León XIV, ante las Cortes Generales: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”

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Enviado especial en Madrid: Borja Gregori / Imágenes: Congreso Diputados –  EFE/Ballesteros

“Vengo ante todos ustedes como obispo de Roma y pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión confiada al sucesor del apóstol Pedro, como principio y fundamento de unidad de los obispos y de los fieles, coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en diálogo con los pueblos y con los Estados”. Con estas palabras, el papa León XIV ha arrancado su histórica intervención en el Congreso de los Diputados.

Era la primera vez que un papa acudía al Congreso de los Diputados. Ni san Juan Pablo II, en sus cinco visitas, ni Benedicto XVI, en otras tres ocasiones, habían acudido a las Cortes Generales de España. Recibido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta del Congreso, Francina Armengol, León XIV aseguró que su presencia entre los diferentes diputados de los distintos signos políticos era un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana.

“La Iglesia camina con la humanidad, comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada época y se deja interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy. Por eso, cuando se dirige a la vida pública, lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar”, continuó el santo pontífice.

También quiso destacar el trabajo que se realiza en el hemiciclo, al señalar que allí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida. “Por eso, más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes”, afirmó el papa.

Además, aseguró: “España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común”.

Por otro lado, reafirmó la historia de España al recordar a los Reyes Católicos y su importancia, al igual que la de la Universidad de Salamanca. “La presencia simbólica en esta sala de los Reyes Isabel y Fernando remite a aquel momento en que España quedó situada ante responsabilidades históricas de alcance universal. Pocos años después, Salamanca habría de asumir, con singular lucidez, la reflexión moral y jurídica que ese escenario reclamaba”, confesó el papa.

El pontífice matizó que, en aquella sede universitaria, hace quinientos años, se introdujo en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder.

Asimismo, destacó una de las herencias más importantes de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral. “Aquella contribución, nacida a orillas del Tormes, trascendió las aulas y las bibliotecas, y llegó a formar parte de una conciencia más amplia, compartida por la comunidad internacional, que sigue preguntándose cómo construir la paz sobre el reconocimiento de la persona y no sobre la imposición de la fuerza. Ese legado vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar”, comentó Su Santidad.

Respecto al valor de la vida, quiso hacer una reflexión defendiendo la vida humana. “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona”, argumentó el papa.

También defendió la importancia de la familia. “En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”, comentó el pontífice.

Además, no se olvidó de las instituciones educativas, ya que en ellas las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y sobre la dignidad de cada persona ni tampoco de la realidad de España con la migración y al recordar que numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. “La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. En los últimos años, las rutas cada vez más peligrosas han evidenciado el altísimo coste de esta realidad, tantas veces escondida o ignorada”, aseguró el papa.

León XIV también defendió el cese de los conflictos bélicos. “Toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones. Las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”, destacó.

Durante su intervención, también defendió que la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. “En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”, añadió León XIV.

El pontífice matizó que la paz no es solamente una realidad política o institucional, ya que nace también en la conciencia, allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación. Por eso, se instaura y se protege también a través del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro.

Por último, pidió a los diputados alzar la mirada para no alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca a personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír.

“España puede ofrecer mucho en este camino. Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias. Y que, sobre el Reino de España, marcado por la huella apostólica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan días de prosperidad, justicia y paz duradera”, finalizó.

Honores de Estado a León XIV

León XIV ha sido recibido en el Patio de Floridablanca por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; y la presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló. En él también se le ha rendido honores con los himnos de la Ciudad del Vaticano y de España interpretados por la Banda Sinfónica de Música de la Policía Nacional.

Precedidos por los maceros, los presidentes del Congreso y del Senado y el jefe de Estado del Vaticano han accedido al Palacio y se han dirigido al Salón de Conferencias o Salón de los Pasos Perdidos donde el Papa ha saludado a los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado, al jefe del partido mayoritario de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, y a los portavoces de los grupos parlamentarios de ambas Cámaras. 

Concluidos los saludos, Armengol ha invitado al sumo pontífice a firmar en el Libro de Honor de la Cámara Baja y, a continuación, se le ha obsequiado con un facsímil del manuscrito Beato de Liébana, códice de Fernando I y Doña Sancha, por parte del Senado; y de un facsímil del manuscrito Liber Horarum Libro de Horas, un ejemplar iluminado del siglo XV, por parte del Congreso.

Desde el Salón de Conferencias, León XIV, Armengol y Rollán han accedido a la Presidencia del Salón de Sesiones por la escalera de acceso desde la Galería del Orden del Día. Una vez en el Hemiciclo, la presidenta del Congreso ha abierto la sesión extraordinaria en ambas cámaras.