Una entrevista de Diego Estellés / Imágenes: Zhanzhi Chen
La sede en Valencia de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Palacio de Colomina, acogió recientemente la presentación del libro Otro modo de pensar, mujer, filosofía y cultura contemporánea escrito por la profesora de la CEU UCH en Elche Feliciana Merino. Un acto en el que la autora estuvo acompañada por Francisco Javier Montañez, Vicerrector de Estudiantes y Vida Universitaria de la CEU UCH; monseñor Javier Martínez, Arzobispo Emérito de Granada y José Alfredo Peris, profesor de la Universidad Católica de Valencia. Tras finalizar la presentación de este trabajo, Merino atendió a EL ROTATIVO para hablar esta obra en la que reflexiona sobre la mujer y el feminismo alejándose de cualquier interpretación y carga ideológica.
Feliciana, este último libro lleva por título “Otro modo de pensar: Filosofía, mujer y cultura contemporánea” ¿qué se aborda en él y qué le impulsó a escribirlo?
Se trata de un compendio de ensayos fruto de años de reflexión, estudio y escritura. En ellos abordo cuestiones como qué es y qué significa ser mujer, y cómo el feminismo ha ido cambiando nuestra manera de percibirnos. Es un intento de abrir el diálogo, de acercar posturas, de mirar los caminos recorridos y afrontar los retos que nos esperan —a hombres y mujeres— sin la pesada carga ideológica que hoy dificulta pensar y vivir de otra manera. Es, en ese sentido, un libro de memoria, de gratitud y de esperanza.
Este libro está conformado por diferentes temas que gravitan en torno a la mujer y el feminismo, ¿qué se le pretende transmitir al lector o conseguir con su lectura?
Busco que el lector se haga preguntas y vaya más allá del discurso del feminismo hegemónico, que es el del poder y que utiliza a las mujeres como monedas de cambio para obtener votos. Hoy se plantea la igualdad como borrado total de las diferencias, lo que ha generado una mayor polarización entre los sexos y nuevas desigualdades y esclavitudes de la mujer. Mi intención es mostrar un acercamiento, pues los hombres no son chivos expiatorios que lleven a cuestas la culpa del mundo por el mal llamado “patriarcado”.

El primer capítulo del libro recibe el nombre de ‘La mujer sigue enjaulada’, ¿a qué se refiere con esto?
Ese capítulo lo escribí hace 17 años y refleja una paradoja, que, aunque la mujer se ha liberado de muchas cadenas, han surgido otras nuevas. La libertad aparente ha conducido a nuevas formas de servidumbre, especialmente vinculadas al mercado y la profesionalización. No se trata de criticar la entrada de las mujeres al mundo laboral o profesional, sino de plantearnos cómo el mercado tomó las riendas y las mujeres capitulamos. Y ello a costa de la maternidad, que es la condición que más perjudicada se ha visto.
Durante la presentación del libro ha compartido su visión particular sobre qué debería ser el feminismo y su situación actual, pero ¿qué es para usted?
Considero que ver el feminismo únicamente como oposición al heteropatriarcado es un error, ha generado resentimiento hacia los hombres y distorsiona la historia real del movimiento. El primer feminismo no nació de ese antagonismo y considero que no debería alejarnos de los hombres, como sostiene Victoria Ocampo, ensayista y mecenas argentina, sino acercarnos más a ellos de manera más completa, más pura y consciente. Somos iguales, diferentes y complementarios.
Con el paso del tiempo el feminismo como pensamiento ha ido evolucionando y adaptándose a las nuevas generaciones, ¿cree que el feminismo que hay actualmente tergiversa lo que se pretendía en la primera ola feminista?
El primer feminismo surge de una situación insostenible, tanto para el hombre como para la mujer, que intensifica la división de roles y, por tanto, la búsqueda de una igualdad efectiva era muy necesaria, no solo igualdad jurídica, sino económica, política y profesional. Después, claro, al sistema económico esto le vino bien para subir el coste de la vida y la producción. A mayor demanda, mayor consumo. Si a eso le añadimos una ideología falsamente progresista que utiliza los conceptos de libertad y de igualdad como modo de conseguir votos y sensibilizar a las conciencias, es claro que algo se ha tergiversado.

Algunas personas tienen la concepción de que el feminismo es la causa de que haya tanto distanciamiento entre hombre y mujeres, ¿cree que el feminismo realmente promueve esta separación?
En algunas reivindicaciones de olas feministas posteriores surge la idea de eliminar totalmente las diferencias con los hombres. Aunque hemos ganado libertades importantes, hemos creado nuevas servidumbres: presión profesional, autoexplotación, ideal de éxito ligado al capital erótico, hipersexualización, prostitución forzada o voluntaria, pornografía, etc. Estas dinámicas de hecho han generado conflictos y distanciamientos entre los sexos que no existían en la primera ola.
A día de hoy existe un debate entre libertad y libertinaje, sobre todo con la exposición de carácter sexual de las mujeres en las redes ¿cómo ve esta hipersexualización respecto a lo que defiende el feminismo?
La hipersexualización introduce una competitividad entre mujeres, basada en juventud y belleza. Esto genera desigualdades nuevas: gasto en estética, gimnasios, cirugía, e incluso fracturas en la autoestima. Bajo la apariencia de libertad y felicidad, se crea un mercado donde la mujer compite consigo misma y con otras mujeres, reproduciendo estructuras de valoración externas que el feminismo original buscaba cuestionar.

Usted defiende que la primera ola era la versión más pura de lo que significa el feminismo, pero ¿cree que se puede plantear un enfoque más actual en comparación a esta primera ola?
Nunca podremos regresar exactamente a épocas anteriores, pero el mundo está por construir y, para ello, es necesario hacer memoria. Sin memoria no cabe la esperanza. Yo uso la metáfora del viaje de Penélope en la que la mujer contemporánea ha viajado, ha acumulado experiencias, pero aún debe reconocer y recuperar su fuerza. Volver no significa regresar al hogar, sino al centro, volver es reencontrar la voz genuina que se nos ha usurpado, nuestro ser, nuestro corazón espiritual.
La figura de Edith Stein ha sido muy importante en todo su pensamiento, ¿cuál era su perspectiva?
Stein decía que ninguna mujer es solo mujer, sino mucho más. No hay profesión que no pueda realizar una mujer, pero siempre lo hará desde su naturaleza y valores propios. Lo que hemos hecho es asumir valores androcéntricos en lugar de reconocer la fuerza complementaria de los nuestros. Su mensaje es recordar que la diversidad de perspectivas enriquece al mundo. También piensa que la fuerza de la mujer está en la fidelidad a su origen y a su destino en el que participa como sello irrepetible, y en reconocer la igualdad, la diferencia y la complementariedad de los sexos, desde el amor, que nace siempre del amor a Cristo.
Últimamente se ha enarbolado la palabra Woke como estandarte de la libertad en diferentes aspectos ¿cree que es un aliado para las mujeres?
El wokeísmo surgió con la intención de despertar conciencias ante las injusticias, pero lo que ha sucedido, como explico en el libro, es que esa sensibilidad se ha convertido en una forma de consumo de ideología. Lejos de liberar a las mujeres, las mantiene dentro de un sistema que las convierte en víctimas por decreto y que utiliza su dolor para sostener un nuevo tipo de poder. El capitalismo tardomoderno ha sido el gran beneficiado, pues ha convertido la empatía en marca, la justicia en eslogan y la libertad en mercado. No promueve una visión digna de las mujeres, pues son atomizadas en un discurso identitario falaz, además de presentar a los hombres como culpables potenciales, perdiéndose así la riqueza del diálogo y la cooperación entre géneros. Por ello es necesario reconstruir el camino del amor y del perdón.





