Lorenzo Silva: “La literatura ha servido y sirve para combatir la desmemoria y oponerse a esa indiferencia”

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Lorenzo Silva

Redacción ROTATIVO / Imagen: Editorial Planeta

La crisis sanitaria por COVID-19 ha hecho que a lo largo de estos últimos meses los eventos multitudinarios, prácticamente, se han paralizado suspendiéndose o aplazándose fechas tan significativas como Sant Jordi, el Día del Libro. Este jueves 23 de julio ha sido el día elegido para celebrar un Sant Jordi 2020 atípico y nosotros, desde El Rotativo, lo queremos celebrar compartiendo con ustedes una conversación con el escritor Lorenzo Silva quien ha publicado nueva entrega de su saga de Bevilacqua y Chamorro, ‘El mal de Corcira’, esta vez con un tema de fondo tan determinante en la historia reciente de España como es el terrorismo de ETA. De Bevilacqua, la vuelta a su pasado y la literatura habló, desde Madrid, con nosotros.

¿Es este el momento adecuado para abordar a través de esta novela una cuestión, tan complicada en la historia reciente de España, como es el terrorismo de ETA?

Las historias saltan cuando les da la gana, y, en mi caso, esta historia -en su origen más remoto- me asaltó muy pronto. Nací en un país que vivía bajo la amenaza de esta organización terrorista y crecí en un barrio, Intxaurrondo, que era un objetivo donde también atentaron. Y una experiencia así te interpela. Si tú te dedicas a contar historias ¡cómo no te va a interpelar una historia así! Lo que ocurre es que la historia te asalta cuando quiere y ella también encuentra su momento para salir a la superficie. Es ese momento en el que se puede comprobar que ya tiene su sazón para poderla abordar.

La historia no es fácil…

Es una historia complicada, por muchas razones, y, entre ellas, es que se debía contar -al menos- cuando había concluido el ciclo de la actividad armada de ETA y eso es lo que a mí me ha llevado a esperar veinte años. Yo sabía que, tarde o temprano, terminaría escribiendo sobre ello, pero he necesitado este tiempo para encontrar el conocimiento, la perspectiva, el ángulo y también la ficción desde la que quería contarla, porque yo quería hacer una novela, no un ensayo. Quería hacer una novela y convertir esta historia en la aventura de unos personajes en la que invitar al lector a recorrer esta historia junto a ellos.

Los jóvenes, ahora, no tienen ese recuerdo o experiencia de los años durísimos de terrorismo en España y eso hace que, en algunos casos, no lo ven como una amenaza real o como lo doloroso que fue. ¿Abordar esta cuestión a través de la literatura puede ser un modo de acercarles esa realidad y que sean conscientes de lo que se vivió, simplemente, porque es historia reciente de nuestro país?

La literatura ha servido y sirve para muchas cosas a lo largo de la historia y, entre ellas, para combatir la desmemoria y oponerse a esa indiferencia. La literatura es lo contrario a la indiferencia y quizás en un contexto en el que algunos quieren pasar página muy rápido, otros no sienten nada y otros, incluso consideran que se puede simpatizar con diferentes ideologías haciendo abstracción de los hechos pasados, son razones para no dejar que esto se apague y, desde la literatura, abordarlo. También creo que la literatura busca estos asuntos y estas historias y aquí es donde realmente la literatura puede aportar algo. A lo largo de la historia la literatura ha sido capaz de mantener encendidas muchas llamas que no era deseable que se apagaran y no me refiero a la llama del rencor, el cual nunca es deseable. La literatura ha sido capaz de mantener encendida la llama de la memoria que nos advierte de lo que somos capaces cuando nos olvidamos de algunas cosas. En el fondo, la historia de ETA es una historia que se da a lo largo de la historia de la Humanidad y que encarna el hecho de que cuando alguien admite el sacrificio humano como herramienta para conseguir sus propósitos, abre una caja de Pandora que acaba -incluso- en la banalización del sacrificio humano. Ese es el mayor envilecimiento que puede padecer una sociedad. Ha pasado muchas veces y nunca estamos exentos de que esto pueda volver a pasar.

¿Sentía necesidad de escribir una novela con este tema de fondo, como un compromiso con nuestra sociedad?

La literatura es un oficio comprometido, siempre. La literatura, a parte de un compromiso con uno mismo, también puede ser un compromiso con el mundo en el que vives y con la sociedad en la que has crecido y a la que, en mi caso, le debo mucho. A lo mejor no puedo resolver nada con mi literatura, pero sí que intento que reporte algún valor a la sociedad en la que vivo y a las personas que la componen. Un valor que no es doctrinal ni ejemplarizante. Sencillamente, intento plantearles a los lectores una conversación que sea relevante y que aporte algo en sus vidas y en la conversación de la comunidad.

Escoger la literatura para abordar esta cuestión en vez del ensayo ¿le ha permitido abordar la dureza de esos años con una mayor libertad sin abandonar el rigor a lo ocurrido?

Escoger la literatura me permite llevar al lector a situaciones más vívidas que lo que te permite el ensayo. El ensayo al final siempre tiene una cierta dosis de abstracción, distancia y, en cambio, la ficción narrativa siempre tiene la ventaja de que tú puedes poner al lector en el corazón de los hechos, de las emociones, del conflicto, y lo puedes hacer por la vía de mostrar los hechos, los comportamientos, sin tanta especulación y de una manera, quizás, más efectiva. Podríamos teorizar mucho sobre la legitimidad y la ilegitimidad de la acción terrorista de ETA, pero creo que es mucho más elocuente mostrarle al lector los sentimientos que afloran en un niño de siete años cuando asesinan a su padre de cinco tiros en el pecho que teorizar sobre el hecho en sí mismo. Un hecho así no se puede contar en un ensayo, solo puedes hacerlo narrándolo en una historia como ésta y abordas el desafío que es narrar eso. Este es, quizás, uno de los pasajes más difíciles de la novela, sino el más difícil para mí, a lo largo de cuarenta años de escritura. Pero la literatura tiene la ventaja de que no te quedas en esa argumentación que a veces es lo característico del ensayo.

la ficción narrativa siempre tiene la ventaja de que tú puedes poner al lector en el corazón de los hechos, de las emociones, del conflicto, sin tanta especulación y de una manera, quizás, más efectiva

¿Nos encontramos, por tanto, ante un retrato emocional de esos años?

¡Es que lo que ahí sucedía durante esos años era muy emocional! He hablado con muchas personas que vivieron aquella época, no solamente con guardias civiles sino también con algún antiguo miembro de ETA y escuchas que siempre hablan desde la emoción. Todos. Porque lo que sucedía les removía mucho y esto hacía que en muchos momentos -cosa que hay que tener en cuenta- no tuvieran las ideas claras, porque cuando la emoción es muy fuerte, el juicio se te puede enturbiar y eso pasa en muchas ocasiones y a muchas personas. Es imposible hacer un relato de esos años sin apelar a la emoción. Y no como recurso para jugar con ella sino para mostrar que las emociones están ahí y que son determinantes de los acontecimientos. En una dinámica como la de ETA y su apoyo social, es muy difícil entender a la banda terrorista sin esa gestión del odio que hizo. Una organización terrorista se dedica, entre otras cosas, a la gestión del odio y el odio es una emoción.

Ha hecho referencia a ese apoyo social. ¿Qué opinión le merece que en estos últimos comicios vascos Bildu haya obtenido una mayor representación?

Viví esa realidad con una sensación compleja porque, por una parte, es decepcionante porque la organización política no ha hecho una ruptura clara con quienes consideraron que el sacrificio humano era una estrategia válida y sigue teniendo apoyo social relevante en la comunidad. También es verdad que ellos han ocultado -todo lo que han podido- esa conexión y han intentado diluir sus siglas entre otras fuerzas políticas para pasar más desapercibidos… Pero pese a todo me decepciona. No obstante, también hay otra lectura que se puede hacer y es que quienes ahora votan a Bildu, en tiempos pasados pensaban que iban a mandar por la vía de la amenaza a sus vecinos, pero ahora han descubierto que amenazando y extorsionando no van a mandar y han optado por presentarse a las elecciones. Ellos pretendieron -en un tiempo- que todos hiciéramos lo que nos mandaran, pero ahora tienen que presentarse a las elecciones, tienen que convencer a los ciudadanos y, al final, el resultado es que han obtenido votos, sí, pero como no han convencido a gente suficiente… pues ahora van a tener que pasar cuatros años en la oposición. Y esa es la realidad.

¿Dónde sitúa el fin de la actividad armada terrorista?

Fueron muchos, los factores que influyeron para su final. Era un proyecto sin futuro y sin solvencia moral, pero logró reunir muchas energías y esas energías les daban mucha fuerza. Creo que la derrota de ETA fue policial y con la Ley. España encontró mediante el trabajo de sus servidores públicos -tanto en Justicia como en Seguridad- llevar a cabo una estrategia en la que, aplicando las leyes con rigor, con profesionalidad y con un trabajo policial muy riguroso se logró cercar y lograr que fuera inoperativa, porque ETA se disolvió porque era inoperativa. Ese giro se produce a finales de los ochenta principios de los noventa donde aún tenía mucha fuerza, pero en ese momento comienza a desarrollarse un trabajo de investigación policial muy serio, con análisis de la información, interpretación, inteligencia policial que es el que logró que tres décadas después y tras muchos esfuerzos la banda terrorista terminase por ser inoperativa. La Guardia Civil llegó a tener un conocimiento tan profundo de ETA, que logró que ésta no pudiese maniobrar sin que quienes se enfrentaban a ella lo supiesen. También ayudó la población vasca que, poco a poco, se fue posicionando frente a la banda terrorista. Finalmente, la ilegalización de todo su entramado en una acción conjunta policial y de la Justicia hizo posible su final. Es verdad que las ideas, en una democracia, no podemos ni arrancarlas ni erradicarlas, solo se pueden combatir con las herramientas democráticas y debemos procurar que aquellas ideas que nos parecen indeseables se mantengan minoritariamente y no influyan en el transcurso y discurso de la sociedad, pero no se puede hacer otra cosa con las ideas.

Es curioso que el papel relevante de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado parezca que aún no ha sido totalmente reconocido o aún se cuestione…

La verdad es que hay mucha ligereza en la sociedad. El conocimiento es laborioso y el perjuicio es común… Conocer en profundidad quienes son y qué han hecho cuesta y dejarse llevar, en cambio, por un estereotipo no solo es fácil, sino que en algunos ambientes tiene premio y eso creo que casi lo explica casi todo.

¿Por qué situar a Bevilacqua ante su pasado?

Bevilacqua es un hombre que está en la madurez y, en ella, no suele haber grandes cambios salvo que uno se vuelva loco. En la vida muy difícil estar satisfecho y orgulloso de todo lo que has hecho y es imposible estar feliz en todo momento. A partir de un cierto instante de nuestras vidas la aspiración que se tiene y que quiere alcanzar es la de acabar razonablemente en paz, con lo que uno es, lo que ha hecho y lo que sigue haciendo. Para Bevilacqua volver allí le ayuda a vivir esa experiencia de buscar estar en paz consigo mismo y con lo que ha hecho a lo largo de su vida, gracias a volver allí y rememorar ese pasado en un ejercicio confesional donde el destinatario de esas confesiones es el lector, aunque esté personificado en su compañera.

Todo un ejercicio de sanación…

Sí. Desde el momento en el que somos conscientes de que nuestra vida está hecha a partes casi iguales de aciertos y de desaciertos, nos damos cuenta que buena parte de nuestra tarea vital pasa por asumir nuestras meteduras de pata y, como dice un personaje al final de la novela, el primer requisito para poder perdonar al otro es admitir el mal que tiene que ver con uno y perdonarse a sí mismo.

¿Veremos a un Bevilacqua distinto en las próximas entregas?

Sí que vamos a ver a un Bevilacqua diferente. Incluso hay aún algún que otro episodio de su vida que iremos conociendo en futuras entregas… Veremos más ejercicios de este tipo y veremos a un personaje que intenta asumirse, todavía más, en profundidad.