La fuerza de la solidaridad: voluntarios frente a la devastación de la DANA

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Foto: Voluntarios de la DANA en Valencia/Luna Catalán

Miles de personas han unido fuerzas para ayudar a los afectados de la catástrofe del pasado 29 de octubre

Una información de Luna Catalán

Han pasado ya siete meses del mayor desastre natural vivido este siglo en España. La DANA que azotó el pasado 29 de octubre a la Comunitat Valenciana y que también afectó a otras comunidades autónomas ha dejado un total de 227 fallecidos en la provincia de Valencia. Desde entonces, cuerpos de seguridad han trabajado incansablemente para ayudar a los municipios afectados y a los cientos de personas que han sido afectadas.

En medio de la devastación la respuesta ciudadana fue masiva e inmediata. Se estima que entre 45.000 y 50.000 voluntarios se movilizaron durante los primeros días para llevar comida, además de ayudar con la limpieza en las zonas más afectadas como eran Paiporta, Benetússer, Sedaví, Catarroja y Massanassa, entre otras. Miguel Salvador, presidente de la Plataforma de Voluntariado de la Comunitat Valenciana (PVCV), destacó la gran magnitud de esta movilización: “durante esos días, salían 50 autobuses diarios con aproximadamente 50 personas cada uno”.

“La ayuda ha sido muy importante y lo sigue siendo”, aseguraba el presidente de la PVCV. Han actuado físicamente en 48 municipios, y son 5.500 las personas que siguen trabajando en la recuperación junto a 35 asociaciones que siguen a pie de calle. Salvador insistía en que las ayudas desde la plataforma iban a mantenerse. “Ahora vamos a empezar una ayuda con unos fondos del ministerio de asuntos sociales del Gobierno de España”, comentaba, “seguimos aquí, nosotros no vamos a olvidar”.

Miles de personas se han acercado a las zonas afectadas para ofrecer toda la ayuda posible, desde voluntarios experimentados hasta sin experiencia. Salvador comentaba que, durante el primer mes, fueron 24.000 personas, de las que el 50 % eran voluntarios de emergencias y de otros sectores, y las otras 12.000 eran ciudadanos de a pie que se interesaron por asistir allí.

Se estima que entre 45.000 y 50.000 voluntarios se movilizaron durante los primeros días para llevar comida, además de ayudar con la limpieza en las zonas más afectadas

Voluntarios sin experiencia como Quique Puig, estudiante de física de la Universidad de Valencia, que en cuanto vio el caos y la cantidad de personas que necesitaban ayuda, no dudó en buscar la forma de llegar a las localidades afectadas. “Terminé en un grupo de WhatsApp organizado por mi club de atletismo, C. A. Poblats Marítims, donde cada día decenas de personas salían organizadas al parque de la Rambleta”, comentaba Puig. En ese mismo lugar, en la zona habilitada para los voluntarios, les distribuían los productos necesarios para cada pueblo, poniéndose previamente en contacto con los alcaldes.

Esa conexión con los alcaldes fue un gran obstáculo durante los primeros días, era prácticamente imposible contactar con los ayuntamientos porque “estaban desolados, los trabajadores no estaban allí físicamente”, comentaba el presidente de la PVCV, “la coordinación con los ayuntamientos fue lo que más nos costó porque estaban también colapsados”. A pesar de los inconvenientes, cientos de asociaciones y personas pusieron su granito de arena para poder ofrecer todo cuanto estuviera a su alcance. 

No solo se pudo asistir a través de asociaciones, como ya hemos podido ver en el caso de Quique Puig, sino que tanto universidades como colegios se organizaron para reunir grandes grupos y asistir al llamado de socorro. Es el caso del centro educativo La Purísima, donde la exalumna Valeria Marzo asistió junto a su familia como voluntarias. “Decidí ir con el colegio por la fácil organización”, comentó Marzo, “me apunté en un formulario de Google y tras ello crearon un grupo de WhatsApp para informarnos de todo”, aseguraba. Formulario que compartieron a través de sus redes sociales, y canales de difusión, para que llegase a la mayor cantidad posible de personas.

Historias personales

Sin duda, lo que más ha trascendido de esta catástrofe ha sido la historia de cada persona involucrada. Aunque la mayoría de afectados recibieron con buenas palabras y sonrisas a los voluntarios, muchos otros gestionaron sus sentimientos de forma muy diferente. Quique Puig contaba como en Sedaví cruzó caminos con una integrante de la casa en la que estaban ayudando, y como ésta solo se dedicó a “discutir con los hijos de la vecina todo el día”. 

“Estuvimos todo el día más de diez personas recogiendo la tierra, el fango y los restos de la pared tirada”, comentaba, “sin embargo, la mujer tan solo gritaba descargando todo sobre nosotros”. Fue ese momento el que más impactó al joven voluntario, el cual se dio cuenta que “no todo era esfuerzo y coordinación”, sino que en el fondo había “un profundo sentimiento de frustración”.

muchos voluntarios no solo cargaron emocionalmente con las historias personales de los residentes afectados, sino que también cargaban con sus propias historias

Desde la PVCV también han hablado de lo emocionante que fue para ellos vivir las historias de los cientos de personas a las que han ayudado. “Me impactó mucho la ayuda que les dimos a los jóvenes agricultores de Castilla Liberal, que lo habían perdido todo”, narraba Salvador. También, pudieron ayudar tanto económicamente como materialmente a una peluquería de Albal, la cual quedó destruida tras la DANA, dejando a una madre de tres niños sin su sustento económico.

Además, muchos voluntarios no solo cargaron emocionalmente con las historias personales de los residentes afectados, sino que también cargaban con sus propias historias. Puig contaba como la noche del 29 de octubre en su casa reinaban los nervios, ya no por ellos, sino por su abuela, una mujer de Alcudia de 95 años. 

La mujer, que necesita el andador para desplazarse, vive en una calle donde el agua llegó a alcanzar los dos metros. Por suerte, la cuidadora que le acompañaba le dio tiempo a subirla hasta el descansillo de las escaleras, junto a la bombona de oxígeno que necesita para vivir. “Lo pasamos muy mal ya que la cuidadora no hablaba bien español”, narraba Puig, “tan solo teníamos imágenes del agua recorriendo las calles que nos pasaba la vecina de enfrente de mi abuela desde el balcón”.

Cansancio psicológico

El cansancio físico entre los voluntarios era evidente, muchos de ellos se mantenían ayudando desde que salía hasta que se ponía el sol. Además, los residuos que se iban acumulando día a día no hacían el trabajo fácil, “al agua contaminada tenía un olor algo fuerte”, comentaba Marzo. Este cansancio era evidente y visible para quien estuviera en primera línea de acción, pero muy poco se pudo ver los efectos psicológicos que acarreó la catástrofe.

Muchos pudieron contar con apoyo psicológico, desde la PVCV tienen a 40 personas de la administración para brindar apoyo psicoemocional y material. Pero la gran mayoría no obtuvo apoyo alguno, quedando devastados al ver la situación en con sus propios ojos. “Me dejó muy afectado ver cómo estaba la situación de mal en Paiporta”, comentaba Puig.

Esta catástrofe es un recordatorio de que, si se mantienen las personas unidas, se puede superar cualquier obstáculo

“Calles en las que era más fácil nadar que andar entre fango estancado por dos semanas… Tanto que probablemente fue la causa de que no volviese, me dejó muy tocado psicológicamente”, narraba Quique con angustia. Hoy en día sigue caminando por las calles, ya limpias, en las que estuvo ayudando, la gran mayoría desembocan en el barranco. Y no puede evitar horrorizarse al pensar que en el agua en el que “estaba sumergido” habían yacido cadáveres, los cuales “tardaron mucho en empezar a retirar”.

Sin duda, sin la presencia de los voluntarios muchos de los municipios no habrían avanzado tan rápido en la limpieza y reconstrucción de sus calles. Es por ello por lo que Miguel Salvador ha querido lanzar un mensaje de aliento para que sigan aportando, ya que todavía hay gente que sigue teniendo deficiencias en comercios, viviendas, colegios, etc.

«Que sigan ahí y se pongan en contacto con PVCV, que nosotros enseguida los derivaremos a cualquiera de las entidades que están trabajando allí”, decía, “no dejen de invertir algo de tiempo en ayudar”, concluía así Salvador.

La devastación causada por la DANA ha dejado una huella imborrable en la región y en sus habitantes, y aunque el camino hacia la recuperación sea largo y esté lleno de desafíos, el compromiso y la perseverancia de los voluntarios y las asociaciones continúan siendo fundamentales. Esta catástrofe es un recordatorio de que, si se mantienen las personas unidas, se puede superar cualquier obstáculo.