Hoy en día disponemos de una gran variedad de cuentos y libros para acompañar cada etapa de la vida de nuestros hijos y hacer de su proceso madurativo un viaje de autoconocimiento y bienestar. Nos lo cuenta Carmen Muñoz Herrera, profesora e investigadora de los Grados en Educación Infantil y Educación Primaria en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Castellón

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
 Cuando, al saludarnos, alguien nos pregunta “¿qué tal?”, la respuesta inmediata suele ser “¡bien!”. Y con ella queda zanjada una situación cordial que resolvemos, en ocasiones, de forma artificial. De hecho, no siempre suele ser esta la realidad de quien responde, sino que, por el contrario, existen aspectos de la vida que no están tan bien. Por eso, más allá de la cortesía y la educación, cabe preguntarnos cómo estamos realmente.
Si evitamos una respuesta profunda para no reparar en lo negativo, dejamos de afrontar los posibles obstáculos que se nos presentan. Por otra parte, si ponemos demasiado el foco en ellos, estos posibles obstáculos acaban consumiendo nuestra energía y nos crean más confusión. Entonces, ¿qué respuesta damos, y nos damos, a esa pregunta cuando tenemos una vida cotidiana muy demandante y exigente en casi todos los aspectos que la componen (familiares, laborales, económicos, sociales…)?
«Una sociedad que cultiva los valores a través de la lectura y de las experiencias humanas auténticas goza de mejor salud que aquella que solo consume artificialidad», recuerda la profesora Muñoz.
La vida es así es el título de uno de los cuentos que recomiendo a las familias para leer con los niños que empiezan a conocer la realidad y que deben entenderla para poder adaptarse a sus circunstancias. Si los niños no saben leer, podemos aprovechar para leerles el cuento nosotros y crear ese momento de calidad con ellos. Y si ya saben, podemos aprovechar para comentarlo y tratar de encontrar ejemplos de la narración en sus vidas.
Una cuestión de actitud
Aprender a disfrutar los buenos y malos momentos con una mirada abierta y comprensiva nos ayuda a restar importancia a los problemas que surgen, a la vez que nos permite saborear mejor los buenos, que también los hay. No hay mejor evidencia de que el pronóstico de una situación crítica mejora cuando se afronta con una actitud positiva. Cuidado, no digo ingenua, sino consciente de que, a pesar de lo malo, también hay lo bueno.

‘Aprender a disfrutar los buenos y malos momentos con una mirada abierta y comprensiva nos ayuda a restar importancia a los problemas que surgen’

En la tradición y en muchas de las leyendas y cuentos heredados de la literatura universal, encontramos que las enseñanzas vienen de los “viejos sabios” que, con una experiencia de vida te ayudan a ver lo esencial.
Un ejemplo es la historia del anillo del rey: Hubo un rey que pidió a los sabios de su reino una frase corta que lo consolara en la peor tristeza y lo moderara en la máxima alegría. Nadie lograba resolver dicha cuestión, hasta que un anciano ofreció al rey un anillo que llevaba una inscripción con tan solo tres palabras: “esto también pasará”. Y así fue como este rey pudo observar que, en los peores momentos, su calma se encontraba en aquella frase, al tiempo que sus mejores logros y éxitos iban siempre acompañados de la humildad que transmitía aquella enseñanza.

Foto de Aaron Burden en Unsplash
Hoy en día disponemos de una gran variedad de cuentos y libros para acompañar cada etapa de la vida de nuestros hijos y hacer de su proceso madurativo un viaje de autoconocimiento y bienestar.
Una sociedad que cultiva los valores a través de la lectura y de las experiencias humanas auténticas goza de mejor salud que aquella que solo consume artificialidad.
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