, galerías, museos, muchos talleres y fábricas y que, en principio, no digan que no a ningún proyecto. Y por supuesto que viajen, porque los viajes abren la mente y generan nuevas posibilidades laborales. A lo mejor Valencia o España no es el sitio para desarrollaros como diseñadores.