Una entrevista de Alejandra Carrillo / Imagen: Planeta – Javier Ocaña
Tras el éxito de El guardián de la marea y El maestro de azúcar, Mayte Uceda regresa a las librerías con una nueva novela ambientada en los convulsos años de la Segunda República, Los Amores Paralelos. En esta ocasión, la autora sitúa el foco en dos hermanas de buena familia cuya vida cambia para siempre cuando el amor y la revolución irrumpen en su mundo ordenado. Con una narrativa que combina la reconstrucción histórica con la emoción íntima de los personajes, Uceda explora la fractura social, la lealtad familiar y el peso de las decisiones tomadas en tiempos extremos.
¿Cómo nació la idea de esta nueva novela?
Surgió de una inquietud muy profunda por entender aquel periodo histórico. Siempre me ha interesado la Segunda República y, especialmente, el clima social que se respiraba en esos años. Me preguntaba cómo afectaba esa tensión política no solo a quienes estaban en primera línea del conflicto, sino también a familias que, en apariencia, vivían al margen de todo. A partir de ahí aparecieron las dos hermanas. Me interesaba observar cómo un mismo entorno puede dar lugar a miradas distintas sobre la realidad.
La historia arranca en una ciudad de provincias aparentemente tranquila. ¿Por qué elegir ese escenario?
Precisamente por ese contraste. Me parecía muy potente situar el inicio en un espacio cotidiano, casi apacible, donde la vida transcurre entre paseos, confidencias y proyectos de futuro. Esa normalidad hace que el estallido posterior resulte más doloroso. Las revoluciones no solo suceden en los grandes centros de poder; también irrumpen en lugares donde nadie cree que algo así pueda cambiarlo todo.
El eje de la novela es el vínculo entre las dos hermanas. ¿Qué quería explorar a través de ellas?
La relación entre hermanas tiene una intensidad muy particular. Comparten educación, recuerdos, afectos… pero también rivalidades silenciosas. Quería hablar de esa complicidad inicial y de cómo las circunstancias pueden erosionarla. Cuando cada una se enamora de hombres situados en extremos sociales distintos, empiezan a abrirse pequeñas grietas. Lo interesante es que esas grietas no nacen del odio, sino de decisiones personales que, poco a poco, las enfrentan a realidades opuestas.
El amor es el detonante del conflicto. ¿Era importante que el choque fuera también emocional?
Sí, porque el amor es una fuerza que atraviesa cualquier contexto histórico. No quería que la ideología apareciera como algo abstracto, sino encarnada en relaciones concretas. Cuando te enamoras, no eliges el momento histórico que te toca vivir, pero sí debes asumir sus consecuencias. Las decisiones sentimentales de las protagonistas terminan teniendo un impacto político y social que ellas no habían previsto.
Su novela vuelve a sumergirse en un periodo histórico complejo. ¿Cómo afronta el proceso de documentación?
Con mucho respeto y paciencia. Para mí es esencial entender el contexto antes de empezar a escribir. No solo los hechos, sino la vida cotidiana: cómo se hablaba, cómo se vestía la gente, qué preocupaciones tenía. Necesito sentir que los personajes caminan por un mundo sólido. Solo así puedo permitir que la ficción respire con naturalidad.

La revolución obrera ocupa un lugar central en la trama. ¿Cómo abordó ese episodio sin juzgarlo?
Intenté mantenerme al margen como autora. Los personajes son quienes defienden sus ideas y viven las consecuencias. Mi papel era mostrar las distintas perspectivas con honestidad. Cuando uno escribe sobre momentos de gran polarización, es fácil inclinar la balanza, pero me interesaba reflejar la complejidad humana más que dictar una sentencia.
El rencor entre las hermanas se convierte en una herida que atraviesa los años. ¿Qué le atraía de ese conflicto?
Me interesaba la idea de que las decisiones tomadas en momentos límite pueden marcar una vida entera. A veces no es un gran gesto lo que rompe una relación, sino una suma de silencios, de malentendidos, de orgullo. El rencor tiene una capacidad enorme para enquistarse si no se enfrenta. Y eso era algo que quería explorar con profundidad.
¿Con qué le gustaría que se quedaran los lectores tras la lectura de esta historia?
Me gustaría que reflexionaran sobre el poder de la memoria. Recordar puede ser un acto de justicia y también de reconciliación, pero depende de cómo lo hagamos. Si la memoria se utiliza para comprender, puede sanar. Si se utiliza para alimentar el resentimiento, puede prolongar el dolor indefinidamente.
Después de sus anteriores novelas, ¿ha supuesto este nuevo trabajo un desafío nuevo y diferente?
Cada libro es un desafío diferente. En este caso, he sentido que me adentraba en una historia más íntima, aunque el contexto sea amplio y convulso. Hay algo muy emocional en esta novela que me ha acompañado durante todo el proceso. Ha sido un viaje exigente, pero también muy revelador.
Con la actual ola de adaptaciones al mundo audiovisual, ¿le gustaría ver su novela en la gran pantalla o plataformas multimedia?
Me gustaría verlas todas. Pero esta sería muy especial por el contexto asturiano y la cercanía emocional. Sería maravilloso.





