Una entrevista de Lucía Valderrama / Imágenes: @SeBuscanRebeldes
Ignacio Amorós (Madrid, 1986), es sacerdote y fundador de “Se buscan rebeldes”, un canal de evangelización católico que ofrece formación católica en temas relevantes para la sociedad actual, apoyándose en el magisterio de la Iglesia. Es un apasionado del sexto continente, el mundo digital, el cual utiliza para evangelizar, con mucho éxito: en Instagram, hoy cuenta con más de 54.000 seguidores en su cuenta personal, y más de 170.000 en su canal.
“La revolución de Dios”, “Tocar a Dios”, “Viacrucis de la misericordia”… son algunos de los títulos de sus siete libros. El último: “Un mundo dentro de ti”, lo acaba de publicar la editorial Palabra y lo ha presentado, recientemente, en el Palacio de Colomina de la UCH CEU. El libro busca ser instrumento para descubrir y cuidar el mundo interior donde nos encontramos con Dios. El padre Ignacio, además, es el capellán desde septiembre de la universidad hermana, la San Pablo CEU en Madrid, y de su nueva publicación, el momento de la juventud en la actualidad y sus inquietudes, su proyecto “Se Buscan Rebeldes” y las nuevas formas de acercar el Evangelio a los jóvenes reflexiona en esta entrevista concedida a El Rotativo.
Padre Ignacio, termina de publicar un nuevo libro en ediciones Palabra titulado Un mundo dentro de ti en el que nos invita a mirar hacia el interior en un mundo donde hay mucho ruido, tensión, rapidez. ¿Por qué hay que mirar dentro de cada uno de nosotros?
Porque, aunque el mundo creado por Dios es grande y bello, existe un mundo aún más grande y hermoso que llevamos dentro. San Josemaría decía: «¿Para qué has de mirar, si “tu mundo” lo llevas dentro de ti?». De ese mundo interior brotan nuestras acciones, palabras, éxitos y fracasos. Si sentimos que lo de fuera no nos llena, si tenemos sed de plenitud, es señal de que necesitamos descubrir ese «mundo invisible». Mirar dentro es necesario porque es ahí donde nos encontramos con nosotros mismos y con Dios; como decía san Agustín: «Que me conozca a mí, que te conozca a ti». Es en ese interior donde reside la verdadera felicidad que permanece en el tiempo.
Mirar dentro de nosotros exige hacer silencio y nosotros los jóvenes parece que no llevamos muy bien esto de hacer silencio o estar quietos o mirar hacia dentro de nosotros. ¿Cree que los jóvenes de hoy tienen dificultades para ese silencio interior?
Sí, vivimos en un mundo acelerado donde parece que desde el corazón del hombre del siglo XXI brota un grito: «¡Necesito silencio, paz, serenidad!». A veces nos da miedo estar solos y en calma. Cuando se apaga el ruido exterior, nuestra mente se llena de pensamientos que pueden generar ansiedad, y por eso muchas veces huimos de él conectándonos a otra cosa, una serie, un podcast, lo que sea con tal de no enfrentarnos a nosotros mismos. Blaise Pascal decía que todos los problemas de la humanidad provienen de nuestra incapacidad de estar tranquilamente solos en una habitación. Es un desafío real para esta generación.
A veces a mi generación le aterra estar en silencio, pero ahí es donde habla Dios, ¿cómo escucharlo? ¿Cómo lograr el silencio interior? ¿Por qué es tan importante?
Es importante porque, como enseñaba la Madre Teresa: «Dios habla en el silencio de nuestros corazones y nosotros escuchamos». Sin silencio no hay escucha, y sin escucha no hay oración. El silencio es el «portero de la vida interior». Para lograrlo, primero hace falta un poco de silencio exterior (dejar el móvil, los ruidos), pero sobre todo buscar el silencio interior: acallar la «loca de la casa» —la imaginación— y las preocupaciones. No se trata de dejar la mente en blanco, sino de vaciarla de ruido para llenarla de Dios. Mi consejo práctico: atrévete a parar unos minutos al día, sin móvil, y ponte en presencia de Dios. Deja que emerja lo que hay en tu corazón, aunque sea ruido o ansiedad, y háblalo con Él.

Para la sociedad la juventud es un estado vital donde, aparentemente, todo es Vida, alegría, fiesta, cuando la realidad de mi generación es otra… ¿cómo vivir el momento presente, integrando las heridas en nuestra identidad y permitiendo que Dios hable?
La clave es descubrir que la felicidad no está en las «felicidades de plástico» que nos venden (éxito, placer, dinero), que al final nos dejan vacíos. Para integrar las heridas, primero hay que reconocer que todos somos «pecadores necesitados de la misericordia de Dios». Nuestras heridas y miserias, cuando se ponen ante la misericordia de Dios, pueden ser sanadas y transformadas. Dios no nos quiere «perfectitos», nos quiere con un corazón nuevo. Vivir el momento presente implica recuperar el sosiego, el «arte del recogimiento», para no vivir dispersos y poder encontrar a ese Dios que habita en nuestro fondo.
Usted se ha convertido en casi un sacerdote influencer, ha creado una iniciativa que se llama Se buscan rebeldes, ¿con qué objetivo surgió esta iniciativa?
Se buscan rebeldes nació en 2019 con una misión clara: ser una plataforma de evangelización digital fiel al Magisterio, pero con un enfoque «rebelde e interpelante». Veía lo que hacían en Estados Unidos canales como Ascension Presents o Word on Fire y pensaba: «¿Por qué no hacer algo así en español?» El objetivo es ofrecer formación católica de calidad, con una producción profesional y un lenguaje cercano, «millennial», para mostrar que el cristiano no es un conformista, sino un rebelde que va contracorriente del egoísmo para vivir la revolución del amor de Jesús.
¿Está enfocada sólo a evangelizar en el continente digital, en las redes sociales, o bien también en el mundo analógico?
Es un proyecto nativo digital, porque el «continente digital» es donde hoy vive la gente. No es un área geográfica, es un «estado» en el que habitamos. Sin embargo, lo digital debe llevar al encuentro real. Nuestro objetivo es «hacer lío» —como pedía el Papa Francisco— para que la gente se encuentre con Jesús. Buscamos crear comunidad y que esa formación digital se traduzca en una vida sacramental y de oración real. Lo «onlife» (online + offline) se complementa.
«el cristiano no es un conformista, sino un rebelde que va contracorriente del egoísmo para vivir la revolución del amor de Jesús»
¿Por qué piensa que las redes sociales se han convertido en un espacio tan necesario para la evangelización?
Porque la gente «vive» ahí. Benedicto XVI ya nos invitó a evangelizar este «continente digital». Si la Iglesia existe para evangelizar, hoy debe estar donde están las personas. Las búsquedas en internet sobre temas espirituales son inmensas; hay una sed real de Dios. Las redes son la nueva ágora, y tenemos que estar ahí para «samaritanear», para curar heridas y ofrecer esperanza, no sólo para conectar, sino para generar encuentros verdaderos.
Junto a las redes sociales… últimamente parece que la fe está de moda… ¿Cree que entre los jóvenes está surgiendo un despertar hacia la fe o hacia la espiritualidad?
Sin duda. El hombre «digital» sigue buscando la trascendencia. Vemos que millones de personas buscan a diario respuestas sobre Dios, la Iglesia o la felicidad. Hay un despertar porque las ofertas del mundo secularizado no llenan el corazón. Los jóvenes no están hechos para una vida mediocre, sino para amar en grande. Movimientos actuales, canciones, películas… son signos de esa «sed de Dios» que no se apaga. Como decía Ratzinger, la fe no se impone, se propone, y cuando se propone la belleza de Cristo sin complejos, atrae.
¿Cómo debemos estar presentes los jóvenes cristianos en el mundo digital sin perderse? ¿Cómo no perder el foco de lo esencial?
El foco esencial es Cristo. Para no perderse, nuestra presencia debe ser reflexiva, no reactiva. No caer en la polarización ni en el «tribalismo digital» donde solo atacamos al que piensa distinto. Debemos ser «Buenos Samaritanos» en la red: curar la agresión con amabilidad, escuchar al otro. Y fundamental: cuidar nuestra propia vida interior. Si no rezamos, si no tenemos silencio, nos vaciaremos en las redes. Nuestra relación con Dios debe nutrir nuestra presencia digital.
«Los jóvenes no están hechos para una vida mediocre, sino para amar en grande»
Y, ¿qué consejo daría a jóvenes católicos que quieren compartir su fe en las redes sin caer en polarizaciones?
Que sean auténticos y que busquen «tejer comunión». No se trata de tener muchos likes, sino de ser testigos. Les diría que eviten las discusiones estériles y los juicios rápidos. Ante un comentario hostil, a veces la mejor respuesta es una «contranarrativa» de caridad o el silencio, no el ataque. Y que recuerden que cada cristiano es un «micro-influencer» en su entorno; lo importante no es la viralidad, sino la fidelidad al Evangelio y el trato humano.
Usted es un joven sacerdote muy polifacético… ahora suma su responsabilidad como capellán en la Universidad CEU San Pablo, ¿qué supone para usted este nombramiento? ¿Qué desafíos ve en el mundo universitario?
Para mí es un regalo y una responsabilidad inmensa. El desafío principal es ayudar a los jóvenes a descubrir su identidad profunda en una etapa clave de sus vidas. La universidad no es sólo un lugar para sacar un título, es donde uno se forma como persona. El reto es acompañarlos para que no se conformen con los «tiempos preestablecidos» de éxito que marca la sociedad, sino que descubran el «reloj de Dios» para sus vidas. Ayudarles a ver que su vida es suya, que se atrevan a salir de la zona de confort y a soñar con el plan de Dios, que siempre es mejor que el nuestro.
En el CEU una figura clave es San Pablo… pero a nosotros siempre nos han dicho también que «A Jesús por María», ¿cómo contagiar ese amor por la Virgen?
Mirando su interior. En mi libro dedico una parte al Inmaculado Corazón de María como modelo de «viaje al centro del alma». María es la mujer del silencio que guardaba todas las cosas en su corazón. Para contagiar su amor, hay que mostrarla no como una figura lejana, sino como Madre que nos enseña a hacer silencio y a acoger a Jesús. Ella es la maestra de la vida interior.

Vivimos tiempo de Navidad… ¿cómo vivirla desde el interior y el recogimiento cuando hay tanto ruido?
En Adviento el ruido «invade» los días y la paz suele ser la primera víctima. Mi recomendación es frenar. No se trata de tener una Navidad «logística» perfecta, sino de tener paz. Pregúntate: ¿Qué amenaza con robarme la paz este Adviento? Y atrévete a decir «no» a algo para hacer espacio a Dios. La Navidad sin paz interior es solo ruido. Busquemos momentos de calidad con Dios, quizás mirando el Belén en silencio, igual que buscamos calidad con los amigos.
Finalmente, padre Ignacio, buscamos rebeldes para anunciar el Evangelio… ¿cómo lograr que la gente que va a su aire se sume a la causa?
Mostrándoles que la verdadera rebeldía no es el egoísmo o el «hacer lo que me da la gana», sino amar. La gente se suma cuando ve autenticidad y alegría. Me gusta mucho cómo lo ha planteado nuestro nuevo Papa, León XIV, quien hace poco nos recordaba que «el Evangelio es un fuego que no nos deja estar tranquilos; la fe que no arde se apaga». El lema de Se Buscan Rebeldes es: «Dios te quiere y te quiere feliz». Cuando alguien descubre que el cristianismo no es una lista de prohibiciones, sino una revolución de amor que da sentido al sufrimiento y a la vida, se siente atraído. Hay que invitarle a esa «aventura optimista» de la santidad.
Un último apunte, ¿podemos llegar a ser santos?
¡Claro que sí! Y no hay que tener miedo a esa palabra. La santidad no es «no fallar nunca». Santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta de la mano de Dios. El secreto es la fórmula: «Máxima santidad, máxima misericordia». Aspirar a lo más alto en el amor, pero sabiendo que cuando caigamos —porque somos débiles— tenemos una misericordia infinita que nos levanta y nos hace nuevos. Esa es la esperanza cristiana.





