
Enviado especial en Madrid: Borja Gregori Imágenes: EFE/J.J. Guillén
“Doy gracias al Señor por este encuentro y expreso mi agradecimiento por la invitación a realizar este viaje a España”. Estas han sido las primeras palabras del papa León XIV en su primer discurso pronunciado en el Palacio Real. El Santo Padre aseguró que el vínculo entre la fe cristiana y España es también “una característica distintiva de vuestro pueblo”; por otra parte, ha moldeado profundamente su cultura, “representa una fuente de esperanza” y sirve de orientación ante los desafíos que hoy, como familia humana, debemos afrontar juntos.
Durante su primera intervención, quiso recordar el patrimonio cultural nacional. “Pienso en las expresiones de la fe popular, que en cada contexto de la vida, junto con el patrimonio artístico y musical, con las múltiples cofradías y asociaciones de carácter caritativo, dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo. ¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!”, destacó el pontífice.
También quiso explicar por qué ha venido a Madrid. “Vengo para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación”, confesó.
«Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De hecho, la realidad es superior a la idea»
Igualmente, recordó al papa Francisco y destacó sus palabras sobre la realidad política española. “Existe, en efecto, una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es; la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De hecho, la realidad es superior a la idea. La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación, en los que el diálogo con los demás y con el Otro con mayúscula se vuelve esencial”, argumentó el Santo Padre.
En ese sentido, también recalcó que, gracias a la cultura, la interioridad y una educación libre y de calidad, uno logra y aprende a ser libre: “La tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad; necesitamos trascendencia. Y, sin embargo, desde estas noches oscuras, hombres y mujeres fieles a la verdad se han visto impulsados a avanzar de estancia en estancia hasta el punto en que, en la conciencia, la justicia y la paz se abrazan. Es de su libertad de la que aprendemos a ser libres”.

A su vez, tuvo palabras para los representantes políticos, a quienes pidió transformar “la escuela, la universidad y la investigación”. Asimismo, hizo un llamamiento al cese de la violencia. “La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos pensando que proviene de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo”, afirmó León XIV. El pontífice puso como ejemplo la presencia del islam en la Península Ibérica, donde no solo hubo confrontación, sino que también se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos, poniendo como ejemplo la Escuela de Traductores de Alfonso X el Sabio.
Por ello, quiso invitar a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de la realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. “Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan”, aseveró.
«Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos»
Por otro lado, durante su primer discurso quiso recordar a dos españoles que, desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la vida espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. El papa León XIV destacó el papel de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el misterio divino. También resaltó el papel de Ignacio de Loyola. “Tuvo esta audacia, dando crédito a las desolaciones y consolaciones de su corazón, en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos. Comprendió que el bien al que se sentía atraído no era utópico y entonces su crisis se transformó en gracia. Lo mismo puede suceder con las ‘novedades’ que nos inquietan hoy y sobre las que nuestras sensibilidades están divididas”, destacó el papa.
También tuvo palabras para recordar su primera encíclica, Magnífica humanitas: “Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común y la paz, y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”, afirmó.
Por último, quiso animar a todos a que, en el interior del diálogo y la amistad social, tengan en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana.


