Residente de cuarto año de Pediatría y sus Áreas Específicas en el Hospital General Universitario de Castellón. Andrea Nos, alumni de Medicina del CEU, comparte en esta entrevista su experiencia durante la pandemia. Pero, a pesar de la soledad, el miedo y la incertidumbre, está convencida de que ejerce la especialidad más bonita del mundo.

Han pasado solo tres meses, pero nos ha cambiado totalmente la vida. Antes de estallar la crisis sanitaria, ¿cómo era tu residencia?

Sí. Estaba realizando una rotación optativa en la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil, en el Hospital Provincial de Castellón, para complementar mi formación.

Mi función era pasar visita, junto al psiquiatra con el que estaba rotando, de los menores ingresados que sufren algún tipo de patología mental y que han fracasado con otro tipo de tratamiento en el ámbito ambulatorio. También había pacientes graves con trastornos alimentarios.

Una experiencia corta…

Sí. Realmente breve, de aproximadamente 5-6 días, puesto que la segunda semana de rotación, el médico adjunto con el que estaba rotando presentó sintomatología respiratoria y se confirmó que era positivo en COVID-19 en las siguientes 24-48 horas.

Al haber estado en contacto estrecho con un paciente sintomático que había dado positivo en la PCR, tuve que estar aislada hasta que me realizaron la prueba, ya que presenté leve sintomatología respiratoria.

‘A los padres que no se no se atreven a llevar a sus hijos a Urgencias cuando es necesario, les diría que actualmente los hospitales son uno de los sitios más seguros’

¿Sentiste miedo?

Sí. Cuando me dijeron que el médico adjunto había dado positivo se me cayó el mundo encima… me sentí muy asustada, con miedo a lo que me pudiera pasar ante una situación desconocida e impensable hacía unas semanas, y sola… puesto que no podría ver a mi familia durante bastante tiempo, debido al riesgo de contagiarlos.

Afortunadamente no te contagiaste. ¿Cuáles fueron tu destino y cometidos a partir de la declaración del estado de alarma?

Todos los permisos de las rotaciones externas fueron cancelados y tuve que volver a mi hospital de referencia para cubrir los servicios mínimos.

Durante estos tres meses mi destino ha sido el servicio de Urgencias. Hemos tenido que adaptarnos a la situación, modificando horarios para evitar contagio entre los profesionales sanitarios e instalar el servicio de Urgencias Pediátricas en otra parte del hospital.

Como en otros hospitales, ¿habéis notado una reducción de ingresos en urgencias pediátricas durante la pandemia?

Sí. Igual que se notó en las consultas en Pediatría y en centros sanitarios.

¿A qué lo achacas?

En este hecho han influido varios aspectos. Por un lado, el cierre de los centros educativos, motivo por el cual disminuye significativamente el contagio de múltiples enfermedades infecciosas, como los virus.

Por otro, muchos padres han evitado acudir al hospital por miedo a contagiarse ellos o sus hijos. Y esto confirma que gran parte de las consultas en Urgencias Pediátricas son precoces e innecesarias. 

Pero, al mismo tiempo, cuando se trata de una urgencia real es peligroso no acudir al hospital por miedo al contagio. En estos casos, ¿qué les dirías a los padres?

Por supuesto. Les diría que actualmente los hospitales son uno de los sitios más seguros, puesto que el personal sanitario está muy concienciado al respecto.

Vamos todos con mascarilla y constantemente realizamos un buen lavado de manos. Hemos dividido las Urgencias en dos espacios, uno para pacientes con sospecha de COVID-19 y otro para pacientes no sospechosos, para evitar contagios.

Además, cada vez que visitamos a un paciente sospechoso nos equipamos con el equipo de protección individual.

¿Cuándo crees que se volverá a la normalidad en Pediatría? La desescalada tiene que notarse…

Sí. Estos días hemos reiniciado las consultas externas y retomado las sesiones del servicio por las mañanas, que hasta ahora se habían suspendido.

Es una labor complicada, teniendo en cuenta además que en cualquier momento puede haber un rebrote.

La vuelta a la normalidad será lenta y complicada. Al haberse paralizado la asistencia durante casi tres meses, las listas de espera han crecido aún más, a pesar de que se han realizado muchas consultas telefónicas.

En el caso de las consultas externas, se extremarán las medidas de precaución y se citará a los pacientes cada 30 minutos.

‘La pandemia me ha servido para reafirmarme en que la familia es lo más importante para mí, un pilar fundamental en mi vida’

¿Prevés masificación?

Sí, tanto en las consultas externas hospitalarias como en atención primaria, puesto que muchos niños tienen pendientes las revisiones de salud y la vacunación. 

Centrémonos en tu vivencia. ¿Qué enseñanzas te está trasladando esta crisis sanitaria?

La pandemia me ha aportado muchas cosas, tanto a nivel profesional como personal. Adaptarse a esta nueva situación ha sido extraño y difícil.

Extraño, porque estamos ante una situación desconocida y nueva para todos, sin precedentes.

Difícil, porque hemos tenido que afrontarla con un déficit de material de protección en la etapa inicial de la epidemia, que afortunadamente ya está resuelto.

Esta situación ha generado un gran estrés entre los profesionales sanitarios. Además, debido al retraso de la incorporación de los nuevos residentes en septiembre, en verano tendremos que realizar hasta siete guardias mensuales para cubrir la falta de personal. 

No ha terminado vuestro sobreesfuerzo… ¿Y en el plano personal?

Me ha servido para reafirmarme en que la familia es lo más importante para mí, un pilar fundamental en mi vida.

Llevo más de tres meses sin poder visitar a las personas que más quiero, debido a que viven en otra Comunidad Autónoma. Es realmente duro no poder ver a tus seres queridos, sobre todo cuando no puedes salir de casa y ante la situación de incertidumbre que nos rodea.

Mi sentimiento más presente durante estos meses ha sido la soledad. Vas a trabajar, con un estrés intenso por el miedo al contagio, porque además has visto que también ha fallecido gente de 30 años, y cuando vuelves a casa estás sola, sin poder salir, confinada entre cuatro paredes, día tras día… Los primeros días son más fáciles, pero cuando llevas casi 60 días en la misma situación… ¡las horas no pasan!

Además has tenido que renunciar a una rotación muy importante… 

Sí. Iba a hacer una rotación externa en septiembre y octubre en la Unidad de Infectología del Hospital del Niño en Panamá. Tendré que adaptarme y pensar en otras opciones.

No obstante, lo pienso fríamente y ojalá esta rotación sea lo único que se lleve el SARS-CoV-2 de mi vida.

Hasta ahora doy las gracias porque soy muy, muy afortunada de que mis seres queridos estén bien.

Desde luego. Andrea, ¿qué lecciones crees que debemos extraer todos de esta situación extraordinaria?

Creo que ha mostrado la mejor y la peor parte de nuestra sociedad. Supongo que no acabamos de ser conscientes de que en España han fallecido casi 30.000 personas (que, evidentemente, serán muchas más) porque no hemos palpado con nuestra propia piel lo que se siente cuando fallece tu hermano, tu padre o tu abuelo, en el hospital, completamente solo y sin poderse despedir de nadie.

Hemos podido ver la deshumanización de la gente diariamente, cuando a las siete de la tarde ponía música y se olvidaba de que quizás alguien en el piso de enfrente tenía un familiar enfermo, o con propaganda constante tipo ‘un día más un día menos’, olvidándose de todos los muertos. Para algunos el coronavirus ha existido solo cuando apetecía poner la televisión; y para otros, en cambio, ha sido el punto final de su vida.

‘Creo que esta situación extraordinaria ha mostrado la mejor y la peor parte de nuestra sociedad’

¿No te parecen bien los aplausos?

Estoy a favor de aplaudir y mantener la moral, pero ha fallecido muchísima gente. El 11-M fueron 193 y se conmocionó un país; y el 11-S quedaron sepultados 2.993 y se paró el mundo. En 2019 fallecieron en España 1.098 personas en accidentes de tráfico y lloramos, con razón, por cada uno de ellos.

Pero ahora, llevamos al menos 30 veces más muertos… Por eso, la lección más importante que he aprendido, y que recomiendo que interiorice todo el mundo, es dar las gracias diariamente por todo lo que tenemos, en especial por los seres queridos que nos rodean. 

¿Eres optimista respecto al futuro?

Si te soy sincera no sé qué nos depara el futuro. Estamos ante un virus desconocido que no sabemos si perderá virulencia, si la mantendrá, si se convertirá en algo estacional, si habrá un rebrote… Desde mi punto de vista nadie lo sabe con seguridad.

Lo que sí puedo afirmar es que la vida nos ha cambiado completamente, al menos hasta que tengamos una vacuna efectiva. Tendremos que adaptarnos progresivamente a esta nueva situación, aceptar los cambios producidos en nuestra vida y valorar los momentos que compartamos con nuestros seres queridos. 

Andrea cuenta que Medipinas supuso un aprendizaje único, en el ámbito médico y personal

Hablemos de vocación. ¿Siempre quisiste ser médica?

Sí. Me considero una médica vocacional. Cuando acabé bachillerato, Medicina era mi primera opción, pero, pensando que la nota no me llegaría, opté por Veterinaria.

Ese año iba a iniciarse el Grado de Medicina en la Universidad CEU Cardenal Herrera, así que decidí presentarme a la prueba de admisión. Fue una oportunidad que me dio la vida. Decidí aceptar, y no puedo estar más orgullosa de ello, puesto que actualmente ejerzo la profesión más bonita del mundo.

¿Cumplió el CEU tus expectativas?

Sí. Valoro muy positivamente la formación recibida en el CEU, tanto a nivel académico como personal.

Desde que inicié la residencia en Pediatría me di cuenta de lo bien que nos habían preparado, especialmente a nivel práctico. En más de una ocasión me han dado la enhorabuena, destacando lo bien que realizaba las anamnesis a los pacientes o familias, y en cuanto a las exposiciones orales.

Algo que me gustaría destacar, puesto que creo que diferencia nuestra universidad del resto, son los valores éticos y religiosos que te inculcan: la educación, saber estar, las oportunidades de crecer y mejorar como persona.

La formación académica es muy importante, pero la personal aún lo es más. En esta universidad no eres un número, sino una persona. Agradezco muchísimo la labor de los profesores y su trato tan cercano.

‘La formación académica es muy importante, pero la personal aún lo es más. En el CEU no eres un número’

Una formación en valores que tuviste la oportunidad de reforzar durante la misión humanitaria Medipinas.

Sí, fue una oportunidad que me ofreció la universidad, que marcó un antes y un después en mi vida.

Ha sido la experiencia más dura de mi vida, pero a la vez más gratificante. En ese viaje pude mejorar mis conocimientos y reafirmar mi vocación por nuestra profesión. Pero también pude conocerme un poco mejor y ver con mis propios ojos que existe una realidad de este mundo muy diferente a la que estamos acostumbrados. La parte más gratificante fue poder ayudar a la gente más necesitada y aprender a valorar lo que tenemos, porque, aunque en muchas ocasiones no somos conscientes, somos muy afortunados y tenemos mucho que agradecer.

Sin duda. ¿Esa formación te ha sido útil para luchar con la pandemia?

Sí que me he sentido preparada para afrontar a esta situación en el plano médico. Sin embargo, creo que a nivel anímico acabará pasándonos factura. No estábamos, ni estamos preparados ninguno para enfrentarnos a tantos cambios, tanto estrés, y tan lejos de nuestra familia.

Junto a sus compañeros de misión humanitaria, en Filipinas

Ese sacrificio arranca ya desde la carrera…

Sí. Se trata de un largo y duro camino. Seis años dedicados casi exclusivamente a estudiar, uno o dos años de oposición del MIR (si todo va bien…), y luego cuatro o cinco para especializarte. Durante todo este tiempo tu vida social se reduce significativamente, sobre todo durante la etapa de preparación del MIR… No disfrutas de la Navidad ninguno de esos años porque a la vuelta de vacaciones tienes los exámenes finales, y siempre que tus amigos quedan tú tienes que estudiar…

¿Te suena verdad? Pues sí, estudiar Medicina es muy sacrificado y las condiciones laborales que nos esperan no son especialmente favorables.

Sin embargo, finalmente, todo sacrificio y esfuerzo tiene su recompensa. Por ejemplo, cuando inicié mi preparación MIR, mi primer simulacro fue desastroso… ¡Estaba por debajo del percentil 10! Sin embargo, me puse las pilas y me dediqué en cuerpo y alma a prepararme ese examen, quedé entre los tres mil primeros puestos y elegí la plaza que quería en la ciudad que quería.

‘El esfuerzo ha merecido la pena. Me siento muy feliz ejerciendo la pediatría: una de las profesiones más bonitas y gratificantes’

¿Entonces ha merecido la pena?

Por supuesto. Me siento muy feliz ejerciendo la pediatría.

Desde mi punto de vista es una de las profesiones más bonitas, gratificantes y satisfactorias de la medicina.

La sonrisa de un niño te hace crecer como persona y como profesional, incentivándote a estudiar, aprender y mejorar como pediatra.  

Cuando esto acabe… ¿qué es lo primero que harás?

Lo que más ilusión me hace es poder reencontrarme con mi familia y amigos. Como te decía son casi tres meses sin poder ver a mis padres, mi hermano, mi abuela… Y me hacen mucha falta.

Insisto a los que nos lean: tenemos que disfrutar de los pequeños momentos, valorar cada día que pasa y agradecer todo lo que tenemos, en especial nuestros seres queridos.

Muchas gracias, Andrea. Ojalá ese reencuentro se produzca pronto

A vosotros.

Andrea Nos forma parte de una promoción histórica: la primera de Medicina de la CEU UCH