El inicio del Grado en el CEU de Elche reúne a su primer claustro en torno a una idea: formar médicos exigentes, acompañados por sus profesores y capaces de mirar al paciente más allá del diagnóstico

Antes de que un estudiante aprenda a interpretar una prueba, explorar un síntoma o poner nombre a una enfermedad, necesita empezar a construir una forma de mirar. En Medicina, esa mirada no se aprende solo en los libros ni aparece de repente en una consulta. Se forma poco a poco, en el aula, en el laboratorio, en la conversación con los profesores y en la manera de entender qué hay detrás de cada caso clínico.
Con esa idea de fondo comenzó el Grado en Medicina de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Elche. El primer claustro de profesores, celebrado en el edificio Capitolio coincidiendo con el inicio de las clases, reunió al equipo docente que acompañará a la primera promoción de este grado en el campus ilicitano. El encuentro estuvo presidido por el rector Higinio Marín, junto al vicerrector del campus de Elche, Álvaro Antón, y el vicedecano de Medicina en Elche, Manuel Sureda.
La nueva titulación se incorpora al campus mediante la ampliación del Grado en Medicina que la CEU UCH ya imparte en Valencia y Castellón. Pero su llegada a Elche no se plantea solo como la apertura de un nuevo grupo. El punto de partida es más profundo: cómo enseñar Medicina en un contexto en el que la ciencia, la tecnología y la gestión sanitaria avanzan, pero donde el paciente sigue necesitando ser reconocido como persona.
Enseñar Medicina también es enseñar una forma de mirar
En el claustro, Higinio Marín situó una de las claves del proyecto: formar médicos exige algo más que ordenar contenidos y evaluar conocimientos. El profesor universitario, recordó, no puede actuar como un simple “dispensador de conocimiento”. Su tarea consiste también en acompañar el proceso por el que el estudiante aprende a pensar, a hacerse preguntas, a corregir errores y a asumir la responsabilidad que tendrá su trabajo futuro.
Esa idea resulta especialmente importante en una carrera como Medicina, donde cada aprendizaje inicial acabará conectado, tarde o temprano, con una decisión clínica. La anatomía, la fisiología, la bioquímica o la historia de la medicina no son materias aisladas. Son piezas de una formación que debe ayudar al alumno a comprender el cuerpo humano, la enfermedad y las circunstancias concretas de quien la padece.
Por eso, el inicio del grado no se reduce al primer día de clase. Empieza también con una forma de plantear la docencia: exigir, sí, pero sin abandonar al estudiante en el camino.
Profesores que acompañan, no solo transmiten
La exigencia académica fue una de las ideas más presentes en el claustro. Pero Marín la vinculó de manera directa al acompañamiento. En Medicina, pedir mucho al alumno solo tiene sentido si el profesorado está cerca, si orienta, si sostiene el aprendizaje y si crea las condiciones para que esa exigencia pueda convertirse en crecimiento real.
Ese acompañamiento tendrá una expresión concreta en el modelo docente previsto para Elche. El grado arranca con una organización basada en grupos reducidos, tutorías, seminarios, prácticas de laboratorio y actividades de simulación clínica. La dimensión del grupo permitirá un seguimiento más directo, especialmente en aquellas actividades en las que la participación del estudiante y la corrección personalizada resultan decisivas.
Pero la exigencia no se dirige únicamente al alumnado. También interpela a los profesores. Implica preparar bien las clases, coordinarse, compartir criterios docentes y mantener una relación académica que permita al estudiante avanzar sin quedar diluido en el anonimato de una titulación compleja.

Una facultad se construye con vida académica
Otro de los mensajes del claustro fue la importancia de crear comunidad académica. Una facultad no se levanta solo con horarios, aulas, laboratorios o planes de estudio. Necesita profesores que conversen entre ellos, que compartan lo que investigan, que contrasten experiencias docentes y que se estimulen intelectualmente.
En esa línea, Marín invitó al profesorado de Medicina a mantener seminarios científicos mensuales. La propuesta tiene sentido en un grado que empieza ahora su recorrido en Elche y que crecerá curso a curso. A medida que avancen las promociones, la titulación incorporará nuevas materias, más prácticas, escenarios de simulación y contactos progresivos con el entorno sanitario.
Durante el primer curso, las clases se desarrollarán en las sedes de Capitolio y Reyes Católicos, integradas en el campus urbano del CEU en Elche. A estos espacios se sumará el Centro Avanzado de Simulación, concebido para recrear situaciones clínicas en entornos controlados. En ellos, los estudiantes podrán entrenar procedimientos, comunicación con pacientes y familiares, razonamiento clínico, toma de decisiones y trabajo en equipo antes de enfrentarse a contextos asistenciales reales.
El paciente antes que el caso clínico
La mirada humanista de la Medicina atraviesa el proyecto desde el inicio. Higinio Marín defendió ante el claustro una formación que no reduzca la profesión a gestión, productividad, mercado o eficiencia. Todos esos elementos forman parte del sistema sanitario actual, pero no pueden desplazar el centro del acto médico: la persona enferma.
Manuel Sureda ha expresado esta misma idea con una imagen especialmente clara. En una habitación de hospital no hay “una neumonía, un páncreas o una vejiga”, sino un ser humano que está padeciendo una enfermedad. Esa afirmación resume una de las líneas de fondo del grado: enseñar a reconocer la patología sin reducir al paciente a ella.
Por eso, el plan de estudios combinará las materias científicas y clínicas con contenidos de Antropología, Historia y Doctrina Social de la Iglesia. La finalidad es que los futuros médicos aprendan a diagnosticar y tratar, pero también a interpretar las circunstancias personales, familiares, sociales y éticas que acompañan a cada paciente.
Esa manera de entender la formación médica conecta también con el desarrollo del campus de Salud del CEU en Elche. Para Álvaro Antón, la apertura de Medicina “constituye un hito de madurez académica y científica para un proyecto universitario que lleva más de tres décadas creciendo junto a Elche”, porque completa el área sanitaria del campus y abre nuevas posibilidades de trabajo conjunto en prevención, promoción de la salud, atención al paciente, investigación y formación práctica.





