La primera promoción del Diploma de Empleabilidad del CEU de Elche se gradúa tras completar una formación en comunicación, liderazgo, inglés profesional, digitalización, inteligencia artificial y compromiso social

Hay aprendizajes que no siempre se reflejan en una nota, pero que pueden resultar decisivos cuando un estudiante empieza a construir su futuro profesional. Saber comunicar una idea, trabajar en equipo, preparar una entrevista, liderar un proyecto, utilizar herramientas digitales con criterio o reconocer el valor del compromiso social son competencias que acompañan cada vez más el acceso al empleo. Con esa idea de fondo, el CEU de Elche ha graduado este curso académico 2025-2026 a la primera promoción del Diploma Universitario de Experto en Desarrollo Personal y Profesional para la Empleabilidad, un título propio complementario, gratuito e integrado en el horario académico durante los dos primeros cursos de grado.

El programa nace para que los estudiantes no esperen al último año de carrera para empezar a pensar en su perfil profesional. La empleabilidad, en este caso, no se plantea como una preocupación final, sino como un proceso que comienza desde primero y que acompaña al alumnado durante su recorrido universitario. En esta sentido, el vicerrector del CEU en Elche, Álvaro Antón, sitúa esta iniciativa en un contexto laboral cada vez más exigente. Según explica, la universidad debe ayudar al estudiante a adquirir conocimientos, pero también a reconocer, desarrollar y acreditar otras capacidades. “La empleabilidad no puede empezar a trabajarse en el último curso. Debe formar parte del recorrido universitario desde primero”, señala.

Prepararse para el futuro desde el inicio del grado

El Diploma responde a una pregunta habitual entre quienes comienzan la universidad: cómo prepararse para el mundo profesional cuando todavía se está dando el primer paso en la carrera. Su planteamiento no consiste en sumar una formación ajena al grado, sino en integrar competencias personales, profesionales y digitales dentro de la propia experiencia universitaria.

Para el coordinador del título, el profesor Jesús Martínez Gandía, una de las claves está en ayudar al alumnado a ordenar habilidades que muchas veces aparecen dispersas. “Un estudiante puede tener talento, iniciativa o capacidad de liderazgo, pero necesita aprender a identificar esas competencias, desarrollarlas y comunicarlas con rigor cuando llegue el momento de buscar prácticas o empleo”, afirma.

Por eso, el programa trabaja contenidos como organización del tiempo, técnicas de estudio, comunicación oral, liderazgo, trabajo en equipo, elaboración del currículum, preparación de entrevistas, marca personal y emprendimiento. Son aprendizajes útiles durante la carrera, pero también en los primeros contactos con el entorno profesional. Antón insiste en que estas competencias no deben entenderse como algo secundario. A su juicio, forman parte de una preparación universitaria más completa, porque permiten que el estudiante afronte con mayor seguridad las decisiones académicas y profesionales que irá tomando a lo largo del grado.

Inglés profesional, digitalización e inteligencia artificial

El Diploma se estructura en distintas áreas formativas que combinan desarrollo personal, preparación profesional y dimensión humanista. Uno de sus bloques se centra en la competencia comunicativa en inglés aplicada a contextos profesionales, con presentaciones, simulaciones de entrevistas y vocabulario específico vinculado a cada titulación. Otro de los módulos aborda la digitalización y la inteligencia artificial. El objetivo no es solo familiarizar al alumnado con nuevas herramientas tecnológicas, sino enseñar a utilizarlas con criterio en función de su futuro ámbito profesional. En un mercado en el que la IA ya forma parte de numerosos sectores, esta formación permite que los estudiantes incorporen estas herramientas sin perder capacidad crítica.

Junto a esa vertiente técnica, el título incluye también formación cultural y social. La lectura y el debate de grandes obras conviven con el módulo de Acción Socio-Caritativa, Voluntariado y Solidaridad, orientado a que los estudiantes conozcan otras realidades y reflexionen sobre el impacto social de su futura profesión. Para Antón, esta parte es esencial porque “la empleabilidad no puede reducirse a saber superar procesos de selección; también tiene que ver con la madurez, la responsabilidad y la forma de situarse ante los demás”. En esa misma línea, Martínez Gandía destaca que el programa no busca únicamente preparar candidatos más competitivos, sino universitarios capaces de comprender mejor el entorno en el que van a trabajar.

Hacer visible lo que también se aprende

Uno de los elementos diferenciales del Diploma es el sistema de microcredenciales digitales. A través de insignias verificables, los estudiantes pueden acreditar competencias concretas e incorporarlas a su currículum, a LinkedIn o a un porfolio profesional. La idea es sencilla: no basta con afirmar que se sabe comunicar, liderar o trabajar en equipo; conviene poder mostrar qué formación se ha recibido y qué habilidades se han desarrollado.

Según Antón, estas microcredenciales ayudan a hacer visibles aprendizajes que tradicionalmente quedaban diluidos dentro de la experiencia universitaria. También permiten al estudiante construir de forma progresiva una identidad profesional más completa, en la que el grado se complementa con competencias transversales, digitales, lingüísticas y sociales. Tras completar los dos años del Diploma, los alumnos pueden acceder además a un programa de mentoría profesional en la última etapa de sus estudios. Este acompañamiento les ayuda a definir su estrategia de inserción laboral, preparar entrevistas, revisar su perfil y establecer contacto con el entorno profesional.

Y eso es lo que van a experimentar la primera promoción en Elche. Porque, según Martínez Gandía, «este título permite comprobar el primer recorrido completo de una iniciativa pensada para anticipar una pregunta que muchos estudiantes se hacen demasiado tarde: cómo empezar a construir un perfil profesional sólido antes de terminar la carrera». Un argumento que el vicerrector traslada a partir de una idea sencilla: «El expediente académico importa, pero no siempre cuenta todo lo que un estudiante aprende durante su paso por la universidad. También cuentan las competencias que adquiere, las experiencias que vive, las herramientas que incorpora y la forma en que aprende a presentarse ante el mundo profesional».

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