Ignacio Mateos, licenciado en Bellas Artes, con la especialidad de Pintura, por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Mercado del Arte por el Sotheby’s Institute of Art de Nueva York, debuta en el mundo literario de la mano de Planeta con su ópera prima, Meditarte. Un trabajo en el que Mateos ofrece al lector una nueva manera de meditar, a través de las obras de arte, cuya metodología ha sido adoptada por diversos departamentos de educación de los más prestigiosos museos del mundo. De Arte, meditación, contemplación y fe hablamos con él, en una animada conversación donde también tuvo cabida nuestro vertiginoso modo de vivir, incluida la Inteligencia Artificial.
Ignacio en un mundo de locos donde vamos a toda velocidad y ni nos aguantamos entre nosotros, nos pide que nos detengamos y que nos pongamos delante de un cuadro a pensar y a meditar. Creo que usted tampoco está muy bien pidiéndonos esto…
Ese es el debate y el punto de partida. ¿Dónde estamos? ¿Cómo estamos confrontando esta vorágine vital y este exceso de información? Ante esto lo que propongo es que tenemos que aprender a echar el ancla y pararnos. Y lo podemos hacer meditando ante obras de arte, pero también debemos cuidarnos entre todos, conversar, ayudarnos y perdonarnos los posibles errores que podamos cometer.
Muchas veces, los jueces más duros e implacables somos nosotros mismos.
Por eso hay que echar el ancla y pararnos. Hay que ser compasivos con nuestro entorno y con nosotros. Para alcanzar esto, la meditación es un buen punto de inicio. Ella nos permite interiorizar las actividades de nuestro día a día de una manera que, cuando todo se esté poniendo cuesta arriba o estamos muy acelerados o muy metidos en la rueda del hámster, seamos capaces de parar y respirar concentrados, cambiar de escenario o dar un paseo corto para redimensionar todo lo que uno está viviendo. Yo propongo al lector tener una actitud contemplativa a través de lo visual. Somos una cultura muy visual y, a través de lo visual, se puede meditar.
Habla de meditación y contemplación. En muchas ocasiones se habla de ambos conceptos sin distinción junto a la reflexión. ¿Nos puede aclarar la diferencia?
Hay matices. Para mí, meditar es contemplar una realidad desde diferentes puntos de vista y no de una manera consciente. Mi maestro de meditación siempre me ha dicho que hay diferencias entre la meditación concentrada y la contemplativa. La concentrada recoge todas las técnicas de meditación que han llegado a Occidente y que son las que la gente entiende como el mindfulness y que suponen una concentración hacia dentro de uno. En mi caso, propongo una concentración contemplativa hacia fuera a la hora de ver una obra de arte, un paisaje, una creación y ver qué nos dice, qué nos interpela.
«Somos una cultura muy visual y, a través de lo visual, se puede meditar»
Es un enfoque muy interesante el que plantea, pero si hablamos de la contemplación, debemos mencionar la trascendencia y, ¿dónde queda Dios? ¿Dónde queda la fe?
Esta es una cuestión que cada uno de nosotros debe de comprender o llevar a su terreno. Desde luego que podemos hablar de lo divino y llevarnos la contemplación hacia un terreno religioso. La historia de las civilizaciones siempre ha estado conectada con lo religioso y, en ello, la contemplación de iconos es parte fundamental para crecer en esa fe. Es verdad que la fe no la abordo mucho en esta obra porque la propuesta que planteo quiere llegar a todo el mundo, pero esta obra hay herramientas para que todas las personas que quieran desarrollar su fe, a través de la meditación, lo hagan.
No aborda la fe de manera explícita pero sí que toma los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola como una herramienta para alcanzar esa meditación, esa contemplación.
¡Sin duda! He tenido un tío misionero jesuita, en Japón, y eso siempre me ha despertado mucho interés, hasta el punto de completar los ejercicios espirituales. Creo que hacerlos es una experiencia excelente para cualquier persona que se quiera acercar más a la meditación y a la contemplación.
¿Qué tiene el arte que despierta en el ser humano tantas sensaciones, sentimientos, pensamientos?
Frente a la existencia de imágenes de inteligencia artificial, carentes de emoción, la obra realizada por un artista es el resultado de una reflexión -muy profunda- por parte de su creador. Para hacer una obra, el artista habrá analizado la realidad social, el contexto histórico y habrá pensado el mensaje que quiere transmitir a través de ella, ya sea de tipo documental, de denuncia social o lo que quiera representar. Lo que está claro es que el arte es el gran legado de nuestra civilización y tenemos que acercarnos a él para disfrutarlo y para volver a examinarlo, a revisarlo, a redescubrirlo, a reinterpretarlo. Muchas de las inquietudes y de los problemas que ocurren hoy en día, ya han sido estudiados por los artistas, y volver a ellos nos puede dar la solución y evitar cometer los mismos errores que nuestros predecesores. Merece la pena acercarse al espíritu, al alma, de una obra de arte frente a lo insulso de las imágenes u obras generadas por IA.
¿Qué se debe hacer para conectar con una obra de arte y alcanzar la contemplación?
A través de lo visual y estético de la imagen es como debemos bucear en nuestro interior. Si estamos hablando de un icono religioso, cuanto más se conozca el contexto y la escena del Evangelio representada, se comprenda e interiorice, la persona tendrá una experiencia mucho mejor. Lo que quiero decir es que la contemplación de la paleta de color, la composición de la obra, el tema que recoge, sirven para influir positivamente en la persona que lo está viendo.
«Cada persona puede tener ese cuadro, diferente al resto, que lo lleve a contemplar»
Lo que ocurre es que acercarnos a una obra de arte en un museo con el fin de meditar, estando éstos colonizados por turistas haciéndose selfies y fotos de grupo no es una tarea fácil.
Es verdad que cada museo es un mundo y no es lo mismo un acercamiento a la obra del Reina Sofía que a la obra del Museo del Prado o a una colección privada, evidentemente. Meditar con la Mona Lisa o ante El jardín de las delicias va a ser complicado porque son obras que están completamente rodeadas de público, pero hay muchas otras obras que nos pueden ayudar a contemplar y vivir de otro modo. Yo recomiendo acercarnos a una obra escapando a un lugar de confort dónde podamos desconectar del mundo -en el más amplio sentido de la palabra-, encontrar esa imagen que nos sea agradable y colocarla frente a nosotros. Después cabe adoptar una postura cómoda y firme y mantener una actitud de principiante, para que, sin juicios ni expectativas, contemplemos la obra y nos dejemos atrapar por ella. Con todo ello hay que ser conscientes del presente, del ahora, y llegará ese momento de contemplación.
Recomiéndeme una obra con la que calme mi mente, por favor.
Me gusta mucho el impresionismo y es por él, por lo que ha surgido este libro. Las sensaciones relajantes de las obras de Manet, Renoir o las obras de Monet -mi artista favorito- fueron el detonante que me permitió experimentar esas sensaciones relajantes mientras contemplaba sus obras. La abstracción de Monet y su paleta de color supone otro nivel de comprensión e inducción. Esa conexión con la naturaleza que nos lleva a la calma en el presente es lo que comparto en este trabajo.
Las meninas, El jardín de las delicias, las obras de Patinir o de Brueghel el Viejo, ¿nos pueden llevar a la contemplación?
Depende. A mí, personalmente, me cuesta meditar con Las meninas, pero hay que reconocer que cada cual puede encontrar la fuente de meditación en una obra diferente a la que a mí me suscita ese estado de contemplación. Por ejemplo, El jardín de las delicias es una obra que me ha vuelto loco desde pequeño y ante la que me he pasado, horas y horas, contemplando sus detalles. Cada persona puede tener ese cuadro, diferente al resto, que lo lleve a contemplar: un paisaje en una montaña, un bosque, un prado. Hemos hablado de museos, pero las iglesias, por ejemplo, también son lugares en los que, a través de sus obras y patrimonio, pueden llevar al visitante a la contemplación, a la meditación, a la reflexión gracias a la estética, a la belleza, a la simetría de las formas… Examinando escenas de la Biblia, muchísima gente puede conectar con ellas y alcanzar la contemplación de una manera magnífica.
Antes de irnos a meditar, ¿para cuándo el próximo trabajo?
Ahora mismo estoy disfrutando dando a conocer Meditarte. Espero que vengan muchas ediciones más y, a partir de ahí, veremos si viene un nuevo trabajo.





