Una entrevista de Diego Estellés / Imágenes: Alejandra Carrillo
El politólogo Pablo Simón es profesor titular de ciencia política en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid, además de doctor en ciencias políticas y sociales por la Universitat Pompeu Fabra y ha sido investigador postdoctoral en la Université Libre de Bruxelles. También es analista habitual en medios de comunicación como La Sexta, TVE o Cadena SER. Sus investigaciones se centran en la política comparada, los sistemas electorales y de partidos, el comportamiento electoral, la participación política de los jóvenes o la descentralización política y fiscal. Asimismo, ha publicado diferentes artículos académicos en revistas como West European Politics y figura como coautor en las publicaciones conjuntas “La Urna Rota” y “El Muro Invisible”, además de ser autor de «Votar en tiempos de la Gran Recesión» o «El Príncipe Moderno: Democracia, política y poder», entre otros. Simón visitó la CEU UCH en un encuentro con los alumnos de Ciencias Políticas donde el politólogo reflexionó en torno a la «Situación de la juventud y la política en España», tras la cual habló con El Rotativo en torno a la actualidad política nacional e internacional y el auge de la extrema derecha.
La política nacional e internacional se nos muestra cambiante con un crecimiento destacado de los partidos de extrema derecha que, en ocasiones, puede ser difícil de comprender en un estado democrático y de derecho. ¿Estamos asistiendo a un viraje político hacia la extrema derecha?
Los datos indican que los partidos de extrema derecha están en torno al 17-18 por ciento a nivel europeo, lo cual es un crecimiento de más o menos 10 puntos desde antes del año 2015. O sea, que evidentemente todos los datos que tenemos indican que sí, que efectivamente ese viraje será. Además, los jóvenes son uno de los colectivos que más se ha visto influenciado, no el único, porque también lo han hecho clases obreras, sectores con menos recursos o clases medias, tenemos de todo.
Y, ¿a qué cree que responde esta situación?
Por un lado, hay sectores que se sienten perdedores en un contexto en el cual sus empresas se deslocalizan, no tienen acceso al trabajo que tenían antaño, etcétera, lo que habría generado en ellos el apoyo a partidos proteccionistas que les prometen recuperar el control, como pasaba con el Brexit o volver a hacer a Estados Unidos grande, como decía Trump. Por otro lado, está la tesis más cultural, que dice que la sociedad se ha vuelto heterogénea, más cosmopolita y hay sectores que no entienden este mundo. Es lo que Pippa Norris llama el ‘White Agreement’, el hombre blanco cabreado, que se rebela contra las mujeres, los migrantes, la multiculturalidad en favor de sociedades más étnicamente homogéneas.
Ante este crecimimiento, ¿existen herramientas tenemos para luchar contra el auge de la extrema derecha?
Los cordones sanitarios han funcionado, pero solo hasta cierto punto, porque tarde o temprano estos partidos llegan al poder y tampoco funciona copiar su discurso, porque cuando lo hace la derecha tradicional, la derecha radical sigue creciendo. No sabemos exactamente cómo dar con la tecla y creo que esto es muy contextual, depende un poco del país. En algunos sitios donde han estado en gobiernos, la extrema derecha se ha ido muy mal, como ha sido el caso de Austria o de Finlandia, pero en otros sitios se recupera y puede llegar, o incluso es primer partido, como ocurre en Francia, Alemania o Italia. Por lo tanto, no hay una fórmula evidente.
En este entorno de polarización estamos leyendo -durante estos días- noticias en las que el comunicador y activista político Vito Quiles está siendo protagonista de momentos de tensión en diversas universidades españolas, la última la Universidad de Navarra. En un ambiente alterado como el que esta viviendo la sociedad española, ¿usted cree que, son su actitud, Vito Quiles trata de replicar la figura de Charlie Kirk?
Creo que Charlie Kirk no ha tenido un final muy venturoso como para pensar que esté buscando terminal como él, pero sí pienso que tiene una enorme sintonía generacional, pues conecta mucho con la manera de comunicar, de expresarse, de ser, de un colectivo importante. Él va a las universidades porque sabe que ahí tiene de un lado seguidores, pero sobre todo la posibilidad de generar ruido mediático, trifulca, bronca, que haya victimización. Por tanto, es una dinámica claramente polarizadora y confrontadora que resulta enormemente rentable.
El contexto geopolítico internacional también está muy convulso con conflictos como el de Ucrania y Rusia o el de Gaza e Israel. Al respecto de este último conflicto, Israel ha violado el alto el fuego recientemente aceptado por ambas partes. ¿Cómo cree que va a ser el futuro político de Israel al vulnerar el alto el fuego?
El alto el fuego es algo que va a tener una vocación de continuidad, básicamente porque Donald Trump le ha dado instrucciones a Israel de que la situación quede congelada. Por lo tanto, puede haber violaciones concretas de dicho alto el fuego, pero yo no anticipo que vayamos a ir a un escenario de guerra caliente en el corto plazo. No de momento, sobre todo cuando el propio Hamás está enormemente debilitado. Lo que tendremos que ver es cómo se reorienta esto, pero Netanyahu tendrá elecciones el año próximo y entonces los israelíes decidirán.

Y desde el ámbito de la diplomacia internacional, ¿cree que es correcto que España se desligue de Israel en sus relaciones políticas?
Ya lo hemos hecho a través de la aprobación de un embargo de armas. España ha optado por esa decisión, que es una decisión que sintoniza con el sentimiento mayoritario de la opinión pública en nuestro país, por lo tanto, yo creo que aquí el gobierno está siendo simplemente un reflejo de la preferencia que tienen mayoritariamente los españoles. Otra cosa es que desde Perspectiva institucional y como Estado, tú tienes que mantener un mínimo de relaciones con cualquier país del mundo y yo espero que eso sí que se preserve.
¿Cree que España está tomando una buena decisión negándose a pagar el 5% para el armamento?
Ningún país va a conseguir llegar al 5% como objetivo, lo considero un hecho indudable, porque es un objetivo irreal que busca básicamente contentar a Trump en un contexto concreto y, sobre todo, beneficiar a la industria armamentística de los Estados Unidos. Lo que ha hecho España es decir en voz alta lo que todo el mundo piensa en privado, que es que los objetivos de gasto de la OTAN tienen que ir acompañado de un plan estratégico que delimite las capacidades concretas de cada país y en función de eso lo ejecute. Aquí Sánchez está jugando emplear la carta internacional para alinearse con lo que piensa la mayoría de los españoles, contrarios a dicho incremento del gasto. Esto va a generar ruido también en términos de la relación de España con la administración Trump, pero desde luego, yo creo que lo que no tenemos ahora mismo es un despliegue razonable de 2 cosas: primero, capacidades estratégicas y reorientación de la OTAN, es decir, hacia dónde y de qué manera; segundo, y lo más importante para mí, un pilar europeo de defensa, que es un tema que continúa sin discutirse y sin plantearse.
Una decisión de esta naturaleza, ¿puede tener consecuencias para nuestro país?
Dichas consecuencias ahora mismo me resultan complicadas de vislumbrar, no por nada, sino porque la política arancelaria, por ejemplo, es compartida en toda la Unión, luego no puede poner aranceles específicos contra España. El señor Marc Rutte aceptó la posición que había defendido nuestro país, aunque luego la matice cuando está delante de Donald Trump. No entiendo muy bien exactamente en qué se podría traducir dichas sanciones, tendría que verlo, pero no en una expulsión.
Podríamos estar hablando largo y tendido sobre geopolítica nacional e internacional, pero en un último apunte, ¿usted cree que es real la amenaza que supone Rusia para Occidente, según la OTAN?
Rusia está jugando a testar las capacidades de la OTAN, coas que ya hizo con la anexión de Crimea, en Ucrania y en la guerra de Georgia, además de hacer periódicamente vulneraciones del espacio aéreo de las repúblicas bálticas, bien con drones, bien con cazas. Tarde o temprano lo testará y lo hará sabiendo que Donald Trump es su principal aliado y que no está claro que la OTAN vaya a responder ahora mismo. La situación yo creo que es preocupante porque lo que mueve a Vladimir Putin, sobre todo, es un ánimo de nostalgia imperial, por lo que no obedece a un cálculo comercial o económico en parámetros racionales europeos tradicionales.





