Isabel Arias: «La amistad merece el mismo lugar que el amor romántico»

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Una entrevista de Alejandra Carrillo / Imagen: Planeta

La escritora Isabel Arias regresa tras el éxito de Cuando volvamos a vernos, novela nacida de una experiencia personal profundamente dolorosa, con una nueva novela Amigos, nada más. Una historia luminosa sobre la fragilidad, la autoestima y el poder sanador de la amistad. Abogada de profesión y autora de guías de viaje, Arias construye una trama que se mueve entre ciudades vibrantes y emociones cotidianas para hablar de algo tan sencillo —y tan cuestionado— como la amistad entre un hombre y una mujer.

¿Cómo suele nacer una novela en su caso?

Normalmente parto de una idea de fondo que quiero explorar. Primero aparece el tema, esa inquietud que me ronda, y después construyo la historia que me permite desarrollarlo a través de personajes y situaciones concretas. En mi primera novela quería hablar de la capacidad de reinventarse tras una tragedia. En esta segunda, la chispa fue la amistad entre hombres y mujeres y lo difícil que a veces resulta sostenerla sin que el entorno la ponga en duda. Cuando encontré el punto de partida, todo encajó y me lancé a escribir.

Esta es su segunda novela publicada. ¿Qué ha cambiado respecto a la primera?

La primera fue todo descubrimiento. Aunque siempre he estado vinculada al mundo de los libros, como lectora, no conocía el proceso editorial desde dentro. Fue una aventura llena de ilusión y de primeras veces. Con la segunda ya conoces el camino, pero también sientes una responsabilidad distinta. Ahora hay comparación, expectativas. Aun así, la emoción de tener el libro en las manos, por primera vez, sigue siendo exactamente la misma.

Es abogada y autora de guías de viaje. ¿Cómo confluyen esas facetas con la escritura de ficción?

Las guías de viaje llegaron antes que las novelas y, en cierto modo, me entrenaron. Me han ayudado muchísimo a la hora de ambientar mis historias, porque mis novelas transcurren en ciudades que conozco bien. Eso me permite escribir con naturalidad sobre calles, cafeterías o librerías reales. Me gusta que el lector pueda reconocer los lugares si ha estado allí, o que sienta que viaja sin moverse del sofá si no los conoce. Leer también es una forma de viajar.

«Me llama la atención que todavía cueste tanto aceptar que puede existir una amistad profunda entre un hombre y una mujer sin que haya un componente romántico o sexuaL»

¿Se documenta mucho o se deja llevar por lo que ya conoce?

En estas novelas no he necesitado demasiada documentación porque los escenarios forman parte de mi vida. Eso sí, soy muy meticulosa con los detalles. Me ha pasado que al terminar un libro y descubrir que un local había cambiado de nombre o de distribución y he tenido que modificar la descripción para que reflejara la realidad. Las ciudades están vivas, evolucionan, y me gusta que eso también se note en la historia.

El eje de Amigos, nada más es la amistad entre un hombre y una mujer. ¿De dónde surge esa inquietud?

De experiencias personales y de observar lo que ocurre a mi alrededor. Me llama la atención que todavía cueste tanto aceptar que puede existir una amistad profunda entre un hombre y una mujer sin que haya un componente romántico o sexual. Parece que siempre tiene que haber “algo más” o que tarde o temprano lo habrá. Esa sospecha constante me parecía injusta y quería explorarla desde la ficción.

La novela plantea cómo el entorno influye en esa relación. ¿Es una crítica social?

Más que una crítica, es una reflexión. Muchas veces no somos nosotros quienes dudamos, sino el entorno: amigos que preguntan, familiares que insinúan, parejas que desconfían. Esa presión puede acabar condicionando vínculos que, en esencia, son sanos y valiosos. Quería mostrar cómo esa mirada externa puede complicar algo que debería ser sencillo.

Elena, la protagonista, comienza la historia en un momento de gran fragilidad. ¿Por qué decidió arrancar de esa manera?

Porque me interesaba situarla en un punto vulnerable. De repente sufre un golpe que afecta a su autoestima y la lleva a aislarse. Es una reacción muy humana: cuando algo nos supera, tendemos a refugiarnos. Desde ahí, la amistad se convierte en un salvavidas. A través del vínculo que establece durante el viaje, va recuperando poco a poco la confianza y la alegría.

«Me interesaba mostrar relaciones que no llegan a prosperar porque las personas no coinciden en el mismo momento vital»

Además de la amistad, la novela habla de autoestima y de amores a destiempo. ¿Quería abrir varios frentes emocionales?

Sí, porque la vida rara vez se reduce a un solo conflicto. Me interesaba mostrar relaciones que no llegan a prosperar porque las personas no coinciden en el mismo momento vital, algo con lo que muchos lectores pueden sentirse identificados. También quería abordar el tema de los complejos y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Todos arrastramos inseguridades y eso influye en cómo nos relacionamos.

Sus personajes resultan muy cercanos. ¿Les toma especial cariño mientras escribe?

Muchísimo. Para construirlos me inspiro en personas reales, en amigos, en vivencias propias. Algunos personajes tienen rasgos muy concretos de gente cercana, incluso hay alguno que conserva su nombre con permiso expreso. Es imposible elegir a uno favorito. Todos aportan algo distinto y todos forman parte de ese pequeño universo que termina siendo muy querido para mí.

¿Qué le gustaría que sintiera el lector al cerrar el libro?

Me encantaría que volviera a valorar la amistad. A veces colocamos el amor romántico por encima de todo y relegamos a los amigos a un segundo plano. Creo que es un error. No son vínculos excluyentes; pueden convivir y enriquecerse. Si alguien termina la novela y siente el impulso de escribir a un amigo al que tiene un poco olvidado, yo ya me doy por satisfecha. Con Amigos, nada más, Isabel Arias firma una novela que invita a revisar nuestras prioridades afectivas y a reivindicar la amistad como uno de los pilares fundamentales de la vida. Una historia cercana, honesta y luminosa que recuerda que, a veces, querer a alguien “solo” como amigo puede ser una de las formas más puras de amor.