El Gran Canciller de la Cardenal Herrera destaca la vocación de servicio de la doctora Volkow y la vida dedicada a la Iglesia de Monseñor Cañizares

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    El discurso de Alfredo Dagnino Guerra clausura el acto de investidura como Honoris Causa de ambos doctores

    Alfredo Dagnino, Gran Canciller de la Universidad, durante su discurso.

    Alfredo Dagnino Guerra, presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU y Gran Canciller de la Universidad CEU Cardenal Herrera ha elogiado la trayectoria en los ámbitos civil y eclesiástico de los dos nuevos doctores Honoris Causa por esta Universidad. De Nora D. Volkow, directora del NIDA estadounidense, Alfredo Dagnino ha destacado la vocación de servicio a los demás de su labor investigadora en el estudio de los efectos de las drogas en el cerebro, “vocación que es expresión del amor a Dios”.
    De Monseñor Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Toledo, el Gran Canciller de la Universidad ha elogiado “su vida dedicada a la Iglesia en esta hora que vive España, defendiendo la verdad, la dignidad del hombre, la libertad, la familia, el matrimonio y el bien moral de la unidad de España, y proclamando sin miedo, desde todos los rincones, la buena noticia del Evangelio”.
    Ambas trayectorias personales han sido calificadas por Alfredo Dagnino como un ejemplo para la obras educativas de la Asociación Católica de Propagandistas, “dedicadas a la formación católica de universitarios que se integren en la vida pública para servir a la Iglesia y al bien común”. Y ha recordado: “El CEU está próximo a cumplir 75 años como obra de la Iglesia y al servicio de la Iglesia, con fidelidad a su identidad y a los principios que lo vieron nacer”.
    “Siempre hemos querido servir a la Iglesia y a la sociedad a través de nuestra presencia en la vida pública”, ha señalado el presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, recordando el momento de “desfondamiento intelectual” que vivía la sociedad española en el momento de su creación.
    En la actualidad, las obras educativas de la Fundación, por su condición de Universidades católicas, “no sólo deben preocuparse por mejorar su rendimiento o incrementar su número de alumnos, sino que debe contemplar sus fines y su misión en la sociedad de hoy”. Para Alfredo Dagnino, esos fines conjugan la formación de los estudiantes “con la búsqueda apasionada de la verdad y con la síntesis entre fe y cultura, manteniendo fidelidad a su doble identidad, universitaria y católica. Porque el saber y la transmisión del Evangelio han ido siempre de la mano”.
    “Servir a la dignidad del hombre, al bien común y a la causa de la Iglesia deben ser los fines de una Universidad para la nueva evangelización”, que Dagnino ha calificado de “acuciante en los tiempos que vivimos”. Una labor que exige “sumar y no restar”, que demanda “unidad de acción entre los miembros de la Iglesia para que su presencia sea efectiva en la sociedad”.