Un reportaje de Borja Gregori / Imágenes: Misión País-Schoenstatt
Una cruz misionera, la Virgen de Schoenstatt y 32 jóvenes con un lema claro: «Amigos de Cristo, entreguemos la vida». Con esta frase, tomada del Evangelio de Juan 15,13 una treintena de jóvenes misioneros de Misión País procedentes de Madrid llegaron el pasado lunes y, por segundo año consecutivo, a Alfara del Patriarca. El mensaje era claro: transmitir a la población valenciana el mensaje del amor de Jesús.
Misión País nació en 2014 como una iniciativa misionera fundada por un grupo de estudiantes universitarios católicos vinculados al Movimiento de Schoenstatt con el objetivo de que España sea una tierra donde florezca la alegría de saberse hijos de Dios. Un mensaje con el que se cultive el amor mutuo, tanto en las alegrías como en las penas, y donde la preocupación por el prójimo sea un valor fundamental con el amor y Dios como pilares centrales. Este ha sido el objetivo de esta segunda misión en la que durante tres años, jóvenes visitan el municipio con la intención de dar y ayudar.
«Este año la acogida ha sido más amistosa porque ya nos conocían del año pasado, y eso se ha reflejado especialmente en todos los jóvenes con los que hemos logrado conectar», comenta Pablo Castell, jefe de la misión, quien cree que esto se debe a que los vecinos ven en ellos algo diferente a lo que están acostumbrados y, en cierto modo, ven en ellos a Dios.

Pero la misión no se centró únicamente en los jóvenes, ya que si por algo se conoce esta actividad es por la evangelización, puerta a puerta. Durante toda la semana, los misioneros fueron -casa por casa- dando a conocer a la Virgen María y a Dios. «Al principio te da algo de vergüenza, pero es el Espíritu Santo quien nos ilumina, y entonces todo cambia», afirma Sol Heredero, quien también señala que venir a Alfara era para ellos algo más que saltarse clases de la universidad. «No venimos de vacaciones ni a salir de fiesta, como algunas personas piensan. Aunque no lo parezca, la misión es dura, porque no solo se trata de anunciar el mensaje de Jesús, sino también de ayudar a la parroquia del pueblo en todo lo que necesite», concluye..
Los treinta y dos jóvenes han colaborado activamente en la vida parroquial realizando tareas como pintar la pared del monasterio de Carpesa, visitar ancianos o acompañar a enfermos donde la Virgen María también tuvo un papel central durante la misión. Bajo la advocación de la Mater, tres veces Admirable de Schoenstatt, los misioneros la llevaron puerta a puerta a los hogares del municipio como signo de esperanza y de confianza en la voluntad de Dios.

«Me contaban su vida y se emocionaba. Mucha gente lo que necesita es apoyo y que la escuchen, pero para nosotros era algo más trascendental, porque Dios llegaba a la casa del enfermo o del anciano. Nosotros escuchábamos, pero era Dios quien estaba presente», explica Diego Elvira. Por su parte, Joaquín Fernández afirmaba que lo que hacían era, sobre todo, acompañar. «Eso es lo que necesitaban, y enseguida se les cambiaba la mirada. Era Jesús quien escuchaba e intercedía por nosotros. Yo era un simple instrumento, aunque no me gusta decirlo así, ya que lo que estaba haciendo era ser un humilde mensajero que llevaba su mensaje», asevera.
Durante la semana los jóvenes también han tenido momentos más lúdicos para la comunidad parroquial y los misioneros. Además de disputar una pachanga de fútbol contra los jóvenes de Confirmación y los Juniors de San Bartolomé en la que ganó Misión País, el sábado se organizó una peregrinación al Santo Cáliz junto a los adolescentes del Alfara, tal y como explica Mercedes Sejías: «Pudimos conversar entre todos durante el camino hasta la catedral. Al llegar no te das cuenta de su magnitud por el cansancio acumulado, pero cuando eres consciente, te emocionas. Tenemos muy normalizado el Santo Cáliz en misa, pero es el mismo que usó Jesús en la Última Cena, y eso es algo muy importante e impactante».
La misión ha concluido este fin de semana con buenas sensaciones ya que los misioneros han aprendido que para poder tener felicidad, “primero tienes que dar y no esperar nada a cambio”. En 2027 el proyecto en Alfara caminará buscando dejar huella en la comunidad parroquial. Un final en este año 2026 que no es tal, sino que es la confirmación de un camino compartido, tejido a través de la escucha, la cercanía y la fe compartida.





