Una entrevista de Alejandro El Guelay y Aitana Domenech / Imágenes: Marta Blanco – PUNTO y COMUNICA
El primer congreso para estudiantes de periodismo: “Punto y Comunica” celebrado, recientemente, en la universidad CEU San Pablo ha reunido a numerosos profesionales de la comunicación y, entre los más destacados, ha estado presente Matías Prats Jr., tercera generación de una de las sagas más reconocidas del periodismo español. Tras su intervención en una de las mesas redondas del evento, atendió a El Rotativo y reflexionó en torno a los principales retos a los que se enfrentan los estudiantes de comunicación en el ecosistema mediático, así como, reconoció lo afortunado que se siente al ejercer una profesión que le alienta cada mañana a seguir narrando la historia.
A lo largo de tu carrera, ¿qué momento consideras que marcó un antes y un después en tu forma de entender el periodismo?
Es una pregunta difícil para empezar. Yo me dedico al deporte y podría mencionar la Eurocopa de España en Ucrania donde estuve trabajando. Sin embargo, me voy a quedar con el Roland Garros y Rafa Nadal. Para mí es un deportista único, no solo por su talento, sino por su esfuerzo, su capacidad de superación, su mentalidad ganadora y su humildad. Tuve la suerte de cubrir ese torneo, verle ganar y ser el primero en entrevistarle a pie de pista. Poder recoger sus primeras impresiones y felicitarle fue algo muy especial. Para mí, Rafa es el mejor deportista de la historia de este país. Aun así, no diría que ese momento cambió mi forma de entender el periodismo. Si tengo que señalar un punto de inflexión elegiría uno en el que yo era espectador: el atentado contra las Torres Gemelas en 2001. Ese día vi a mi padre trabajar en directo durante una situación caótica, sin ponerse nervioso, siendo prudente, riguroso y transmitiendo calma. Fue una lección de periodismo y de vida que me marcó profundamente.
Has trabajado en distintas etapas de la televisión en España. ¿Qué ha cambiado más, la forma de contar o la exigencia del público?
Diría que ha cambiado la forma de contar. Antes, prácticamente, no teníamos competencia: la gente encendía la televisión y se informaba allí. Hoy, a las tres de la tarde, el espectador ya sabe lo que ha pasado porque lo ha visto en redes, ha leído noticias o ha visto vídeos. Eso nos obliga a ser más creativos, más analíticos y originales. Ya no basta con contar lo que ha ocurrido; hay que aportar contexto, un enfoque diferente y evitar ser repetitivos. Ahora la televisión es solo una pieza más dentro de un ecosistema informativo enorme.
¿Crees que, hoy, la credibilidad está en juego? ¿Cómo se puede proteger, especialmente en el directo?
Sí, la credibilidad está en juego. Se protege con experiencia, criterio, prudencia y rodeándote de un buen equipo. También siendo riguroso y evitando caer en la desinformación. Hubo momentos que afectaron mucho a nuestra credibilidad como la época de los escándalos de corrupción o la crisis económica de 2008. En algunos casos fuimos poco rigurosos o no supimos anticiparnos a lo que estaba ocurriendo, y eso generó desconfianza. Sin embargo, creo que poco a poco estamos recuperando esa credibilidad gracias a un ejercicio más responsable del periodismo. También se está recuperando el vínculo con la audiencia que se vio afectado por la cercanía percibida entre periodistas y políticos.
¿Qué lección práctica destacarías para los estudiantes sobre el trabajo en el directo?
La clave es la naturalidad. Hay que contar las cosas con rigor y profesionalidad, pero como se las contarías a tu madre o a un amigo. El espectador quiere entender, no escuchar algo artificial o recargado. Es importante hablar con calma, ser claro, no mentir y transmitir confianza. La gente confía en ti si tú crees en lo que estás contando. Por eso hay que prepararse bien y luego comunicar con sencillez.
Y si cometemos un error en directo, ¿cómo deberíamos reaccionar?
Depende del error. Si es pequeño, muchas veces puedes seguir adelante porque parte de la audiencia ni siquiera se habrá dado cuenta. Pero si es un error importante, hay que corregirlo con naturalidad y humildad. Decir “me he equivocado” y no pasa nada. El público lo entiende y lo perdona. El problema no es equivocarse, sino hacerlo por falta de preparación o por querer ser el primero sin contrastar la información.
A pesar de tu juventud, llevas muchos años en la profesión. ¿Qué te sigue motivando en tu día a día?
Me considero un privilegiado. Presentar un programa en una televisión importante, trabajar con un equipo joven y con energía, cubrir eventos como la Fórmula 1 o la Champions… todo eso hace que disfrute cada día. Además, doy clase en la universidad y participo en la radio. Es una profesión maravillosa: poder contar lo que pasa desde tu punto de vista es un lujo. Valoro mucho la suerte que tengo, y eso es lo que me mantiene motivado.
Muchos estudiantes se enamoran del periodismo, pero durante la carrera pueden desmotivarse. ¿Qué les dirías?
Les diría que sigan dando oportunidades al periodismo. No es un camino fácil ni siempre apasionante, pero todo suma. Incluso lo que hoy parece aburrido puede ser útil en el futuro. Es importante tener una buena actitud, aprovechar a los profesores y aprender de todo: historia, geografía, contexto… Un buen periodista debe ser polivalente. También les animaría a crear relaciones con sus compañeros, porque serán sus colegas en el futuro. Y, sobre todo, a disfrutar de la carrera. Merece la pena.
