Reportaje e imágenes de María Server
Cuando más de 70 municipios fueron afectados por la DANA, se puso a prueba también lo menos visible: la fe. David Mora es sacerdote en la parroquia La Inmaculada Concepción de Paiporta desde septiembre del 2022. Su vocación surgió en el año 2000 durante un retiro espiritual tras un testimonio dado por un jesuita, pero nunca imaginó enfrentarse a una catástrofe de tal magnitud junto a su comunidad.
El 29 de octubre, mientras descansaba, escuchó un ruido extraño en el hueco del ascensor, ‘como si se hubiese roto una tubería’. En cambio, al bajar vio cómo estaba todo lleno de agua embarrada y, en cuestión de minutos, las calles ya estaban inundadas. En este momento sintió el alivio de haber anulado su eucaristía con antelación debido a las previsiones de lluvia.
Su parroquia quedó destrozada. Todos los bancos rotos, los muebles tumbados, las piezas del altar mayor levantadas… La reconstrucción no está siendo sencilla porque zonas como la sacristía se han tenido que rehacer por completo. Sin embargo, en medio del desastre llegaron buenas noticias: ‘Al quitar el techo encontramos unas vigas de madera antiguas. Decidimos dejarlas y la sacristía ha mejorado’.
Todos los vecinos habían perdido algo, no había ninguno que no tuviese un coche roto o un bajo inundado; ‘todos sufrieron la DANA’. ‘Hubo falta de voluntarios, a decenas, para poder limpiarlo todo, pero hubo mucha colaboración para ayudarnos’, afirma el párroco. Una vez la parroquia quedó limpia aunque no restaurada, se encontró un nuevo propósito y se habilitó un lugar para repartir comida, víveres y productos básicos.
Mora nos cuenta que su primera misa dominical fue a finales de noviembre, le emocionó mucho, y fue momento para hablar a su feligresía: ‘Confiad en el Señor’. Aunque fue una misa ‘agridulce’ debido al estado de la parroquia, fue ilusionante porque volvía a estar abierta para el público.
Desde que ocurriera la DANA los vecinos han decidido prevenir y hay casas donde se han montado unas tablas en las puertas, las cuales, al detectar una inundación, se encajan y no dejan que pase el agua, y también han comprado escaleras plegables o de aluminio que suben directamente a la terraza.
Reconstruir la fe tras la DANA no ha sido fácil. Muchos vecinos han perdido familiares y viven el duelo e incluso están enfadados con Dios. David explica que para recuperarla se necesita cercanía, cariño y las palabras adecuadas para consolar. ‘No va a ser fácil, pero confiando en el Señor, todo se puede hacer porque para Dios, nada es imposible’, afirma. Asimismo, asegura que su parroquia necesita mucho la presencia del Espíritu Santo y mucha fortaleza en el Señor, así como que cada vez -más gente- se implique en ella.
Su consejo para quienes puedan vivir algo parecido es claro: ‘Que no pierdan la esperanza nunca, el Señor no ha desaparecido, Él sigue ahí junto a la Virgen y los Santos’, y para quién lo perdió todo, ‘que se ponga en manos del Señor y de la Virgen, que acuda a todo aquel que pueda ayudarle. Que no se encierre en el pesimismo total, sino que pueda encontrar algo bueno que haga resurgir la esperanza en él’.
