Verónica Sanz: «El hecho de pertenecer a cierta clase económica puede hacer que te despegues de la realidad y pierdas la percepción de los problemas actuales»

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Una entrevista de Alfonso Sanfeliu / Imágenes: Espasa

A Verónica Sanz la vemos en La Sexta todas las mañanas y todas las noches de los sábados explicando y analizando la última hora de la actualidad en programas como Al Rojo vivo, Sábado Clave y LaSexta Xplica. Hecha en Cuatro y en Telemadrid, antes de llegar a Atresmedia, la catalana debuta en el mundo literario de la mano de Espasa con su novela Gente bien. Una historia coral que retrata el Madrid más exclusivo donde el poder es el protagonista y su precio por lograrlo muy pocos pueden pagarlo. Con un estilo mordaz y un ritmo narrativo adictivo, Sanz logra atrapar al lector con las vicisitudes de cuatro mujeres ricas, ambiciosas y contradictorias, cuya vida envidiable y de privilegio conlleva un precio que solo unos pocos están dispuestos a pagar. Una novela, afilada como un bisturí, que pone en tela de juicio el verdadero valor de pertenecer a las élites y la amistad femenina en esos círculos, mientras ahonda en diversos temas como la maternidad y la crianza desigual, las consecuencias de las ansias de poder, la doble moral y la hipocresía, la falsedad en las relaciones sociales y cuánto puede pesarnos el qué dirán, a la hora de actuar y de autoengañarnos. De su debut literario y de su obra, habló Sanz con El Rotativo.

Verónica debutas en el mundo editorial con la novela, Gente bien, en Planeta.  Un debut a lo grande que se une a dilatada trayectoria profesional. ¿No tenías suficiente trabajo como para ponerte a escribir?

Pues sí, podríamos hablar con mi marido y él también te lo diría, pero es mi forma de ser. A mí me gusta meterme en aventuras y hacer cosas nuevas es algo que necesito. Fíjate que ya trabajo en televisión y nuestra profesión no está exenta de emoción, pero necesito mi dosis de meterme en nuevos líos y este, al fin y al cabo, tampoco es tan inesperado, porque es otra manera de contar lo que ocurre en nuestras vidas. Además, este salto a la literatura lo hago de la mano de la actualidad, porque lo que cuento tiene bastante que ver con cuestiones de actualidad que he querido novelar.

Te vemos en Al Rojo vivo y todas las noches de los sábados te vemos en Sábado Clave y en LaSexta Xplica, pero escribir supongo que debe ser otra manera de exponerte, no sé si más íntima, arriesgada o personal.

Para mí escribir es una exposición muchísimo mayor, porque si bien la televisión y la pantalla te exponen, es una exposición a la que ya estoy acostumbrada. Estoy acostumbrada a salir por la tele y a contar la actualidad, pero la voz que tengo en la tele está pegada al rigor, a intentar ofrecer objetividad, datos y equilibrio en la información. Soy consciente de que la objetividad plena no existe, igual que no existe la perfección, y que, por eso, el trabajo de los periodistas debe ser -siempre- honesto, por lo menos en lo que cuentas. Pero, en la ficción la voz es diferente, porque puedes contar las cosas como tú quieres, incluso puedes alterar las historias y contarlas como tú crees que pueden haber sucedido o como tú crees que pueden ser más entretenidas. Por esa razón creo que la exposición es mucho mayor, porque me da la sensación de que estoy hablando con mi verdadera voz, por primera vez. La exposición es muchísimo mayor, sí.

Y, ¿cómo es esa voz? ¿Te ha costado mucho encontrarla?

La verdad es que he encontrado mi voz, a medida que iba escribiendo. Esta voz es muy parecida a mí por cómo cuento las cosas, cómo las analizo. Yo empecé a escribir la novela en 2022 y en ella quería hablar del fenómeno del sugardating, por ejemplo. Hay varios ejemplos en la novela, pero, fíjate, nos plantamos en 2024 y nos encontramos un ministro del gobierno de España que resulta que, sin explicarlo tal cual, tiene mujeres de compañía que nos cuentan que ha conocido a través de catálogos y, eso, yo ya lo había escrito relacionado con un empresario… Lo escribí sin pensar en nadie y, fíjate, lo que es la actualidad. Esto demuestra que hay ciertos ámbitos de poder donde determinadas figuras pueden tener a la mujer que quieran, porque ejercen ese poder económico o de influencia. Estos temas de actualidad que en la televisión tienes que ser rigurosa y debes contenerte porque no es tu opinión lo que estás trasladando, en la literatura he podido abordarlos con una mayor libertad personal.

¿Cuáles son tus principales referentes literarios?

Hay muchos. Me inspiró bastante la novela de Liane Moriarty, Pequeñas mentiras. Me gusta esa cosa doméstica que mi agente llama «Domestic Noir» y que Claudia Piñeiro también hace muy bien. Y de los autores españoles, en cuanto a una novela coral que me haya impresionado mucho es Patria de Aramburu. El ejercicio que hace Aramburu en Patria al contar la situación del terrorismo en Euskadi, durante los años de plomo y a través de tantas miradas y ángulos, es un ejercicio literario que me fascinó. Ese libro me ha marcado mucho, por su riqueza y la pluralidad que consigue con todas las miradas que ofrece, a la hora de ver cómo contar las cosas. También me gusta mucho Borges, me han hecho vibrar muchísimo, y, luego, me gusta la novela negra y me fijo mucho en Javier Cercas, en Almudena Grandes. Todos son nombres que me han marcado, me han enseñado.

«hay ciertos ámbitos de poder donde determinadas figuras pueden tener a la mujer que quieran, porque ejercen ese poder económico o de influencia»

¿Qué has pretendido escribiendo Gente bien?

He querido que, con esta historia, el lector reflexione. Aquel que la lea se va a dar cuenta de que no juzgo, sino que expongo las situaciones. En la novela no hay una carga moral, porque yo no tengo que decir qué está bien y qué está mal, Dios me libre. Sé lo que es legal y lo que no es legal y así lo cuento en el libro y que sea el lector el que juzgue y se cuestione qué habría hecho él o ella en esa situación. Por eso quiero incomodarle, entretenerle, atraparle entre las páginas. Muchos lectores me dicen que es adictiva y, desde aquí, ¡no me hago responsable del tiempo robado! ¿Eh? ¡No, quiero que luego me pasen cuentas! Pero sí que quiero que acaben la novela y no se queden indiferentes, que reflexionen, que se les muevan -por dentro- algunas cuestiones.

La novela hace una crítica a la frivolidad de la sociedad actual y a esas élites que actualmente nos gobiernan en lo político, económico, cultural, social.

He querido hacer un retrato social de clase y de cómo, el hecho de pertenecer a cierta clase económica puede hacer que te despegues de la realidad y pierdas la percepción de los problemas actuales. Ahora mismo, fíjate, la gran mayoría de la gente tiene como gran problema que no puede pagarse una casa. En cambio, nuestros protagonistas en esta novela están con un nivel de vida -tan alto- que para ellos eso no es un problema, su problema es el servicio doméstico. Creo que la novela intenta hacer una crítica ácida del poder y de cómo se activan palancas que, incluso sobrepasan lo moral y lo legal, para mantenerse en ese ámbito.

¿Convienes conmigo que es una realidad ficcionada de lo que estamos sufriendo los españoles con nuestras élites?

Podrían ser los españoles o los estadounidenses, ¿no? Cualquier país del mundo occidental o países donde hay democracias tiene sus élites de poder. Y esas élites de poder tienen que ver, sobre todo, con el poder económico. Yo planteo una novela en la que todo se puede comprar con dinero, el silencio de un fiscal o de un juez… lo que sea. Si ve la oportunidad de alterar una causa judicial, pues lo va a hacer, esto -más de actualidad- no puede estar, ¿no? Creo que cuanto más poder económico, seguramente más sensación de impunidad se tiene.

Verónica, ¿por qué cuatro mujeres como protagonistas?

Tenía muy claro, desde el principio, que iban a ser cuatro mujeres las protagonistas, porque tenía ganas de explicar esta historia de poder, en femenino. Quería fijar el foco en el reverso del poder, en esa otra parte que siempre hay en toda trama de poder o de corrupción. Allí donde hay tramas de corrupción, por ejemplo, no sólo están los protagonistas presuntamente corruptos cuyos nombres los vemos en el sumario, también están detrás sus hijos, sus mujeres, hay muchas otras derivadas. Todavía, gran parte del poder sigue estando en manos de los hombres, por eso, quería buscar el otro lado de la historia a través de cuatro mujeres que están en ese nivel social o económico, pero que no ejercen ese poder de forma directa. Ver cómo repercute en sus vidas, en las situaciones que se dan, creo que resulta un ejercicio muy interesante.

«Creo que la novela intenta hacer una crítica ácida del poder y de cómo se activan palancas que, incluso sobrepasan lo moral y lo legal, para mantenerse en ese ámbito»

¿Por qué cuatro, no te bastaba una o dos?

Son cuatro porque soy una ansiosa y me gusta mucho construir personajes. Me puse a dibujar una, surgió otra, después surgió otra más, al final, me gustaba la idea de una novela coral porque creo que te nutre y enriquece la lectura, la comprensión de la historia. El hecho de que haya diferentes historias ayuda a mantener el ritmo de la narración y, para mí, como lectora, es un aspecto importante en la novela. Disfruto mucho con historias que son corales, por eso, me lancé con una historia de cuatro mujeres.

¿Todas tienen algo de ti? ¿O me vas a decir que ninguna tiene nada de ti?

No, no, por supuesto que todas tienen algo de mí, y creo que es lógico, porque cuando te pones a dibujar personajes, ¿cómo vas a abstraerte, tú, como creador? Dibujando a cuatro seres humanos y siendo tú, un ser humano, ¿cómo no van a tener algo de ti? Además, creo que hay cosas que compartimos muchos de nosotros y a lo mejor no nos damos cuenta. ¿Por qué no explorar estos cuatro personajes? Pero sí, cada una de ellas tiene algo mío, por supuesto.

¿Qué te ha gustado más en todo este proceso creativo? ¿Con que te quedas o qué es lo que más has disfrutado o mejor te lo has pasado o has sufrido al escribir?

El proceso tiene momentos de todo tipo. Por un lado, se sufre mucho, pero es un sufrimiento que engancha. Después, está la creación, que la vives con mucha soledad, porque no tiene nada que ver con trabajar en una redacción. Cuando escribe levantas la cabeza y no suele haber nadie acompañándote, porque una novela la construyes en tu casa, en soledad. Aunque he de confesar que me he acostumbrado a buscar el máximo silencio y soledad. Por ejemplo, suelo escribir en la madrugada, y, aunque es un momento duro, también es gratificante. Pero, lo más gratificante del proceso es cuando empiezas a hablar de la novela con más personas y te dan sus impresiones…, ese momento es indescriptible, impagable.

«El hecho de que haya diferentes historias ayuda a mantener el ritmo de la narración y, para mí, como lectora, es un aspecto importante en la novela»

Para ti, ¿escribir supone un modo de desconectar del día a día, de la realidad, de la actualidad?

¡Claro! Poder salir del registro habitual, diario, libera. Cuando estoy en televisión no puedes utilizar tu voz, debes ser objetiva, exponer con rigor, explicar todas las opciones, pero en la literatura el lector te va a buscar porque le estás contando una historia completa con tu voz, ajena a tu rol en televisión.

¡A ver si ahora te quedas en el mundo de la literatura y perdemos una periodista de televisión!

No creo, no creo, no. Pero bueno, al final te diría que la comunicación la llevo en la sangre, todo podría pasar, pero me gusta mucho la ventana del directo, el estar todos los días mirando a la sociedad y al público, a través de la pantalla. Creo que echaría de menos el periodismo televisivo, llevo veinte años en él, si algún día me canso…, pero, por ahora, no.

Siempre has estado preguntando y contando la realidad, ¿cómo llevas la promoción de tu novela desde la otra parte de la trinchera?

¡Es muy duro! Eres de la profesión y vivo esto, casi casi, como una partida de ajedrez en la que a veces ves venir la pregunta, otras no la ves venir, otras tienes que reconducir tu respuesta o bien hay que ver cómo le das una respuesta a tu compañero para le sirva como un buen titular. Y, todo ello, sabiendo que estás jugándote tu imagen… La verdad es que es duro, es duro. No te voy a negar que me parece difícil, pero estoy contenta porque supone compartir tiempo con vosotros, con los compañeros y eso, es bonito.

Después de este debut, ¿piensas abordar otra nueva novela?

Si Dios quiere me pondré a escribir este otoño, aún no he escrito una línea, pero, bueno, vamos a ver…