Una información e imágenes de Stefania Di Nicola
“El guion es lo que hace grande a una película”. Así lo manifestó Alejandro Amenábar en su reciente visita a Valencia con motivo de la Mostra de València. Organizado por la Asociación de Escritores del Audiovisual Valenciano (EDAV), el encuentro permitió al cineasta repasar junto con el público su trayectoria cinematográfica, desde su primer largometraje, ‘Tesis’, hasta su proyecto más reciente, ‘El Cautivo’, un biopic centrado en una etapa de la vida de Miguel de Cervantes que para él fue una experiencia muy personal.
“Me veo muy reflejado en Cervantes, yo también tengo esa pasión desde pequeño en el patio del colegio de contar historias”, explicó el director defendiendo que la ficción sirve muchas veces como forma de conocimiento y revelación. Tal y como el autor del Quijote en el filme, que su propósito era salir del cautiverio para ser leído en España, Amenábar recalca en este taller la importancia de tener un propósito en el ámbito del guion. “Tienes que saber qué quieres expresar y luego envolverlo en una golosina, en un género, para conectar emocionalmente con el espectador”, afirma.
En el mundo del guionista madrileño, los personajes suelen moverse impulsados por una búsqueda profunda de libertad. En ‘Tesis’, Ángela (Ana Torrent) quiere liberarse del miedo del horror que investiga; y no hay que ir tan lejos como Ramón Sampedro (Javier Bardem) en ‘Mar adentro’, que físicamente no podía moverse libremente. “La libertad, expresiva o no, es un tema que desde niño lo tengo muy presente”, dijo Amenábar justificando la construcción de estos protagonistas.
El cineasta, que ha tenido la suerte de trabajar con productoras americanas como la de Tom Cruise, contó anécdotas sobre lo que es trabajar en equipo en un proyecto cinematográfico, algo imprescindible para poder crear un relato rico y lleno de ingenio, como el de títulos como ‘Los otros’, por ejemplo, que destaca por su giro inesperado al final. Pero, destaca que debe haber relaciones simbióticas entre el equipo para poder sacarlo adelante. “La libertad supone renunciar al dinero”, dijo, reconociendo la limitación de los presupuestos en el mundo del cine, al mencionar que para hacer ‘Ágora’, tuvo que prescindir de 30 millones de euros.

A pesar de ello, contó en el Palau de la Música que Harvey Weinstein, productor que provocó el nacimiento del movimiento feminista #MeToo, se conocía como ‘Harvey Manostijeras’ por sus considerables recortes de guion. Él trabajó con Weinstein, y admitió que sin muchos de esos recortes la película no hubiese sido el éxito que sigue siendo hoy.
Para Amenábar, el público es una parte esencial del proceso cinematográfico; la audiencia no es solo un destinatario final, sino una fuerza que puede proteger y orientar a un cineasta. En su experiencia con los test screenings en Estados Unidos, descubrió el valor de enfrentarse a una sala llena de espectadores anónimos, personas “de la calle”, que veía su película antes de estar terminada. El cine cobra sentido solo cuando encuentra su reflejo en los ojos de quienes lo miran, y esta reacción tan sincera y espontánea fue lo que realmente le “permitió verificar que la historia funcionaba más allá del ámbito profesional”.
Tras explorar periodos antiguos como es el de Unamuno en ‘Mientras dure la guerra’ o en ‘El Cautivo’ en el año 1575, el director defendió la libertad interpretativa cuando se trabaja con hechos reales y a su vez asegurar la representación histórica. “Hay que distinguir entre lo probado, lo probable, lo improbable y lo imposible”, explicó. “Podemos jugar con lo probado y lo probable -después de pasar por un proceso de investigación- para construir una historia que enganche”, recalcó al señalar que una ficción no siempre tiene que ceñirse a los hechos históricos en los que se basa.
En este masterclass Amenábar puso el guion en un pedestal y lo posicionó como el motor de toda película, enfatizando una vez más la importancia de contar historias para ser libres. Para él, celebrar estos encuentros son esenciales para mantener un diálogo entre el cineasta y su público; ayudan a futuros guionistas a, entre sequías creativas, seguir poniendo en papel su ingenio.





